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¿CAMBIAR LA OTAN?

Por Elsa Claro

La gira exterior de Condolezza Rice a inicios de este segundo mes del 2005, fue seguida por una reunión de la OTAN en Niza, destinada ante todo a buscar compromisos europeos para ayudar en el lodazal de Irak. Poco después el titular del Pentágono Donald Rumsfeld, también hizo su periplo, con parada cardinal en la Conferencia de Munich, evento que reunió a 250 altos funcionarios, entre ellos 40 ministros de Exteriores y de Defensa.

No sé si él, ella o ambos, estarían además preparando la visita de George W. Bush a la sede de la OTAN en Bruselas prevista para el 21 del ya tan pródigo febrero, pero de ser así más de un discurso del presidente debe haber cambiado. La mudanza estaría determinada por lo ocurrido en la ciudad germana porque Gerhard Schroeder puso en solfa la vigencia de la Alianza Atlántica. Menudo revuelo hubo, dicen algunos corresponsales, cuando el ministro alemán de defensa leyó el discurso del canciller federal (este no pudo asistir a la cita por encontrarse enfermo).

El proyecto de Rumsfeld era usar el foro para ¿disculparse? por aquella barrabasada que dijo sobre una vieja Europa y en busca en particular de que ayuden a Washington en la azarosa posguerra iraquí, que les está contando muy cara en fondos y vidas. Aparte de las víctimas fatales norteamericanas, hay 100 mil de sus efectivos con problemas psicológicos inhabilitantes.

La farsa electoral del 30 de enero, fue dispuesta por Washington para tener un expediente “legal” que desinhiba a los gobiernos aliados y le den dinero en efectivo o entrenamiento a cuerpos policíacos y militares iraquíes. Los europeos del Este y los del Báltico emprendieron la tarea al parecer con mucho gusto. La mayor parte de las naciones opuestas a la invasión, aunque con reticencias, también están ayudando y seguirán haciéndolo, pues hay lazos casi imposibles de romper.

Esa colaboración no oculta las diferencias entre un lado y otro del Atlántico. La señorita Rice y el señor Rumsfeld llevaron una pipa de la paz que no todos fumaron. Y es que la Rice repartió algunas zanahorias, -a Polonia, a quien le subió la categoría tildándola de esencial aliado trasatlántico- pero se le fue la mano vapuleando a Rusia, a la cual reconvino porque aseguró que el Kremlin ha frenado la democracia y se mete en los asuntos de Georgia y Ucrania. Y tan tranquila, marginando que fue su país el que financió bajo cuerda las irregularidades de los dos procesos.

No tan áspera pero sí bastante severa fue el resto de los occidentales a quienes criticó por ser diplomáticos con Irán. Este asunto fue abordado también en Munich por el ministro de Defensa alemán, Peter Struck, cuando daba lectura al discurso del jefe de estado germano, texto en el que llamó a que cese la hostilidad contra ese país islámico al cual se le deben ofrecer garantías de seguridad y concurrencia económica si se desea que no continúe con los supuestos nucleares que les achaca el gabinete Bush.

El gran tema aproximado por Alemania sobre la remodelación de la OTAN fue el que irritó a Donald Rumsfeld, quien estuvo en desacuerdo con el criterio del gobernante alemán y su pedido de convocar a un grupo de expertos capaces de concebir una nueva estructura y funciones para el Pacto atlantista a tono con los retos actuales, que no son los de una guerra convencional sino del difuso terrorismo. De hecho, el jefe de estado germano cuestionó la política que sigue la administración norteamericana.

... “La OTAN ya no es el principal lugar donde los socios consultan y coordinan sus visiones estratégicas” (...) “últimamente ha habido malos entendidos, malestares, desconfianza y hasta tensiones”. Rumsfeld y el fiel secretario general de la alianza, Jaap de Hoop Scheffer, protestaron ante tales afirmaciones y sugerencias, pero en el ánimo general quedaron flotando las realidades dichas y ya divisadas en la visita de la Rice quien, como les contaba, trajo en una mano el olivo, pero en la otra el viejo garrote imperial.

Creo que tampoco esta vez habrá graves consecuencias. Las contradicciones intercapitalistas subsisten a pesar de las sonrisas, los apretones de mano del “viejo” Rumsfeld o de la Dama de Acero. Y no hay que asustarse si se profundizan.

 

 

 

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