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ESTADOS UNIDOS ¿DESHOJANDO MARGARITAS?

Por Elsa Claro

Si las elecciones en Estados Unidos fueran por sufragio directo como en la mayor parte del mundo, sería muy posible que George W. Bush no lograra repetir mandato. Así lo sugieren los más recientes sondeos que revelan que entre el 53 y el 59% de los estadounidenses consideran que el país va por senderos equivocados o, cuando menos, no por aquellos que la mayor parte de la gente preferiría.

Sin duda existe insatisfacción ante los acontecimientos generados en los últimos cuatro años, sobre todo en la economía, los temas sociales abandonados, el aumento de la pobreza a casi 36 millones de personas, la falta de cobertura sanitaria para 45 millones de ciudadanos, el desmesurado doble déficit que en la convención republicana en un New York levantisco, fue calificado como no grato "pero manejable", aún cuando la sensatez dice que es un síntoma de la infeliz andadura administrativa del equipo Bush, que no será cómodo reparar.

Nadie se atreve de momento a vaticinar si John Kerry sustituirá a Bush en la Casa Blanca. El senador demócrata no ha podido pasar ciertas fronteras psicológicas que tienen que ver con el carisma personal que cada cual proyecta y con la imagen que lo republicanos le han superpuesto con anuncios y fórmulas bastante poco éticas, que no por usuales en estos procesos, dejan de ser repudiables.

Poner en duda las medallas que obtuvo como combatiente en Viet Nam hizo olvidar un poco la ”pérdida” del expediente militar del actual mandatario, en tanto forzó a Kerry a reforzar el discurso en lo que respecta a sus posiciones sobre Iraq, un asunto que despierta encontradas posiciones y, por tanto, resulta de dudosa efectividad homologar ese tópico con el de su oponente.Esas son impericias de quien anda a la defensiva.

Para estas fechas, el índice de aquiescencia a la ocupación del país árabe oscila entre el 37 y el 47%, en tanto quienes consideran que EE.UU. no debe agredir a nadie más a menos que sea en defensa propia, se eleva al 59%. Esas cifras huelen fuerte a un creciente cuestionamiento de los golpes preventivos, el bárbaro dogma defendido por el presidente y su belicosa corte.

Aspecto con una enorme importancia en un país donde el sentido nacionalista se estructura desde la infancia a partir de presupuestos de superioridad, presentes desde la propaganda comercial y los comics, hasta el enfoque de la historia propia o ajena, incluidas las tergiversaciones, por ignorancia o por reflejo supremacista, que muchos políticos hacen con total arbitrariedad.

Cualquiera sea el resultado del 2 de noviembre, Kerry tiene ganado desde ahora el mérito, o recibido el beneficio, de haberse mantenido casi codo a codo en la batalla por la presidencia, con una intención de voto que por momentos ha sido superior a la de Bush, aunque quepa preguntarse si el asentimiento hacia su agenda política es per se o sobre todo debido a que la de Bush es tan, pero tan conservadora, que hasta propone la abstinencia sexual para sustituir la enseñanza de esa materia para los adolescentes y, entre diversas medidas bastante retrógradas, se plantea seguir poniéndole barreras a la investigación científica en temas biológicos de avanzada, aunque insiste en que prospere el sistema antimisiles, conocido en tiempos de Reagan, su admirado modelo, como Guerra de las Galaxias.

Bush dispone de todo el aparato publicístico que el poder otorga, sobre todo en las condiciones post 11 de septiembre, que le permiten vetar reportajes objetivos y críticos o fotos inconvenientes, ( los ataúdes de las bajas en Iraq, de enorme efecto emotivo, por ejemplo), o cargar sobre otras espaldas culpas propias (atribuir a la CIA malos datos sobre la existencia de armas de exterminio en masa; asegurar falsamente que fueron unos pocos efectivos los aberrados que torturaron y abusaron de presos iraquíes, exonerando a los máximos responsables) o cosas como silenciar que las macroempresas vinculadas a altos dirigentes, dígase la Haliburton, son las únicas beneficiadas por una faena de fuerza que despoja a los sojuzgados de cuantos beneficios les pertenecen.

A pesar de todo eso, decía, y aunque Kerry no es una figura que deslumbre, el que lograra mantenerse casi en pie de igualdad con Bush es todo un acontecimiento que algunos observadores anotan con interés, pues el resultado pudiera derivar hacia un empate en los comicios que lleve a que tal como fue la esfera judicial la que decidió su triunfo en el 2000, sea el congreso quien deba decidir este otro y como hay mayoría republicana en el legislativo, es posible que se repita el poco edificante desenlace.

Cuando existe un todo vale también hay un todo puede ocurrir. Incluso a pesar de que entre el 50 y el 53% de la población considera que Bush no debe ser reelegido y que pocas veces tanta cantidad de personalidades civiles y militares, ecologistas, intelectuales y políticos, se haya expresado contra la permanencia de un jefe de estado para un segundo mandato.

Y es que la complejidad misma del sistema electoral que pone en manos de 538 individuos (el colegio electoral que forman los delegados o compromisarios) la decisión concreta sobre quién ocupará puesto en la sala oval, propicia situaciones poco comprensibles.

Por lo general, digamos solo una posibilidad, la franja de indecisos se desplaza hacia un candidato independiente. En esta contienda aparece Ralf Nader aún en zona de inseguridades, pero generando la certeza de que los votos que tendría si figurara en las boletas, irían a parar a Bush en detrimento de Kerry.

Desde Europa se miran estos acontecimientos y su posible devenir con poco disimuladas aprehensiones. Las hubo desde que Bush se perfiló ganador ante Albert Gore tras los irregulares conteos que también pueden tener un reprise ahora en parecida o similar escala. La primera vez trae en la cola su gemela.

También debido a ello, buena parte de la prensa en el Viejo Continente trata a la administración Bush de manera despiadada porque saben que lo acontecido y lo que puede ocurrir, les trajo problemas y les atañe de muchas formas en medio de una época no precisamente dorada.

 

 

 

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