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Remerber Virginia

Por Elsa Claro
23 de abril de 2007.

La ansiedad social suscitada por los atentados del 11 de septiembre del 2001 y la psicosis implantada por el gobierno Bush con respecto a amenazas sobre su territorio, o las represalias “antiterroristas” que ha emprendido, están en la génesis de acontecimientos luctuosos muy deplorables, como el recién ocurrido en la Universidad Tecnológica de Virginia.

Así lo considera un grupo de expertos de la Anxiety Disorders Association of America, entidad que ha estado realizando encuestas y otras investigaciones sobre aquello que genera expresiones tan dramáticas de descontrol y agresividad similares a la recién ocurrida.

Otro aspecto que el organismo considera decisivo en el problema son las crecientes dificultades económicas de los universitarios, intimidados ante la perspectiva de perder becas o la oportunidad de continuar estudios si tienen notas bajas o por cualquier otro motivo no siempre docente.

La Anxiety Disorders Association hizo un sondeo el pasado año en 117 centros de altos estudios y entrevistaron a unos 95 000 estudiantes. De ellos el 93% dijo estar casi todo el tiempo agobiado por sus deberes académicos. De acuerdo con criterios diversos, el problema, en parte, radica en la inapropiada, por débil, preparación de los niveles intermedios de aprendizaje, en tanto otros especialistas consideran que, en general, es preciso revisar e incluso hacer modificaciones en el sistema de enseñanza general de Estados Unidos, incluyendo los conceptos éticos y pedagógicos que se emplean.

En cualquier caso, y aparte de esas posibles inconveniencias, los indicios sobre el origen del mayor desorden están en la forma en que acciona el gobierno y se refleja sobre la sociedad, dicen los investigadores. Cuando el ente común aprecia que desde los estratos altos se le da venia a los desafueros y se convierte lo excepcional en cotidiano, violando normas civilizadas, ello encuentra malos ecos en las zonas blandas de la ciudadanía.

Un elemento que lo confirma se encuentra en las estadísticas sobre este tipo de desastre, pues aumentaron desde el 2001 a la fecha, etapa en la cual la propaganda en torno a hipotéticas amenazas ha sido constante y se desataron dos guerras, en las cuales miles de jóvenes han perecido, quedaron lisiados para siempre o acabaron ellos mismos con sus vidas por sentimiento de culpabilidad o como evasión.

No ha resultado nada consolador y menos edificante para familiares, amigos o jóvenes en general, la forma en que el presidente norteamericano abordó la tragedia. Primero al declararse a favor de que se mantenga abierta y sin condicionantes la venta de armas, en una nación donde 200 millones de ellas están en manos privadas y son responsables de que en este país perezcan 10 000 personas por año, la cifra de homicidios más alta provocadas por disparos.

Bush dijo, además y pese a que las víctimas estaban en su centro de estudios, que se encontraban en el lugar y momento equivocados. En situación como esa es censurable repetir un slogan tan escasamente virtuoso y en particular cuando el drama estaba coincidiendo con la liberación de un terrorista declarado que dijo exactamente lo mismo al referirse al joven italiano Fabio Di Celmo, quien murió a consecuencia de una de las bombas que ese asesino liberado, Luis Posada Carriles, ordenó colocar en hoteles habaneros. Alguien, que antes, en 1976, ejecutó el atentado dinamitero contra un vuelo regular de Cubana de aviación en el cual perecieron 73 civiles, de ellos la tripulación y un equipo juvenil de esgrima.

Datos de Amnisty Internacional y otras organizaciones mundiales critican el aumento de las ejecuciones en Iraq, donde no cesa la violencia, incluyendo las torturas que tanto allí como en las cárceles secretas o en la no tan oculta de Guantánamo se aplica contra personas que fueron capturadas sin derecho a defensa y de las cuales se obtienen, por la fuerza, confesiones, que pueden costarles la vida, aún cuando no haya cargos ni pruebas y ante tribunales que no se rigen por ninguna legislación específica o internacional.

Esos son los ejemplos que ante la sociedad y el mundo coloca la administración Bush. Lo mismo para propios que para ajenos, constituye burla y transgresión permanentes a la legalidad y el orden.


 

 

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