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IRAK, CUBA Y EL FASCISMO

Ángel Guerra Cabrera | México

La heroica resistencia armada popular desconcertó y paralizó el avance de las fuerzas yanqui-británicas a las dos semanas de iniciada la invasión de Irak. De modo que no fueron rotundas acciones militares las que consiguieron apagarla sino la bochornosa capitulación una semana después de Saddam Hussein y su corrupta camarilla, que propició el montaje hollywoodense de la entrada triunfal de los invasores en Bagdad. Ese desenlace fulminante, cuando crecía y ganaba simpatía internacional la evidente disposición iraquí de resistencia, fue providencial para que Washington pudiera presentar ante una mayoría de estadounidenses como otra fulgurante victoria de la democracia la masacre indiscriminada de civiles y el saqueo del patrimonio cultural. Un caso de hipnosis colectiva a la manera hitleriana basado en la manipulación de las imágenes y la desinformación televisiva excluyente de puntos de vista alternativos, completada con la genuflexión ante el nuevo führer de los "líderes de opinión" y del Partido Demócrata. Ya algunos anuncian la reelección de Bush. Habrá que ver cuánto dura el pronóstico en las precarias condiciones de la economía del dólar.

Pero no deben subestimarse las graves consecuencias políticas de la fácil ocupación de Irak, que refuerza las actitudes conservadoras, oportunistas y pragmáticas inoculadas por dos décadas de neoliberalismo y que ha exacerbado los demenciales ímpetus guerreros de los nuevos nazis catapultados al timón imperial mediante el fraude electoral montado por la extrema derecha (anti)cubana de Miami. El peligro de nuevas "guerras preventivas" es ahora mayor y no sólo tiene que ver con el petróleo, sino con la decisión de no tolerar disidencias al establecimiento del estado policial mundial que se gesta desde Washington y Tel Aviv con la complicidad de Tony Blair y José María Aznar.

Frente a esta amenaza los pueblos cuentan con enormes recursos de lucha que el triunfalismo circunstancial de los aspirantes a dueños del mundo y su maquinaria de propaganda no les pueden ocultar. Ellos están vivos en el precedente moral sentado por el movimiento internacional contra la globalización neoliberal y en el acervo de ideas antimperialistas, revolucionarias y progresistas forjadas a lo largo de siglos en la lucha por la justicia social. Esas son las armas principales e indispensables para frenar y derrotar al fascismo, que ahora acecha en serio, de nuevo, como después de la invasión de Polonia por Hitler.

De allí la amenaza que se cierne sobre Cuba porque encarna aquellas ideas hechas práctica cotidiana de gobierno y por la ética que emana de su ejemplo de rebeldía. No es casual que haya salido de los intelectuales y artistas cubanos el primer llamamiento a crear un frente mundial contra la nueva amenaza fascista ni que éste haya encontrado acogida de inmediato en una opinión pública patriótica, culta, sensible e internacionalista como es la de la isla. Si se quiere saber la realidad de Cuba, imagínese la contraria a la versión difundida por los pulpos mediáticos, que en Irak actuaron como otra arma de las fuerzas invasoras. Los mismos que trasmutan en disidentes anticastristas a agentes a sueldo de Estados Unidos y a uno de ellos en símbolo de la transición de la isla al capitalismo cipayo, llevado en andas por el New York Times, el Partido Popular de Aznar, los millonarios magnates de la SIP y el frustradísimo augur de La hora final de Castro (1994), Andrés Oppenheimer.

La sociedad cubana real es un laboratorio de opiniones plurales alimentadas por una sólida obra educativa y cultural, una masividad y libertad de creación artística y una fecundidad del debate intelectual que difícilmente se encuentren en otra parte del mundo. Este clima es casi imposible concebirlo para quienes no lo conocen de primera mano y están sometidos al bombardeo mediático anticubano. Ante la exigencia de defenderse Cuba ha tenido que inventar medios propios para hacer la revolución, cuidarla y hacerla avanzar, que rebasan las fórmulas elitistas de la democracia al uso. Uno de ellos es el partido único, que no se importó de ninguna parte porque es uno de los más preciosos legados de José Martí.

El de Cuba, a diferencia de otros regímenes revolucionarios, ha sabido aprender de sus errores de principiante en la construcción del socialismo. Ha sacado el mayor provecho de la acción y las ideas revolucionarias cubanas, latinoamericanas y universales, porque no disponía casi de otra referencia sobre la edificación de una sociedad alternativa al capitalismo que las fallidas prácticas y los fosilizados textos soviéticos. Por eso, fue capaz de encontrar salidas originales y eficaces a los graves problemas del subdesarrollo y la dependencia y lograr avances extraordinarios en la transformación económica, social y política en una inédita situación de guerra no declarada que ya dura cuatro décadas. Por eso el odio de los nuevos nazis de Washington.

Tomado de Rebelión.

24 de abril de 2003.

 

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