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Intervención de Lester Delgado Sánchez , Secretario General de la UJC del Ministerio de Relaciones Exteriores , en el acto conmemorativo celebrado en la sede de la Cancillería, con motivo del 40 aniversario de la caída del Che

8 de octubre de 2007.

Compañeras y Compañeros:

Nos reunimos hoy para rendir tributo al Comandante Ernesto Guevara de la Serna (Che). Y lo hacemos con esta modesta muestra de documentos que dan testimonio de su quehacer como representante de Cuba y hacedor de la política exterior de la Revolución cubana.

Rendimos igual tributo, a los compañeros caídos ese día: los capitanes Orlando Pantoja Tamayo (Olo) y Alberto Fernández Montes de Oca (Pacho); a René Martínez Tamayo y al boliviano Aniceto Reinaga Gordillo, así como a todos los combatientes que acompañaron al Che en esa gesta.

No es esta una conmemoración rutinaria en el aniversario cerrado de su muerte, sino, un gesto de amor que se debe y nunca se pagará, y cuyo único ejercicio digno es lo que seamos capaces de hacer todos los días.

Es muy difícil tener que hablar de un hombre como el Che, porque de todo se ha dicho y nada es suficiente, porque hay hombres que escapan a las palabras, que renuncian a vivir sólo en los libros de historia o en manuales de ideologías y doctrinas, porque exigen el compromiso sincero, humano y creador, que nos obliga a vivir bajo la observancia de su ejemplo, sabiéndonos de antemano imperfectos.

Es difícil hablar de un héroe que criticaba el culto a la personalidad y que prefería hacer a decir. Este homenaje es de antemano incompleto, sino no motivara una reflexión sobre nosotros mismos, sino justificara un planteamiento contra lo mal hecho que nos rodea y sino nos moviera a cambiar todo lo que debe ser cambiado, en nombre del bienestar de nuestro pueblo y del fortalecimiento constante de esa obra llena de humanismo que llamamos Revolución.

Porque es la coherencia entre lo pensaba, decía y hacía, al precio que fuera necesario, lo que lo ha convertido en ejemplo de revolucionario universal. En un hombre que trasciende las fronteras geográficas, generacionales y muchas veces hasta ideológicas, porque su ética y los valores por los que luchó y murió, radican en lo esencialmente humano.

La Revolución es una obra de amor, sin odios ni rencores, solo movida por los ideales más puros de justicia. Sólo así se comprende la fuerza de la voz del Comandante Guevara calmando a su propio asesino, sabiendo que no moriría, si nuestra Patria generosa entregaba al mundo hijos como Gerardo, Antonio, Ramón, Fernando y René o como los miles de obreros y campesinos que madrugan todos los días, para en medio de las dificultades, cumplir con su trabajo.

Sentir que de hombres de esa magnitud es hija la Revolución cubana, es un orgullo, es la estrella que nos acompañará siempre y la responsabilidad que nunca podremos abandonar, sin perdernos a nosotros mismos. Decía el Che en su carta de despedida: “libero a Cuba de cualquier responsabilidad, salvo la que emane de su ejemplo”… y … “en dondequiera que me pare sentiré la responsabilidad de ser revolucionario cubano y actuaré como tal.” Eso es lo que se exige de nosotros.

Creo que el Che hubiese preferido hoy, más que hablar de él, que habláramos de la necesidad impostergable de responder al llamado de Fidel y Raúl:

- A trabajar unidos y sin descanso por la construcción de una sociedad comunista, en la que el Hombre nuevo encuentre su realización plena.

- A ser cada vez más eficiente en nuestro trabajo y como indicara Raúl, a “trabajar con sentido crítico y creador” … e … “identificar con precisión y valorar con profundidad cada problema” y dar la solución más adecuada.

- Es claro el llamado a dejar de justificar nuestra falta de celeridad y efectividad ante los problemas de la población, justificándonos o como resultado “de carecer de la sensibilidad y la valentía política requerida” para enfrentar estos problemas, sin ignorar las causas externas, que como el Bloqueo Económico, Financiero y Comercial de los Estados Unidos, agravan la situación.

Es necesario recuperar el valor trabajo; decía el Che: que el Socialismo es conciencia más producción de bienes y servicios. Si no producimos, si no hacemos de nuestro trabajo la trinchera cotidiana de defensa de la Revolución, no podremos avanzar, y nadie vendrá a hacer lo que nos toca y es nuestro deber.

El Che dejó en Cuba y cito: “… lo más puro de (sus) esperanzas de constructor…” y es nuestro deber sagrado, no faltar a esas esperanzas.

El mejor homenaje al Che es recordarlo no con palabras, sino con nuestra acción consecuente y diaria. Él dijo, que su “último pensamiento (sería) para este pueblo”, por lo que dar lo mejor de cada uno de nosotros, es el tributo merecido, a quien murió, con la confianza inquebrantable en que sabríamos defender y perfeccionar nuestra Revolución, en que marcharíamos unidos y como él nos pidió:

¡Hasta la Victoria siempre!

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