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Palabras del embajador Marcelino Medina, en representación de los trabajadores del Ministerio de Relaciones Exteriores en la Velada Solemne por el Centenario del Canciller de la Dignidad

Compañeros de la Presidencia, estimados familiares de Roa, compañeras y compañeros:

Son ya más de mil los graduados del Instituto de Servicio Exterior que en 1971 fundara Raúl Roa García, el cual, desde 1982, como Instituto Superior de Relaciones Internacionales, lleva con orgullo y especial compromiso su nombre.

Son muchos las compañeras y compañeros que han pasado por esas aulas, que en una noche solemne como la de hoy, merecen el honor de compartir aquí algunas reflexiones para recordar a ese paradigma de Ministro de Relaciones Exteriores de la Revolución Cubana que fue Roa.

Pienso especialmente en Fernando y en Gerardo, egresados del ISRI quienes junto a Tony, René y Ramón dan al mundo un admirable ejemplo de firmeza inquebrantable y lealtad absoluta, cualidades con las que soñaba Roa para un Ministerio de Vanguardia.

Para las jóvenes generaciones y creo que para todos, estas jornadas de conmemoración del Centenario del natalicio de Roa han contribuido de manera modesta a acercarnos más a un hombre excepcional, en quien nuestro Comandante en Jefe confió la conducción de la Cancillería que necesitaba la Revolución en aquellos momentos iniciales del triunfo.

Muchos de los que fuimos alumnos del ISRI, que gracias a esa Revolución contamos con igualdad de oportunidades para cursar una carrera universitaria, no habíamos nacido o éramos muy pequeños cuando ya Roa brillaba en sus épicas batallas en la OEA o en la ONU.

Crecimos conociéndolo con el sobrenombre que ya se había ganado desde agosto de 1960 en San José, Costa Rica como Canciller de la Dignidad y formamos parte de ese pueblo que tanto se identificaba con su pulida cultura, su agudo sentido del humor, su dinamismo y diligencia, su dominio del oficio, su honestidad, su valor y su “criollismo de cepa”.

Cuando ingresamos al Instituto Superior de Relaciones Internacionales nos impactó el reto de un programa de estudios muy completo y profundo, concebido por el propio Roa para contribuir a formar a los representantes diplomáticos y consulares como “soldados de la Revolución”, que descollasen “por su cualificación política, competencia técnica, lealtad absoluta, firmeza inquebrantable, conducta austera y por el diestro manejo de la táctica, el tacto y el contacto”.

Roa concebía la educación no como un acto sino como un proceso, que por demás no es espontáneo ni actúa en el vacío. Hacía suyas las palabras de Varona cuando citaba que: “Debe la Universidad enseñar, desde luego, pero debe ante todo despertar la curiosidad de saber, el deseo de ver cada cual por sí mismo, de experimentar, de investigar, de criticar". A la vez afirmaba que:“La conciencia política y la competencia técnica sólo se obtienen mediante el estudio, el trabajo, el espíritu de sacrificio, la pasión revolucionaria”.

Ese espíritu de sacrificio, una activa participación en todas las tareas y batallas que ha protagonizado nuestro pueblo, la necesidad de profundizar en la formación política e ideológica, sobre bases marxistas-leninistas, la lealtad a los principios, al Partido y a Fidel, han sido brújulas que como quería Roa han guiado siempre el quehacer de ese Instituto. Sin dudas, todo esto deja una profunda huella en la formación de un joven.

El proceso concebido por Roa no terminaba con el acto de graduación. Puede afirmarse que era apenas un comienzo pues como nos advirtiera el Rector nuestro primer día de clases, la Universidad nos iba a graduar de “ignorantes conscientes”.

El Canciller había proyectado también el reto de la capacitación y superación de aquellos que debían ser los ejecutores de la política exterior del Gobierno Revolucionario como todo un sistema. Los que permanecían en el MINREX se habían seguido superando, habían adquirido la excelencia del trabajo al fragor de la batalla y con ingentes iniciativas de calificación. Todos formaron parte de un colectivo cada vez más profesional que contribuiría a importantes éxitos de Cuba en la arena internacional. Siguieron siendo nuestros maestros y son una fuente inagotable de donde extraer siempre experiencias y excelentes ejemplos.

Roa, que consideraba “estar conforme con lo obtenido como el preámbulo del estancamiento” nunca permitiría estar satisfechos. El fue un ejemplo vivo del ejercicio de la crítica y la autocrítica. Y en ese sentido deseo reconocer que no hemos estudiado lo suficiente y lo necesario su obra y también su vida.

Tal vez ante la admiración de su magistral epopeya en el campo diplomático, no hemos prestado toda la atención que merece a la trayectoria revolucionaria de este hombre con sangre mambisa, que estuvo entre los protagonistas de la Revolución del 33, que se mantuvo como “francotirador” contra los gobiernos posteriores y que desde 1959, en su condición de Ministro de Relaciones Exteriores personificó, como pocos, la continuidad histórica de la Revolución.

Estimadas compañeras y compañeros, al inicio expresamos que preferimos que hubiesen sido Gerardo o Fernando los que hablasen en un acto como este. Pero, estamos seguros, que más temprano que tarde llegará el día en que escucharemos a nuestros Héroes contarnos directamente cómo Roa ha sido también paradigma para su resistencia, su apego a los principios y la defensa de esa Dignidad de la cual él fue su Canciller.

Muchas Gracias

 

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