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La ofensiva imperial contra Cuba

Para entender tres fusilamientos

Claudio Guevara

Para entender los tres fusilamientos en Cuba, hay que partir de reconocer el carácter del Estado norteamericano, que recientemente demostró en Irak su capacidad de crear un estado de conmoción colectivo internacional con sus falsas acusaciones sobre armas químicas y otras "amenazas", solo para descargar sobre un país indefenso todo su arsenal de "armas de destrucción masiva", primero propagandísticas y luego militares. Ya es evidente que esto fue otra típica película americana para justificar el destronamiento de un gobierno y la ocupación de otro país por razones ideológicas, militares y, sobre todo, económicas.

Dentro de este contexto, sostenemos que:

o Cuba, una vez más, se encuentra ante un intento imperial de crear condiciones políticas para una eventual intervención militar, y en ese marco histórico hay que analizar la conducta de los delincuentes detenidos y la respuesta del Gobierno.

o Los hechos que condujeron al fusilamiento de tres personas son interesadamente deformados por la prensa occidental, que como siempre respecto de Cuba, parcializa la información y construye el relato con patrones asimétricos. Esto es, si idénticos sucesos se hubieran registrado en una "democracia occidental", se hubiera utilizado una terminología periodística totalmente diferente para designar y valorar a los protagonistas y sus conductas.

o Los fusilamientos se presentan como un castigo a la oposición por delitos "ideológicos" o de opinión. Pero en realidad, tradicionalmente el Estado cubano ha aplicado esa horrible medida contra crímenes de alta traición a la patria, y lo ha hecho incluso contra sus propios dirigentes por casos de corrupción (como el general Ochoa, un héroe militar de amplio prestigio popular, condenado a la pena capital por tráfico de drogas). Este caso debe ser enmarcado dentro de esa categoría.

o El origen de este doloroso episodio, como de tantos otros, radica en la lógica de guerra que guía la política y la organización del Estado como única respuesta defensiva posible ante la guerra permanente entablada por el Imperio.

La deformación de los hechos

Repasemos el caso. La noticia fue casi unánimemente presentada en la prensa occidental como un delito nimio que recibió un desproporcionado castigo del Gobierno:

un intento de secuestro de un barco para escapar a Estados Unidos derivó en el fusilamiento de los tres principales responsables, resumieron los principales diarios.

En realidad, hubo muchos otros elementos:

o El secuestro del barco de pasajeros incluyó la privación ilegítima de la libertad de 50 personas que fueron amenazadas de muerte por los delincuentes, incluidos turistas extranjeros.

o La tarea de rescate demandó muchas horas de tensión y de peligro, y en los momentos de máxima desesperación hubo pasajeros que se tiraron al agua para escapar de la presión a la que estaban sometidos.

o El hecho se enmarca en una ola de delitos de este tipo, incluidos dos aviones en el último mes, alentados y financiados por la potencia imperial archienemiga de Cuba, con fines de agitación interna.

En líneas generales, el episodio tiene muchos elementos dramáticos para parangonarlo con otras tomas de rehenes con fines políticos, con la salvedad de que la crisis se resolvió sin víctimas gracias a la pericia de las fuerzas de seguridad cubanas.

Cotejemos las diferencias en la presentación y evaluación de otras noticias similares:

durante la toma el teatro de Moscú por los chechenos el año pasado, o la de la embajada de Japón en Perú por grupos maoístas durante el gobierno de Fujimori, las fuerzas de seguridad actuaron violentamente liquidando sin contemplación a TODOS los secuestradores, en operaciones que costaron la vida de parte de los rehenes. Y aquí el cambio de valores y de terminología: en ambos casos, se destacó en la prensa el carácter político y terrorista de las organizaciones responsables del secuestro, nadie se preocupó en lo más mínimo por las garantías y derechos de los secuestradores, y los Gobiernos sólo cosecharon aplausos y felicitaciones por su "determinación" por combatir el terrorismo.

Es claro que cuando la seguridad del Estado o del sistema político en los Estados avanzados se encuentran amenazados, se permite y consiente cualquier medida extraordinaria, como la suspensión de las garantías constitucionales en EE.UU., que acarreó la detención de miles de personas en condiciones arbitrarias, sin derecho a defensa, muchas de los cuales sigue sin conocerse su paradero. O la organización de "asesinatos selectivos " en Palestina por el Estado israelí, que constituye una virtual pena de muerte totalmente fuera de la legalidad. (¡Qué no diría la rica comunidad occidental si en Cuba el gobierno cazara gente desde helicópteros, como hace Israel!) Pero siempre sucede que Cuba no tiene derecho a medidas extraordinarias.

