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Humbolt siete presente en la memoria

   CUBA, 17 de abril de 2012.
Conmocionada, y cada vez más resuelta a desprenderse del tirano Fulgencio
Batista y de su camarilla de torturadores y asesinos, el 20 de abril de 1957
La Habana vio nuevamente derramada sangre de sus mejores hijos.
   Casi a las seis de la tarde de aquel sábado santo, cuando los católicos
habaneros sumidos en el tradicional luto por la muerte de Cristo esperaban
ver la procesión, alrededor de 60 esbirros al mando de Esteban Ventura Novo
iniciaron el aquelarre.
   Su objetivo, el edificio Humbolt, número siete, en el Vedado capitalino.
La abominable delación de un traidor -que bien y solo merece ser mencionado
como Marquitos-, había puesto al tanto a los sicarios de que en el
apartamento 201 se refugiaban cuatro miembros del Directorio Revolucionario.
   Eran Fructuoso Rodríguez Pérez (presidente de la Federación Estudiantil
Universitaria tras la caída de José Antonio Echeverría), Joe Westbrook
Rosales, Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado Rodríguez, quienes habían
sobrevivido tras las acciones del ataque al Palacio Presidencial y la toma
de Radio Reloj y esperaban allí su traslado a otro lugar más seguro.
   Testigos presenciales refirieron que ya frente a la edificación, antes de
comenzar la carnicería, el tristemente célebre coronel Ventura,
inmaculadamente ataviado de blanco, arengó: "Vayan y tráiganmelos muertos",
orden que la horda cumplió al pie de la letra.
   Todo parece indicar que los jóvenes fueron totalmente sorprendidos.
Westbrook resultó baleado al salir del apartamento aledaño donde pretendió
hacerse pasar como visitante. Carbó cayó herido antes de llegar al elevador,
y ya de bruces sobre el granito, se ensañaron sobre él.
   Percatados de la redada, Fructuoso y Machadito decidieron escapar por una
ventana y se arrojaron al vacío desde el segundo piso. Pero la caída libre
fue demasiada para sus anatomías. Tendidos sobre el cemento también fueron
blanco fácil de las ametralladoras.
   La masacre se extendió por cerca de 20 minutos, entre gritos de la
vecindad que imploraba piedad para los indefensos jóvenes. Sus despojos
fueron literalmente arrastrados hacia la esquina y conducidos en el panel
policial.
   Antes de abandonar el teatro de la barbarie, Ventura obligó al encargado
del inmueble a limpiar, sin dejar huellas, la catarata de sangre que fluía
por las escaleras desde la segunda planta, pero un fotógrafo audaz logró
captar la horripilante instantánea la cual más tarde fue publicada por la
prensa de entonces.
   En su edición del siguiente día, el reaccionario Diario de la Marina
propaló que en el apartamento se había ocupado un alijo que incluía
granadas, material explosivo y armas de diversos calibres: infame nota
indudablemente maniobrada por el verdugo Ventura Novo.
   En el aniversario 55 de aquella bestialidad, como cada año, acudirán
niños y jóvenes al pie de la tarja ubicada en Humbolt siete, a rendir
homenaje a quienes sin dudarlo entregaron sus vidas incipientes y su sangre.
A ofrecer el más supremo tributo: la eterna presencia en la memoria.
(Cubaminrex- AIN)

 

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