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Masacre en embajada de Haití: viva contra la desmemoria
 
   CUBA, 25 de octubre de 2011. A las dos de la tarde del 29 de octubre de 1956, numerosos miembros de la policía batistiana, comandados por algunas de las más sanguinarias hienas
del régimen, irrumpieron en la embajada de Haití en La Habana y perpetraron
una de las tantas masacres que caracterizaron a la criminal dictadura de
Fulgencio Batista Zaldívar.
   Desde hacía varios días, seis jóvenes revolucionarios quienes escaparon
de la feroz persecución policial tras el fallido intento de tomar el cuartel
Goicuría el 29 de abril de ese propio año, se encontraban asilados en la
sede diplomática, ubicada entonces en la intersección de las calles séptima
y 20, en la localidad de Miramar.
   Eladio Cid Crespo, Orlando Fernández Ferray, Leonel Guerra Mendoza,
Salvador Ibáñez Ibáñez, Rubén Hernández Concepción y Carlos M. Casanova,
estaban a la espera de sus correspondientes visados para trasladarse a otros
países.
   El 28 de octubre, otros cuatro luchadores clandestinos acudieron a la
misión y solicitaron asilo político a las autoridades de Port au Prince,
entre ellos, Gregorio García Borundarena y Secundino Martínez Sánchez,
acusados del atentado contra el tristemente célebre mafioso y asesino
Rolando Masferrer, senador de la república por aquel entonces.
   Dos días antes de la matanza, había ocurrido el suceso que tenía en
ascuas a la dictadura y alimentó el sadismo y crueldad de sus esbirros. Al
filo de la medianoche del 27 de octubre, un comando del Directorio
Revolucionario penetró en el cabaret Montmatre y ajustició al coronel
Antonio Blanco Rico, jefe del macabro Servicio de Inteligencia Militar.
   Con el canallesco jefe de la policía al frente, brigadier Rafael Salas
Cañizares, acompañado por el lúgubre trío integrado por los coroneles
Orlando Piedra Negueruela, Conrado Carratalá y el capitán Esteban Ventura
Novo, los sicarios tomaron posiciones frente a la embajada y se percataron
de que el personal diplomático no estaba en ella.
   Según testimonios de vecinos, violando los convenios de inmunidad
diplomática, la jauría irrumpió en la residencia a las dos de la tarde.
Cañizares, portando una ametralladora Thompson tomó por el pasillo lateral
que conducía al garaje, donde se refugiaban cuatro de los revolucionarios.
De repente, se topó cara a cara con Secundino Martínez.
   El esbirro reaccionó primero y descargó la ráfaga sobre el joven.
Secundino cayó sobre el granito mortalmente herido. Con sus casi 300 libras
de peso, el matón avanzó pocos pasos para rematarlo, pero no se imaginaba
que "El Guajiro" era el único de los 10 combatientes clandestinos que
portaba su arma atenazada al pantalón.
   Las seis balas disparadas por el moribundo burlaron el chaleco antibalas
del esbirro. Cuatro impactaron por debajo de su ombligo, la quinta penetró
en la ingle y la última le rozó la cabeza. La mole se derrumbó con estrépito
y fue trasladada en el carro patrulla al Hospital Militar, donde murió un
día después.
   El sangriento aquelarre se desató seguidamente. Los nueve jóvenes
restantes fueron baleados a mansalva durante 30 minutos por órdenes de
Orlando Piedra, y los despojos arrastrados escaleras abajo hasta la calle.
bestial anticipo de lo que acontecería meses más tarde en Humbolt 7.
   La diplomacia haitiana de entonces protestó contra la descarada violación
de la extraterritorialidad de su embajada. Desmintió informaciones oficiales
referentes a que la intervención policial se produjo a petición de
funcionarios de la sede diplomática. Pero las tensiones fueron olvidadas
antes del nuevo año, con el advenimiento del nuevo presidente en la nación
franco-caribeña.
   El suceso fue silenciado por la prensa internacional. Nadie llevó el caso
al seno de la Organización de Estados Americanos (OEA), a la Organización de
Naciones Unidas (ONU) o al Congreso de los Estados Unidos. Lo acaecido hace
55 años, integra el abultado dossier de atrocidades cometidas y sufridas
durante aquel período sangriento, calificado hoy como "modelo" de democracia
por algunos asesinos, cómplices y otros desvergonzados. (Cubaminrex- AIN)

 

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