Es claro que en el último caso puntual no se trató simplemente del delito de secuestrar un barco: analizado junto con otros elementos, aparece la punta del iceberg de los planes belicistas de Washington.

Si se incorporan al análisis los otros recientes secuestros de aviones, la red de activistas proimperialistas que mantenía reuniones con el representante norteamericano James Cason preparando actividades de agitación interna, y la admonición del embajador yanqui en Dominicana en torno a la "cruzada imperial" que comenzó con la invasión de Irak pero incluiría en el futuro Cuba, es claro que la isla está frente a una ofensiva imperial para preparar condiciones políticas de intervención.

Esto es mucho más preocupante y grave que los tres fusilamientos, y sin embargo, muchos intelectuales no parecen haber reparado en ello.

Saramago, por caso, quiere pruebas de la conspiración. Pues bien: hay miles de páginas de documentos, norteamericanos y cubanos, labradas a lo largo de más de 40 años. No se trata de episodios aislados: la actividad terrorista contra Cuba nunca se ha detenido, y -como bien señala Noam Chosmky- se trata probablemente del territorio que más atentados ha sufrido en todo el mundo.

En los últimos años, sin embargo, ha cobrado un carácter particular y urgente, primero con la ofensiva terrorista de la "gusanera" de Miami enfocada a objetivos turísticos de la isla (ver abajo) y ahora con las opiniones de Jeb Bush, gobernador de La Florida y hermano del actual presidente norteamericano, de que Cuba debería ser la siguiente en la lista después de Irak.

No nos engañemos: los planes para atacar Cuba están listos, y de ahora en más veremos desplegarse un vendaval de información falsa para demonizar su gobierno y justificar la invasión.

La lógica de la guerra

En este marco, los fusilamientos fueron lisa y llanamente una primera respuesta militar a los planes de guerra imperiales. Hablar de las víctimas como "disidentes" es caer en la trampa retórica del imperio, y encubrir el verdadero carácter de los hechos, tratando de dotar de una aureola romántica a lo que, en su enorme mayoría, son simples mercenarios, terroristas y activistas a sueldo de una potencia enemiga.

Esta situación es difícil de entender desde la blanda lógica de una socialdemocracia europea, donde la vida política diaria está lejos de combatir contra cientos de intento de asesinato del máximo dirigente durante años, donde el desarrollo económico no sabe lo que es lidiar contra un monstruoso bloqueo y el envenenamiento masivo de ganado y de cosechas, y donde el aparato militar no tiene una amenaza de invasión por la mayor potencia del mundo como hipótesis de conflicto cotidiana. Pero es una situación real y angustiante.

La lógica de la guerra revolucionaria tiñe toda la vida de los cubanos desde hace 44 años. No se trata solamente de estos tres fusilamientos, y de la pena de muerte en sí:

hay cientos de aspectos burocráticos, policíacos y de otro tipo que sería deseable remover de la vida cotidiana de los cubanos y que se originan en concebir cada aspecto del Estado desde una óptica militar.

Pero esta lógica de la guerra no es intrínseca al socialismo, sino que emana como única respuesta defensiva posible a la guerra permanente - y que ahora parece encaminada a intensificarse- entablada por el imperio. Hasta ahora, los caminos intermedios para combatirla han pecado de ingenuos o de insuficientes.

Cuando se libra una guerra justa, la primera prioridad es no perderla. Los ejemplos morales de la revolución sandinista o de la esperanza que encarnó Salvador Allende en Chile eran ciertamente estimulantes. Pero también debemos reconocer que fueron derrotadas sangrientamente, y que las concesiones ante un enemigo criminal y despiadado solo facilitaron su triunfo, provocando muerte y miseria en el pueblo. ¿Se hubiera equivocado Allende si decapitaba la sublevación criminal de Pinochet con la autoridad de tres fusilamientos? Chile se hubiera ahorrado, sin duda, miles de valiosas vidas.

