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El Partido Revolucionario Cubano, paso superior en la lucha.

Yolanda Díaz Martínez, Historiadora

Entre las principales conclusiones que extrajo José Martí de sus estudios sobre las experiencias que dejó la Guerra de los Diez Años (1868-1878), fue la necesidad de dar coherencia y unidad a todos los esfuerzos independentistas, a partir de la creación de un ente que permitiera organizar y dirigir la futura lucha.

El Partido Revolucionario Cubano (PRC), creado el 10 de abril de 1892, a instancias suyas y con el apoyo decidido de de numerosos revolucionarios, fue la expresión acabada de esa aspiración.

La guerra que debía iniciarse en Cuba y concluir con la independencia nacional -primordial objetivo propuesto en la anterior contienda del 68 y nunca logrado-, no podía adelantarse si carecía de la línea programática que la sustentara y dirigiera.

El decisivo paso de unificación de la emigración cubana en Estados Unidos se inició en el último trimestre de 1891, después de la visita de Martí a Tampa, escenario de numerosos emigrados simpatizantes con la independencia.

A partir de ese momento, fueron dados precisos y decisivos pasos en función de crear esa organización, en cuyo articulado debían estar contenidos los intereses y características de los diferentes grupos de emigrados, así como también de los diversos elementos que componían la sociedad cubana, cuestión esencial para la futura república que se crearía.

El más importante de los objetivos preparatorios aconteció el cinco de enero de 1892, fecha en la cual Martí expuso las Bases y Estatutos del futuro Partido Revolucionario Cubano.

Los documentos fueron aprobados ante la presencia de 27 personas, integrantes de la directiva de los clubes de emigrados, la dirección de la Convención Cubana de Cayo Hueso y los dueños de tres de las más importantes fábricas de tabaco.

Con esta diversidad representativa, buscaba el Apóstol lograr el consenso y compromiso de diversos sectores de la emigración. El articulado de las Bases, nueve en total, recogía y ampliaba el espíritu integrador y unificador a que se aspiraba desde hacía mucho tiempo.

Lograr la independencia de Cuba y auxiliar a la de Puerto Rico, era el objetivo principal y así quedaba recogido en su primer artículo.

El carácter generoso y breve del conflicto por iniciar, la preparación de la guerra para el decoro y bien de todos los cubanos y la no adquisición de compromisos con ningún país, entre otros, fueron algunos de los aspectos recogidos en las Bases, las cuales ratificaban el ideal republicano del movimiento de liberación cubano.

La estructura del partido era de base piramidal y se sustentaba en las asociaciones independientes, cuyos presidentes formaban en cada localidad los Cuerpos de Consejo.

José Martí fue elegido como Delegado y máxima figura, designándose a Benjamín Guerra como Tesorero. La proclamación del Partido el 10 de abril coincidió con la fecha en que, en 1869, se había constituido en Guáimaro la República en Armas.

Gracias a los esfuerzos del Partido, se lograrían significativos aportes financieros para el inicio y desarrollo de la guerra. Dentro de la Isla, el PRC también contó con una estructura, en la cual el máximo responsable fue Juan Gualberto Gómez.
El periódico Patria, con circulación en el extranjero y también de forma clandestina en Cuba, contribuiría a divulgar los objetivos de la organización y lo inevitable de la guerra.

Con la muerte de Martí, se suscitaron diferencias de criterios en cuanto al designado para reemplazarlo, pues resulta opinión bastante unánime entre la comunidad de historiadores que él nunca dejó por escrito el nombre de su sucesor o sustituto, como Delegado.

Los principales candidatos propuestos por la emigración fueron Gonzalo de Quesada y Tomas Estrada Palma; recayó la elección en este último, quien estuvo en el cargo hasta la disolución del Partido, en diciembre de 1898.

A pesar de que la organización tuvo vida corta, fue el aporte martiano un legado a las futuras generaciones para continuar su combate contra el imperialismo en las nuevas condiciones que exigiría la república naciente, convirtiéndose en arma de lucha de su tiempo. (Por Yolanda Díaz Martínez)
7 de abril de 2011
(Cubaminrex-AIN)

 

 

 

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