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Álvarez Cambras: reparador de sueños.

CUBA, 24 de diciembre de 2010.- La enfermedad y muerte del padre le cambiaron definitivamente el rumbo de su vida: de ingeniero en caminos, su aspiración en los orígenes, dio giro de 360 grados y trocó, para bien de los cubanos y de otras muchas personas en el planeta, hacia la medicina.

Desde su natal Candelaria, en Pinar del Río, cargó, a pesar de su corta edad con el fardo de los recuerdos sobre los avatares de la vida de antaño en los campos de la Isla.

"El impacto de ver a papá agonizante y de no disponer de los recursos ni los medicamentos para salvarlo, me hicieron meditar profundamente que yo debía hacerme médico y tratar de resolver algunos problemas que aquejaban -y aquejan- a la humanidad". El deseo cobró cuerpo.

Este 22 de diciembre cumplió 76 años ese cubano de cepa y corazón que responde al nombre de Rodrigo José Álvarez Cambras (sus allegados lo conocen como Profe o Kilo). El sitio del alumbramiento, en 1934, fue la antigua clínica Hijas de Galicia, en Luyanó. Fue parto de jimaguas, pero la hembra, por lo complicado del alumbramiento, falleció.

Al emigrar la familia para la capital desde Vueltabajo, estudió en la escuelita pública de la barriada y luego obtuvo la beca para los Hermanos Maristas, colegio privado en el cual culminó el bachillerato. En 1952, luego de varios contratiempos, ingresó en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana.

Practicó baloncesto, dirigió la banda de música y llegó hasta ser presidente de la asociación de alumnos. Resaltó, empero, por su identificación con los problemas sociales de la época, los cuales dejaron huella profunda en su conciencia.

Tal actitud tuvo su reflejo en las varias golpizas que recibió por su participación en las marchas y protestas estudiantiles. En el desempeñó de diversas responsabilidades políticas, se identificó con el pensamiento de Fidel, quien se reunía con los estudiantes para denunciar las atrocidades acontecidas luego del golpe militar de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952.

"Varias veces guardé prisión y fui golpeado. En cierta ocasión, durante aquellas reyertas, sufrí traumatismo en la pierna y, al llegar al hospital Calixto García para ser atendido, aprecié que muchas otras personas se hallaban en estado más crítico y comencé a cooperar con los médicos.

"Por entonces, andaba por el segundo año de la carrera y devino bautismo de fuego, o mejor, de yeso. Entre los galenos existe la creencia de que cuando el alumno de medicina se moja con yeso, se vuelve ortopédico: ahí nació mi vocación por la especialidad".

Luego de graduado, logró laborar en el propio \"Calixto García\", que le posibilitaba disponer de habitación y comida. Pero sus faenas revolucionarias lo obligaron al clandestinaje y fue a parar al poblado de Alquízar -a 40 kilómetros de la capital- y allí lo sorprendió el triunfo de la Revolución. Numerosas tareas le fueron encomendadas desde entonces.

Le fue confiada una misión hacia el sudeste asiático, y terminó en el Congo. Corría 1965 y formó parte de la columna Dos, que apoyaba a la guerrilla formada por el Che en esa nación africana. Al año y medio regresó a la Patria y le encomendaron especializarse y propiciar el desarrollo de la ortopedia en Cuba.

"El tres de enero de 1959 asumo oficialmente la dirección del hospital Frank País, entonces pequeño centro asistencial de apenas 90 camas y carente de recursos
técnicos". Hoy se trata de notable institución con todas las de la ley y vasto prestigio dentro y fuera de Cuba.

Varios jefes de estado del planeta han conocido de su profesionalidad y dedicación. Cerca del millón de cubanos han sido atendidos por la institución que dirige. El profe figura en el selecto ranking de los 10 mejores especialistas del mundo en materia de ortopedia.

"No se trata solamente de Álvarez Cambras -me confesó para el libro sobre su vida actualmente en preparación- es todo el equipo integral que ha luchado para este empeño y continúa al pie del cañón".
  
A los 76 abriles, Kiko se siente fuerte, con su espíritu de siempre, batallador. Es cubano por cuyas manos han vuelto a la vida normal trabajadores, estadísticas, políticos, científicos, deportistas. y este redactor incluido. "El sueño de Rodrigo José, cada día es realidad tangible". (Cubaminrex-AIN)

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