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GUANTANAMO MÁS CERRADO QUE ANTES

Por Elsa Claro
16 de junio del 2006

Se atrapa antes a un mentiroso que a un cojo, dice uno de esos refranes populares tan certeros. La reacción del gobierno norteamericano tras los supuestos suicidios ocurridos en el penal de Guantánamo, evidencia un tropezón del que será difícil que escapen.

Al campo Delta ubicado en el suroriente cubano siempre fue difícil entrar desde que lo convirtieron en prisión. Ahora es imposible por completo pues Bush prohibió que los escasos abogados que de modo limitado se entrevistaban con sus pocos clientes continúen haciéndolo. La restricción es extensiva a periodistas que solicitaron visitas, aunque fueran dirigidas, a ese reclusorio por donde han pasado unos 760 detenidos. De ellos apenas 10 fueron procesados, pero sin juicio imparcial ni cargos sustentables. Dejaron en libertad a niños, ancianos y unos pocos porque fue imposible probarles nada, pero a quienes les quitaron varios años de vida y le dejaron a cambio experiencias traumáticas.

Quedan cerca de 500. En su mayoría llevan años sometidos a tortura, vejaciones y tratos deshumanizados. Por eso lo que menos existe en Guantánamo es esperanza y esa carencia lleva a cometer acciones irremediables.

Si el desaliento por lo transcurrido o ante la falta de perspectiva, puede llevar a estados depresivos intensos como los que describen especialistas que analizaron esta circunstancia, es imposible descartar que no ocurriera ninguna auto inmolación, sino que esas tres víctimas fueran, simplemente, asesinadas.
En Iraq ha sucedido. Los excesos, la animalidad que sale a flote cuando se desbordan e ignoran las fronteras que separan al ser racional de los animales feroces, puede llevar a extremos imposibles de enmendar.

Por eso las dudas del gobierno saudita tienen lógica y entre sus bases se cuentan estos antecedentes. Sin ignorar el componte religioso que tanto en la fe católica como en la musulmana condena el suicidio, en las evaluaciones de este terrible episodio se concluye que o esos infelices llegaron a una excepcionalidad psicológica, o fueron sus captores los que se excedieron provocando este resultado.

A reserva de la conclusión a la cual se arribe, el cinismo exhibido por diferentes funcionarios norteamericanos, le aporta a lo terrible, sesgos de aberración. No hace tanto Condolezza Rice respondió a los pedidos de cierre de esta bochornosa instalación, que allí había talibanes peligrosos. Claro, ni ella ni nadie puede asegurar tal cosa, porque ya se ha comprobado que la mayor parte de los reclusos nada tiene que ver con esa vertiente del Islam.

Goerge W. Bush le dijo a la canciller germana Ángela Merkel y al premier danés, Anders Fogh Radmutsen que en su deseo Guantánamo estaría vacío. Como si le fuera ajeno y alguien pudiera impedirle decidir qué se hace o no allí.
Recién anunciada la muerte de los tres jóvenes hipotéticamente suicidados, el jefe de la improvisada cárcel, vicealmirante Harry Harris, declaró a los medios de difusión;…” No creo que haya sido un gesto de desesperación, sino una acción concertada para desacreditar a ‘América’, un acto de guerra asimétrica contra nosotros”

Aunque muy extravagante decir tal cosa de personas a las cuales se les niega la condición de prisioneros de guerra, en estas ideas subyace el empeño de evadir responsabilidades y quién sabe qué, pues también hay una negativa absoluta a que organismos internacionales realicen investigaciones del caso.
Hace bien poco el Comité de la ONU contra la Tortura exigió el cierre de Guantánamo y el debido procesamiento de los prisioneros. El Parlamento Europeo se pronunció de forma parecida, aunque cedió a las presiones de los diputados de la derecha, quienes consideraron “muy antinorteamericano” el texto presentado. Europa critica, pero se ha tomado su tiempo en asumir el toro por los cuernos.

Manfred Nowak, relator especial de la ONU, dijo que las naciones del Viejo Continente que cuestionan la legitimidad de ese centro de detención estadounidense, deberían "proporcionar alguna ayuda" cuando se clausure y hospedar a algunos de los prisioneros. Si son cómplices parciales o plenos de otras irregularidades, como las que proceden de los traslados de reos que por alguna oscura razón fueron secretos o semi ocultos, bien pudieran tener un poco de brío y quizás salvar algunas vidas.

La prohibición del gobierno norteamericano para que abogados e informadores no accedan al tenebroso campo de concentración puede convertirse en el clásico bumerang que les denuncia. Mucho de malo debe existir cuando estaban aherrojados y ahora clavetean más las puertas.

La avalancha de críticas creció tras el suicidio, o lo que sea, de esos dos sauditas y un yemení. Si el gabinete Bush reaccionó obstruyendo la pequeña brecha con el mundo exterior que escasamente tenían los reclusos, es de pensar que algo ocultan. Los allí cautivos, están más expuestos que nunca.

 

 

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