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PELIGRO DE UNA GUERRA REGIONAL EN MEDIO ORIENTE

Por Elsa Claro
27 de julio del 2006

Tel Aviv recibe de Washington 2 300 millones de dólares anuales. Solicita al Pentágono cualquier tipo de arma que desee y de antemano sabe que puede utilizarlas sin dar cuenta de su empleo. Encima, tiene la certeza total de que no prosperará ningún tipo de crítica en los organismos internacionales, porque Estados Unidos lo impide sistemáticamente.

Eso explica que aún cuando los diarios y espacios televisivos del mundo están inundados con informes sobre las dos guerras desatadas por Israel en el Medio Oriente, no haya condenas legales a esas ofensivas. Justifica, por igual, que el gobierno estadounidense haya dispuesto el envío urgente de una remesa de bombas teledirigidas por satélite o por rayos láser.

Esa entusiasta asistencia de la administración Bush es cuestionada por varios especialistas norteamericanos. Afirman que las leyes de su país prohíben el empleo de armamento que suministre el Estado en otros fines que no sean estrictamente de carácter defensivo. Inocultable que los sionistas los usan contra la población civil de Gaza y Líbano.

En ambos casos la mayor parte de los bombardeos se han dirigido hacia objetivos económicos y de servicios básicos. Informes de médicos libaneses con gran experiencia en la atención de heridos durante la invasión israelí anterior, o como resultado de otros conflictos vividos por esta nación, dan cuenta de que las heridas y lesiones que aprecian ahora en gran cantidad de personas tienen un origen desconocido. Alegan que no están provocadas por armamento convencional.

Circuló después la noticia de que se estaba lanzando fósforo blanco sobre Líbano y ante la denuncia de que es una sustancia prohibida por los códigos internacionales Israel sostuvo que sí pueden usarla. De igual forma defienden el uso de las bombas de racimo.

Algunos seguidores del tema suponen que el ejército judío está experimentando nuevas armas, quizás en beneficio de sus obsequiosos padrinos. Es algo que agrava las culpas de Bush y su corte, como dijera Stephen Zunes, profesor de la Universidad de San Francisco: "La sección 4 de la Ley de Control de Exportación de Armas estadounidense limita el uso de equipo militar vendido a gobiernos extranjeros a la seguridad interna y la legítima defensa propia".

Si se aplica la legislación federal, el Pentágono o la Casa Blanca deberían suspender todos los envíos de armas, hacia el gobierno de Ehud Olmert. Peo se aprestan nuevas partidas de lo más moderno y destructivo.

Mientras tanto, una gran campaña diplomática impulsada por Condolezza Rice, se enfilaba hacia la formación de una fuerza compuesta por 10 mil soldados turcos y egipcios que “sea contundente”, según la secretaria de estado. Idea que no despertó muchas simpatías, ni siquiera en Javier Solanas, representante de exteriores de la Unión Europea, pero a quien no escapa que el peligro de una guerra regional crecería con acciones de esa naturaleza.

No olvidar dentro del sórdido panorama a los palestinos de Gaza, pues siguen sufriendo los ataques israelíes que aparte de empeorar las precarias condiciones de existencia que tenían, generan otros males. Las bombas sónicas, por ejemplo, agravan las condiciones físicas de diabéticos, cardiacos, embarazadas, ancianos, o provocan lesiones psíquicas sobre todo a los niños y no solo de momento, sino con efectos hasta la adultez. Por eso las leyes internacionales vedan el uso de este tipo de armas contra civiles.

A pesar de todo ello, en vísperas de partir hacia la región, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, repitió la idea de su jefe y amigo, George W. Bush sobre el plan que tienen de crear "un nuevo Oriente Próximo". Por lo sabido y ante lo ahora en ejecución por parte de sus bien pertrechados socios en el área, es poco probable que esa democracia a la fuerza sea aceptada.

La intervención de fuerzas ajenas, sobre todo si se admiten aquellas moldeadas según el criterio de EE. UU. empeorará lo que ya es horrendo.

 

 

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