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Carlos J. Finlay a 130 años de un descubrimiento.

 

 CUBA, 11 de agosto de 2011.- Uno de los acontecimientos más trascendentales en la historia de la ciencia cubana, inscrito para la posteridad el 14 de agosto de 1881, resultó el descubrimiento de la transmisibilidad de las enfermedades infecciosas por insectos chupadores.
Tal revelación, expuesta en esa fecha por el médico Carlos J. Finlay en la
Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, marcó
un antes y un después en las investigaciones sobre el agente transmisor de
la fiebre amarilla.
 Aunque, para desdicha del propio descubridor y de la ciencia mundial, el
mérito se intentó atribuir al médico norteamericano Walter Reed y a la
Comisión Militar Americana a su cargo, que operó en Cuba durante el primer
gobierno interventor norteño.
No fue sino hasta la aprobación unánime de la moción presentada por la
delegación cubana al X Congreso Internacional de Historia de la Medicina,
celebrado en 1935 en Madrid, España, cuando se reconoció que Finlay fue el
primero en implantar científicamente el principio transmisible de esa
enfermedad por el mosquito Aedes aegypti.
En ese encuentro se estableció, además, que el experto cubano fue el
iniciador del establecimiento de las medidas higiénicas para la prevención
de la fiebre amarilla, y aclaró el extraordinario rol desempeñado por su
doctrina en el saneamiento del área del Canal de Panamá durante su
construcción a finales del siglo XIX.
El gran aporte de su genio a la medicina internacional le permitió
descubrir la forma de propagación y control de la fiebre amarilla, cuestión
que constituía el más terrible azote epidemiológico de su época en la Isla.
  A 130 años de aquel relevante suceso, Cuba exhibe hoy logros indiscutibles
en materia de control y eliminación de vectores y ya esta enfermedad no
significa una preocupación para la medicina nacional.
El sistema de salud cubano destina cuantiosos recursos para mantener un
control sobre el temible insecto e impedir  que la población sufra la
presencia del Aedes aegypti, transmisor del dengue.
Existe un sistema de prevención y control para evitar la proliferación del
referido mosquito y mantener una estrecha vigilancia en comunidades,
barrios, aeropuertos, puertos y otros lugares que constituyen riesgo.

     La Isla cuenta, asimismo, con centros de investigación e instalaciones
hospitalarias con personal calificado que dedica sus esfuerzos a
diagnosticar y atender los pocos casos que hoy se reportan con ese mal en el
país.
   Si bien pudiera parecer lejana la fecha del importante descubrimiento del
doctor Carlos J. Finlay, hoy es necesario rememorar ese acontecimiento,
cuando el azote del dengue cobra la vida de miles de personas en países
pobres del mundo. (Cu

 

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