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Constitución de Guáimaro, texto de la guerra por la justicia

  CUBA, 10 de abril de 2012.  Cuando el 10 de Abril de 1869 se proclamó en Guáimaro la Constitución de la República en Armas, seis meses después del inicio en Cuba de la lucha
independentista, la revolución dio el paso decisivo en su concepción de
llevar hasta las últimas consecuencias el ímpetu libertario.
   Para algunos que en aquel momento no confiaban en realizar realmente la
guerra radical, el articulado de la primera Carta Magna superaba las
posibilidades de la beligerancia declarada el 10 de Octubre de 1868, en el
ingenio oriental La Demajagua, por Carlos Manuel de Céspedes.
   Pero desde su Preámbulo, se patentizó la razón y necesidad de aquella Ley
de leyes al poner bien claro que:
   "Los representantes del pueblo libre de la Isla de Cuba, en uso de la
soberanía nacional, establecemos provisionalmente la siguiente Constitución
política que regirá lo que dure la guerra de Independencia."
   Si en esa parte del documento puede afirmarse contenía en su esencia el
clamor de ampliar la lucha emancipadora a toda Cuba y por el tiempo
necesario, los artículos 24 y 25 demostraron que la conflagración era en
verdad a muerte contra la colonia, y todo lo que la representaba.
   El hecho de proclamarse a todos los habitantes de la República
enteramente libres (Artículo 24) constituyó paso trascendental y
estratégico, pues daba por terminada la oprobiosa esclavitud, algo que en
aquellos momentos algunos de los líderes independentistas consideraron
prematuro.
   Sin embargo, la justicia social buscada por la Revolución no podía
permitir la permanencia en la sociedad cubana de semejante engendro como
base de la relación entre los hombres.
   Además, la guerra necesitaba de hombres y mujeres para ganar combates y
llevar hasta el occidente de la isla la llama libertaria.
   Es por ello que el siguiente artículo, el 25, patentizó que: "Todos los
ciudadanos de la República se consideran soldados del Ejército Libertador".
Así de simple: ganar la independencia de la Patria requería de guerreros.
   A la par de sentar las bases de la revolución sobre la ley suprema, que
le brindaba fuerza dentro y fuera de Cuba, la Constitución de Guáimaro, al
decir de Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano, constituía "una
necesidad para definir un programa y la estrategia de combate y quienes
habrían de dirigirlo".
   En Guáimaro, poblado del este de Camagüey y por tanto cercano a las
regiones en armas en aquel momento, se reunieron los líderes del alzamiento
para hacer y proclamar la Constitución.
   De ellos sobresalieron Carlos Manuel de Céspedes, el iniciador y electo
allí Presidente, e Ignacio Agramonte, el joven abogado camagüeyano que se
convertiría en destacado general.
   Además, nació la Cámara de Representantes, que detentaba todo el poder, y
se designó al jefe de las fuerzas insurrectas.
   Todo ello demostró que aquella contienda histórica, encarnizada desde su
comienzo, iba más allá de lo que aparentaba y la Constitución de Guáimaro,
la primera de las cuatro declaradas en la República en Armas, lo reafirmó.
   Alarcón así lo reconoció cuando expresó: "No era solo un movimiento para
separar a una colonia de su metrópolis y crear otro estado soberano. Era, en
verdad, en palabras de Antonio Maceo, 'la guerra por la justicia".

(Cubaminrex- AIN)

 

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