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Confesiones de hipócritas

CUBA, 25 de junio de 2012.
Para aquellos que aún piensan que no faltan los juicios extremos cuando se habla del sempiterno irrespeto de los poderosos por los derechos ajenos,
valgan las recientes afirmaciones de Mark Feierstein, administrador adjunto
para América Latina y el Caribe de la pretendida Agencia de Estados Unidos
para el Desarrollo Internacional, USAID.
  El citado funcionario, en un abierto papel de vocero de los grupos más
ultraderechistas de su país en materia de política exterior, dijo sin
tapujos que esa entidad, acusada más de una vez de actividades
desestabilizadoras en diferentes partes del planeta, concentra esfuerzos en
el apoyo a los "grupos de oposición" dentro de las naciones integrantes de
la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBAl).
  De manera que no hay nada oculto en la actividad de la USAID, y es
evidente que para quienes la dirigen tampoco existe la necesidad de siquiera
intentar colocar una leve cortina sobre sus verdaderos propósitos. ¡Puro
hegemonismo y necia prepotencia a pulso!
  El citado Feierstein confirmó, según rezan textualmente las agencias de
noticias, que "la Casa Blanca mantiene una estrecha relación y entrega
fondos a sectores antigubernamentales radicados en Cuba, Venezuela, Bolivia,
Ecuador y Nicaragua", entre otras naciones del sur del hemisferio.
   Así se confirman por una vía, digamos totalmente autorizada -la propia
voz de los agresores- todas y cada una de las denuncias que de forma
reiterada han hecho las autoridades de las naciones víctimas en torno a la
complicidad oficial norteamericana en los planes internos de sabotaje,
descrédito y desestabilización.
   En pocas palabras, ninguna las sucesivas administraciones que han
desfilado hasta hoy por la Oficina Oval ha cumplido jamás con el principio
del respeto a la autodeterminación y la integridad de otras naciones, ni a
la voluntad soberana de sus pueblos.
  Hacerlo, es decir, admitir la soberanía de cada quien para dirigir sus
destinos y ordenar su propia casa de acuerdo con sus necesidades, urgencias,
propósitos y metas, no congenia con el postulado imperial de decidir por
otros e imponer sus criterios a los demás.
  Contra Cuba, solo desde el triunfo popular de enero de 1959 a la fecha, el
expediente intervencionista y agresivo norteamericano es extenso y
sangriento.
  Lista a la que además se suman las acciones desestabilizadoras en
Venezuela, incluido el fallido golpe de estado contra Chávez; el intento de
pretendida rebelión policial y asesinato del presidente ecuatoriano Rafael
Correa; las acciones separatistas en Bolivia; o la asonada militar en
Honduras.
  Ello, sin contar las sumas millonarias que, pese a una economía en
bancarrota, destina Washington, precisamente a cuenta de organizaciones
oficiales como la USAID, a alentar a las respectivas quintas columnas
internas.
  El mecanismo trasgresor ha sido develado otra vez sin límites ni recato,
ahora como látigo interventor contra quienes en América Latina han decidido
forjar una época nueva. (AIN)

 

 
 

 

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