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¿TODOS PARA UNO?

Por Elsa Claro

La reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, es tema capital desde hace década y media. Tiempo repleto de aconteci-mientos extraordinarios. El primero y que hizo sopesar las necesidades de un cambio, fue la desaparición de la Unión Soviética.

Pero si fue evidente que al conmutarse los elementos básicos de poder mundial o con el desvanecimiento de los equilibrios posteriores a la II. G. M., era imprescindible poner a tono los resortes del organismo mundial, varios acontecimientos trazaron un camino, no el mejor, condicionando en gran medida el tránsito hacia los nuevos rumbos.

Fue así haber sacado del marco del organismo multilateral la guerra de Bosnia-Herzegovina para darle “soluciones” extra diplomáticas. En el mismo escenario y con similares bases ocurrieron después los bombardeos contra Yugoslavia –no precisamente sobre objetivos militares-. Esos antecedentes dieron paso a la invasión de Iraq, decisión tomada también fuera del órgano que se creó para evitar conflictos, no para generarlos.

En todos los casos fue Estados Unidos quien tomó las decisiones y las hizo posibles, em-pujando a sus aliados, aunque con posterio-ridad hiciera el esfuerzo por “legalizar” sus actos dentro del ámbito mismo que antes ignorara.

El “pragmatismo” de las administraciones norteamericanas es notorio y en estos casos resalta. Su desprecio por la entidad mundial, lo vienen expresando hace tiempo al negarle sus contribuciones, aunque sean el país más rico del planeta.

Ignorar los recursos y estatutos en actos como los mencionados indica un menosprecio aún peor hacia el órgano que ellos mismos contribuyeron a fundar y del cual tanto se han servido, aunque lo ignoran siempre que les conviene.

Cuando regresan, en busca de aprobación a lo que ya es irremediable, se le da venia. Y quizás muchas naciones lo hagan en un inten-to por salvar el único medio de jurisdicción universal que existe y donde todos están en condición de igualdad.

Bueno, se establece así en la Carta, pero nada secreto que las decisiones son tomadas por los países poderosos, que las naciones pequeñas poco cuentan, a menos que se junten para hacerse escuchar. Pero en lo que res-pecta al Consejo, poco y pocas veces pues no tienen allí las atribuciones que solo 5 detentan.

Se supone que para el próximo año, cuando la ONU cumple sus 60 años, estarán listas las conclusiones de la comisión encargada de tomar criterios y hacer una propuesta sobre las enmiendas de su aparato –que viene a ser una especie de cámara alta o senado donde se veta o aprueba, para bien o para no tanto.

Los criterios recogidos son tan diferentes que conciliarlos será como las tareas diseñadas para los Titanes: verdaderas proezas. En este caso se trata de satisfacer los diferentes enfoques, tanto en lo que respecta a variaciones de las competencias del órgano, como en cuanto atañe a quienes lo conformarán.

Japón, por ejemplo, aspira a un escaño permanente. Tiene grandes posibilidades pues es el mayor contribuyente, califica como la segunda potencia económica mundial y es apoyado por EE.UU.

Varias naciones asiáticas no ven bien que eleve su condición y capacidad entre los árbitros de los sucesos mundiales. Es difícil separarse del pasado cuando este tiene en la actualidad expresiones de retorno.

Los sudcoreanos, por ejemplo, que no son enemigos de Tokio y menos de Washington, consideran que hoy existen rebrotes que re-cuerdan el pasado imperial o las etapas mi-litaristas niponas, pues reverdece cierto culto a esas etapas y sus propugnadores.

En apoyo de tales criterios está el anuncia-do intento de modificar la constitución para darle vida a un ejército poderoso y cierta revisión laudatoria de personalidades prota-gónicas en los acontecimientos que unieron los intereses y actos de Japón con los del nazi fascismo a finales de los 30, inicios de los 40.

Pueden ser infundadas las sospechas, pero quienes padecieron aquellos menoscabos e incluso no han podido librare de varias deri-vaciones todavía, relacionan, no olvidan.

Sucede en la propia Alemania donde recién ocurrió un debate en torno a una versión “noble” sobre la figura de Adolf Hitler y que acaba de enviar rumbo a Iraq un lote de vehículos blindados con su personal convenientemente dotado, a pesar de haberse opuesto a la invasión. El acto se considera por partidos y medios políticos, como un se-rio contrasentido.

Para el ex canciller Helmunt Schmidt el objetivo real del gobierno liderado por Ger-hard Schröder responde a un mero afán de notoriedad y no a la política exterior común de la Unión Europea. Así lo deja asentado en un libro que acaba de editarse.

Italia tampoco está de acuerdo con el ingre-so germano a un puesto permanente. El canciller Franco Fratini, lo argumenta de este modo: "No creemos que las dificultades del Consejo de Seguridad se puedan resolver con nuevos nombramientos permanentes e irrevocables", que sólo "sembrarían división" y probablemente excluirían a las naciones árabes.

Como propuesta alternativa, Roma apoya la que sugiere que el Consejo de Seguridad tenga ocho miembros semipermanentes, que cambien con una periodicidad a determinar.
El Tercer Mundo, donde habita la mayor parte de la población del orbe, aparece poco considerado en la mayor parte de los proyectos. En principio, Brasil “que casi ingresó en 1945” como dijera Joscka Fischer, por Lati-noamérica y la India por el área centroasiática, serían los “privilegiados” hasta ahora con una relativa posibilidad de ingreso en la hipotética ampliación de marras.

Paquistán, estado nuclear como la India, y en especial alianza con la Casa Blanca desde que el Pentágono lanzara su guerra contra los afganos, no estaría muy complacido con esta nominación, dadas las diferencias que le enfrentan a su vecino.
¿Y África qué? Pues Senegal reclama que al continente olvidado se le den dos escaños permanentes para representar a las más de 50 naciones que lo componen.

China, en una discreta pero realista posición, sugiere que se le de prioridad a las candidaturas de países en desarrollo.

Ciertamente si las naciones pequeñas y por lo general pobres no se unen y defienden representatividad y consideración, puede suce-der que pierda incluso el minúsculo papel que les tienen reservado en el ámbito de una organización que, en efecto, o se reforma de verdad a fondo y con la debida equidad o pe-rece y con ella mucho de aquello que la humanidad soñó y como nunca hoy necesita.

 

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