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Panamá y los 50 años de la Revolución Cubana

Por Euclides Fuentes Arroyo

El 31 de diciembre de 1959, a medianoche, mientras en nuestro país y el mundo entero se celebraba el advenimiento de un nuevo año, en La Habana, Cuba, Fulgencio Batista y su élite de oligarcas, nuevos ricos, esbirros y mafiosos, ponían pies en polvorosa al conocerse el triunfo del ejército rebelde comandado por Fidel Castro desde la Sierra Maestra hasta los llanos de la isla y su inevitable llegada a la capital. Se trató del inicio, no de un simple cambio de figuritas en la cúpula del poder, sino del arranque victorioso de lo que algunos han llamado un proyecto encaminado al logro de la justicia social, que anhela el común de los mortales que cree firmemente en el derecho al bienestar de la humanidad.

Desplazada del poder una casta que impuso una férrea dictadura cuya secuela represiva se materializó en centenares de miles de muertos y en un cuadro generalizado de opresión y miseria que golpeaba a las mayorías, el pueblo cubano cerró filas junto al grupo de jóvenes revolucionarios aglutinados en el Movimiento 26 de julio y así en unión con las fuerzas sociales se emprendió un largo camino de lucha, trabajo y sacrificio frente a la voracidad imperial de los Estados Unidos, que, desde el primer momento que Cuba recobrara su libertad, su soberanía y autodeterminación, ha tratado con los más brutales métodos de borrar su existencia.

Las medidas tomadas por la Revolución, frente a las empresas transnacionales estadounidenses, al decretar su expropiación y poner los recursos a favor de las mayorías populares, fue uno de los factores que originaron no solamente el bloqueo económico, sino toda una política de agresiones y atentados contra la vida de los dirigentes, funcionarios y diplomáticos del gobierno, siendo el propio Líder máximo de la Revolución, el Dr. Fidel Castro Ruz, el principal blanco de sus más de 600 intentos de asesinato.

Pese a esa constante mantenida por los distintos gobiernos que se han sucedido en la Casa Blanca, la marcha revolucionaria en estos cincuenta años, no se ha detenido ni un momento. Todo lo contrario, pareciera que de cada golpe propinado por el imperio, renace la vitalidad y Cuba muestra hoy, con cifras reconocidas por los organismos especializados de las Naciones Unidas, los más altos índices de logros en materia de salud y educación que ya quisieran para sí algunos de los países más desarrollados del Mundo.

Ni los mismos Estados Unidos, con toda su riqueza, posee un sistema de becas para estudios de Medicina que permite la educación de profesionales de esa rama tanto en Cuba como en países del Tercer Mundo, incluido el nuestro, Panamá, y que, paradójicamente, también alcanza a jóvenes estadounidenses que en su propio país no pueden recibirse de médicos porque es una carrera inaccesible para la gente pobre.

Es que la Revolución Cubana no ha sido únicamente un fenómeno socio-político de los cubanos, por los cubanos y para los cubanos, sino que la mentalidad internacionalista de sus conductores ha traspasado sus fronteras para que esa lucha, por la verdadera liberación e independencia, como fue el caso del apoyo a las pueblos africanos y, es, igualmente, el impulso a la alfabetización y a la salud visual de nuestros conciudadanos a través de la Operación Milagro, se concrete.

En 1974 la visual de un compatriota , el General Omar Torrijos Herrera, que hizo de su carisma y liderazgo un medio para procurar la superación y el progreso de los desposeídos de su tierra natal, tal como lo había advertido poco tiempo antes, reestableció las relaciones diplomáticas con Cuba para normalizar los lazos fraternales que siempre han unido a nuestros dos pueblos.”Cada minuto de bloqueo a Cuba son 60 segundos de vergüenza hemisférica”, sentenció Omar cuando el Consejo de Seguridad de la ONU, se reunió en la capital panameña en 1973. Se borró así la ignominia, la abyección y el servilismo que dos décadas anteriores en Punta del Este, Uruguay, proclamaron quienes, genuflexos ante el Tío Sam, permitieron sumar al bloqueo a casi todos los gobiernos del continente.

De las relaciones con Cuba nuestros pueblos de América Latina derivan intercambios y beneficio en salud, educación, cultura y deportes. Panamá retomó ese contacto con los más distinguidos exponentes de su creación artística. Delegaciones culturales y deportivas han permitido que ambos países disfruten de las presentaciones que tanto agradan a nuestra gente. Los cubanos bailan y gozan al compás de nuestros cantos, música y bailes, y los panameños gozamos y bailamos con la décima guajira, la trova y el son cubanos.

Además del intercambio cultural, el deporte panameño gana con la experiencia que aportan a nuestros atletas, los instructores isleños, gracias al convenio que desde hace años mantienen los institutos de deportes de nuestros dos países.

El programa de becas para estudiantes de Medicina y para graduados de Educación Física atrae a talentosos panameños a formarse en estas y otras disciplinas en los planteles de educación superior de la isla, sin que ello implique que elementos humildes de la ciudad y del campo tengan que pagar suma alguna..

