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¿SE ACABÒ LA UE? (II)

Por Elsa Claro

Pese a unos cuantos malos augurios es bastante improbable que la Unión Europea desaparezca aunque atraviesa por una crisis que posiblemente sea la peor padecida desde 1947 cuando se creara el núcleo original que le diera vida.

Entre las hipótesis para explicar el mal trance están las que cul-pan a la ampliación (particularmente la última de hace un año y debido, entre no pocas dificultades, al bajo techo económico de casi todos los nuevos miembros). Son quienes creen que continuar con el calendario de ingresos previsto (Bulgaria, Rumania, Croa-cia, Turquía) no logrará otra cosa sino empeorar lo que ya es bien complicado y, sobre todo, incierto.

Otro criterio culpa a la falta de flexibilidad franco-germano-británica por el descalabro, como si los problemas que les enfren-tan fueran recientes y solo implicara a esas tres naciones. En reali-dad en la cumbre de junio, en el centro del conflicto estaban los presupuestos del 2007-, pero las diferencias son antiguas y no todas se ventilaron en este tope de jefes de estado.

Aparte de culpar al premier británico por el frustrante episodio o perderse en el vano intento de ocultar la realidad evidenciada, la inquietud que tienen al menos 24 de los 25 es qué va a ocurrir este semestre bajo el mandato de Anthony Blair.

Su intervención ante el Parlamento comunitario da idea de que se propone retomar preteridos proyectos para cambiar las reglas de la política agraria común y que va a intentar la desregulación de los servicios en el ámbito del Pacto.

Esto significa –recordemos- que un trabajador de una nación puede trabajar en otra pero ajustado a la legalidad y salarios de su punto de origen. O sea, una amenaza paras las naciones con alto desempleo, según alertan muchos sindicatos.

Pero Blair es muy optimista y muestra sus éxitos domésticos co-mo prueba de que el ultraliberalismo es lo idóneo y lo que se debe aplicar en el resto del Continente.

Ciertamente la política económica aplicada en el Reino Unido permitió disminuir el desempleo, pero a costa de crear mucho puesto de labor con salario mínimo y que impide al afectado a seleccionar un trabajo de a su gusto. Por ley está obligado a acep-tar lo que le ofrecen.

También en los últimos diez años aumentó el Producto Interno Bruto. Pero parece que esa riqueza nacional no se redistribuye de forma muy equitativa. En el índice de desarrollo humano que ana-liza con periodicidad la ONU Gran Bretaña ocupa un lugar feo.

Una nación que fue un poderoso imperio y aún goza de privile-gios en sus antiguas colonias, exhibe tasas de pobreza y mortali-dad infantil entre las peores del Viejo Continente.

Los sistemas sanitario y educativo que fueron paradigma a seguir, se deterioraron a grados inaceptables. En resumen, este rancio país que acompaña a EE. UU. Alegremente en costosas guerras, no tiene suficientes médicos ni la cantidad de camas requeridas para sus hospitales.

Si es eso lo que desea exportar al resto de sus socios, no parece muy recomendable. Si es así como se “ahorra” no vale la pena. Si de este modo se es “moderno” y “exitoso”, mejor sería quedarse en otro punto del desarrollo.

La ciudadanía europea percibe que los asuntos no andan derechos y que sobre ellos se ciernen amenazas serias. A escala de gobier-nos se piensa de otro modo (dicen que no hay peor ciego que el que no desea ver) y es posible que Blair haya sacado bien sus cuentas porque la posibilidad de que varios de los actuales jefes de estado no estén en su sitio dentro de poco, es alta.

Por lo tanto, pudiera tener nuevos aliados para cualquier manio-bra. En seis meses es poco probable que logre tan drásticos cam-bios, pero es tiempo suficiente para introducir las bases y quien-quiera venga después continúe la tarea que, no olvidar, la aproba-ron los entonces 12 en Lisboa en el año 2000. Esa Agenda es neo-liberal. La están implantando, pero del caldo no quieren demasia-das tasas, parece, o consideran que despacio se digiere mejor.

Ojalà todo se redujera a cuestiones gástricas. De entrada y fuera de cambios de orientación sobre asuntos de la economía de la UE, Blair intentará que aumente el sometimiento de Europa a Was-hington y que quienes sueñan con convertir el Pacto Comunitario en un ente político de peso internacional, o en una alianza militar de relativa independencia, al contrario, ahonden sus vínculos tras-atlánticos, se mantengan elegante o trágicamente subordinados a la Casa Blanca.

No hay soluciones simples para problemas tan complejos y parece que de la voluntad y firmeza oficial requerida, tampoco existe una gran provisión. Este asunto tiene un imprescindible Continuará…

 

 

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