Para librar esta guerra no hay recetas infalibles. Es posible levantar muchas banderas teóricas, pero en la práctica, el gobierno de Cuba está encarnado simplemente por hombres que llevan a cabo una tarea titánica en condiciones extremas. Se pueden equivocar, y a menudo lo hacen. Asumiendo este escenario, es lícito criticar un exceso de "mano dura", u opinar que se trató de una medida políticamente imprudente ante la brutal ofensiva en ciernes, pero no descalificar rampantemente una obra que en líneas generales ha sido progresista y humanitaria, y mucho menos quitarle apoyo al proceso revolucionario.

No podemos desunirnos por este episodio respecto de la defensa irrestricta de Cuba.

El reclamo sensato que la izquierda del mundo puede hacer en este momento histórico es exigir el cese de las agresiones contra la Isla, y el rechazo de la guerra generalizada que el imperio planea lanzar contra los verdaderos "disidentes", es decir, los pueblos y gobiernos de todo mundo que se niegan a ponerse bajo su dominio.

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Apéndice

Para entender cómo funciona
la desinformación

A fines de los 90 se registraron varios atentados con bombas contra hoteles, en uno de los cuales murió un turista italiano. Aquella ofensiva fue derrotada por la inteligencia militar cubana, en un episodio que vale la pena relatar, porque guarda íntima semejanza con el nuevo brote actual de la campaña y porque ilustra claramente cómo funciona el aparato de desinformación internacional que estigmatiza al gobierno cubano y sus esfuerzos de defensa.

En abril del 99 los diarios de todo el mundo informaban sobre un reclamo generalizado de organizaciones de derechos humanos, gobiernos occidentales y hasta partidos de izquierda, por la suerte de cuatro "disidentes" que el gobierno cubano estaba juzgando "sin garantías y a puertas cerradas".

Pocas veces se ha mentido tan abiertamente Los cuatro "disidentes" eran juzgados como parte de la red local de apoyo de una organización terrorista responsable de atentados contra hoteles en el 98. El juicio no solo fue abierto, sino que se transmitió en directo por la televisión y fue seguido con pasión por la ciudadanía. No faltaban elementos emocionales: estuvieron presentes, incluso, los padres del turista italiano. Pero sobre todo el pueblo cubano se emocionó por la forma en que se desbarató la organización terrorista: los laureles fueron para una pareja de médicos cubanos, agentes de inteligencia del gobierno y residentes desde hacía 25 años en Miami, que se infiltraron entre las organizaciones anticastristas y pasaron el dato sobre la fecha de ingreso de dos terroristas salvadoreños con materiales explosivos en su poder. Detenidos estos, se desbarató toda la red de apoyo local. Los médicos fueron inmediatamente repatriados y recibidos como héroes en Santa Clara, su ciudad natal.

Nada de esto fue relatado en los medios occidentales. Ninguna congratulación recibió el gobierno cubano por su hazaña contra el terrorismo, ni por tantas otras similares.

En cambio, el imperio sí tomó nota. Hoy, cinco cubanos que se dedicaban a realizar el mismo trabajo preventivo están en prisión en condiciones extremas en Estados Unidos, acusados de "espionaje" por el Gobierno.

Hay otras deformaciones informativas, o rampantes mentiras, en la actual campaña.

Los diarios señalaron que el gobierno cubano exigió una vez más la derogación en Estados Unidos de la Ley de Ajuste Cubano, y se explicó casi sin excepción que esta prevé la concesión a los cubanos del derecho de residencia una vez trascurrido UN AÑO de permanencia en el país. FALSO. En realidad, la Ley de Ajuste prevé la concesión automática de la residencia a los cubanos APENAS PISAN LAS COSTAS NORTEAMERICANAS. Es el único país del mundo que tiene este "beneficio". Cualquier latinoamericano que llegue a nado cruzando el río Bravo y sea hallado por las fuerzas de seguridad puede recibir balas o una inmediata expulsión.

Pero si un cubano llega por mar lo aguardan todos los derechos. La Ley de Ajuste tiene por objetivo alentar las salidas ilegales por mar -mientras se obstaculizan por EE.UU. las vías legales de inmigración- contribuyendo a crear una "industria de los balseros" que opere como una propaganda negra contra el gobierno cubano, y haciéndole creer al mundo que "el régimen tiene cautiva a su gente" cuando en realidad cualquier cubano puede salir de viaje o emigrar si logra que el país de destino le otorgue el permiso correspondiente.
(Tomado de La Jiribilla)


 

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