Pero lo más importante aún es que, en todo tiempo, por difícil que sea, la mano generosa, solidaria, amiga y sobre todo humana, de los dirigentes y pueblo revolucionario de Cuba, está tendida para estrechar fraternalmente al pueblo panameño. Así consta en los anales de la historia reciente cuando desde la tierra de José Martí sentimos el apoyo moral durante la invasión genocida del diabólico Bush padre, y en los sucesivos foros internacionales donde Panamá ha precisado el compromiso solidario de los gobiernos hermanos y amigos. Eso fue así con el decisivo apoyo del Movimiento de Países No Alineados, varias veces liderado por Cuba, en nuestra lucha por la recuperación del Canal.

Cuba colabora en más de 20 países de América Latina y Africa en campañas de alfabetización con el método cubano “Yo sí puedo”, premiado dos veces por la UNESCO. Solamente en Panamá, en un año y medio se han alfabetizado a 34,100 panameños con más de 12,700 recibiendo clases, y se persigue el objetivo de declarar a nuestro país, por primera vez en su historia, territorio libre de analfabetismo en el 2,009, bajo la supervisión de la UNESCO.

La Operación Milagro está presente en más de 25 países y sólo en Panamá se han operado quirúrgicamente un total de 32,954 panameños humildes de enfermedades curables como cataratas, terigio, ptosis parpebral y más recientemente operaciones de retina y glaucoma; inicialmente fueron operadas en Cuba en el 2006 5,200 personas y luego otras 27 754 en el Centro Oftalmológico “Omar Torrijos” con sede en el Hospital “Chicho” Fábrega, de Santiago de Veraguas.

Debiera darles vergüenza, a quienes difaman a la Cuba Revolucionaria desde posiciones ultraderechistas, que ese país y ese pueblo agredido permanentemente, durante medio siglo, por el gobierno de los Estados Unidos, con una economía maltrecha a causa de esa injusta persecución y a los fenómenos con que la naturaleza golpea anualmente su geografía, se de el lujo de prestar sus escasos recursos en una misión de cooperación internacional que les permite compartir lo poco que poseen en divisas para educar, sin pedir nada a cambio, a estudiantes de países hermanos.

Es justo ponderar que los paradigmas de establecer normas éticas y de gran sensibilidad hacia nuestros semejantes, ha sido producto de una orientación emanada del Comandante Fidel Castro, quien despojándose de egoísmos abandonó las comodidades de su condición social para hermanarse con su pueblo y ganarse el respeto de quienes, sin subjetivismos, ni intereses de clase, construyó junto a sus compañeros todo lo grande que representa en nuestra historia latinoamericana la gloriosa Revolución Cubana. Con sus fallas y sus aciertos, nadie con dos dedos de frente, puede negar que hoy, después de 50 años, mientras en la Perla de las Antillas las principales aspiraciones de los desheredados de fortuna de este continente, han satisfecho sus más elementales necesidades como lo son la salud y la educación, por añadidura gratuitamente sufragadas por un Estado responsable. Mientras en nuestros pueblos, donde los políticos oportunistas se inflaman petulantes al hablar de democracia, la medicina y la educación se han convertido en una mercancía más en donde les está prohibido a los pobres hasta morirse porque les cuesta mucho más que seguir viviendo, en Cuba no se puede especular con los medicamentos, hospitales o planteles educativos, para lucrar con esos derechos elementales del ser humano.

Reflexionar sobre estas necesidades no resueltas para quienes vemos desde la distancia el avance social del pueblo cubano, es un reto tácito que la hora actual demanda de quienes se lanzan a la arena política con aspiraciones electorales. Nadie pide a quienes se agitan en estos menesteres copiar el modelo cubano, porque para hacer la Revolución hay que sentir, pensar y obrar revolucionariamente. Pero lo menos que podemos exigirles es que, a nombre de las aspiraciones populares, no sigan engañando a las mayorías, con promesas que se aparten del compromiso de hacer el intento por superar las condiciones que no han podido alcanzar lo que hace medio siglo, sin rodeos y con voluntad firme, ha obtenido la isla pese a ese bloqueo criminal, inescrupuloso e inhumano impuesto por la potencia imperial a nuestros hermanos; allí está el asunto.

Cuando se hable de honestidad, dignidad y autoridad moral frente al abuso de los poderosos, y cuando se hable del amor al prójimo hay que contar con las enseñanzas que en ese terreno nos transmite el Comandante Fidel y que hoy continúan poniendo en práctica su hermano Raúl y demás dirigentes revolucionarios. Exaltar esas virtudes es reconocer que, efectivamente, estuvo muy acertado el Comandante cuando al concluir su alegato en ocasión del juicio por el asalto al Moncada exclamó, “condenadme, no importa, la historia me absolverá”. Y díganme si no, Fidel está absuelto por la historia y a paz y salvo en los corazones de los patriotas de este hemisferio que amamos Nuestra América donde siempre se escucha, desde el suelo cubano la histórica y permanente consigna de la Revolución Cubana ¡Patria o Muerte, Venceremos! (Cubaminrex-Embacuba Panamá- Emisora Radio Soberana)

 

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