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Lo que trajo el triunfo popular de enero

   El día ocho de enero de 1959, una semana después del triunfo popular y en medio del júbilo desbordante del pueblo por la llegada de la Caravana de la Libertad a la capital, Fidel caracterizaba aquel momento histórico:
   “Creo que este es un momento -explicaba- decisivo de nuestra historia, la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil”.
   La predicción del máximo dirigente de la Revolución se ha cumplido. Él sabía que las profundas transformaciones a llevarse a cabo no se harían sin la lucha contra la reacción interna y el imperialismo norteamericano, y cómo, en ese inevitable enfrentamiento, se debía contar con el más firme apoyo y la unidad popular. Ya desde entonces preparaba a los cubanos para la gran batalla.
   El pueblo tenía grandes expectativas después de haber estado sometido tantos años a los poderosos; esperaba ansioso educación, salud y seguridad social en un clima de libertad; la Revolución trajo todo eso, pero no se limitó y acabó con el crimen, la tortura y la desaparición de personas por motivos políticos.
   Con el triunfo popular de enero, en Cuba los excluidos de la tierra se convirtieron en sus dueños; se crearon condiciones institucionales, sociales y jurídicas para el ejercicio de la igualdad plena del hombre; se acabo el terrible tiempo muerto y el desempleo, y el trabajo y el estudio se convirtieron en oportunidades reales. Particular significado tuvieron estas medidas para los sectores más marginados: las mujeres y los negros.
   La Revolución creó las condiciones sociales y económicas para acabar con la explotación infantil; humanizó el trabajo en numerosos sectores donde este adquiría condiciones brutales, y creó toda la legislación para respaldar esa política.
   Dentro de esas transformaciones se encuentra la eliminación de los alquileres que absorbían buena parte de los menguados ingresos familiares, y convirtió a más del 85 por ciento de la población en propietario de la vivienda. Frenado por las limitaciones impuestas por el período especial a consecuencias de la caída del campo socialista europeo, la edificación de nuevos inmuebles continúa entre las prioridades de la nación. 
   El programa revolucionario acabó, entre otros, con el monopolio de la electricidad y llevó la luz a los rincones más apartados; promovió la construcción de carreteras, caminos y embalses, y desarrolló una infraestructura de salud propia de nación desarrollada.
   Esta obra se ha realizado en medio de las constantes amenazas, campañas mediáticas, agresiones terroristas y militares, y guerra económica del imperialismo y sus aliados, todo lo cual obligó al país a invertir grandes recursos humanos y materiales.
   Como resultado de ello y de la crisis económica mundial, a la que la Isla no escapa, persisten carencias, pero las dificultades se enfrentan con el esfuerzo inteligente de todos.
   Sigue el avance gradual no solo en educación, salud pública y seguridad social, sino en todos los terrenos para mantener la condición de nación soberana, digna e independiente. (Ángel Rodríguez Álvarez, ACN)

 

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