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Antonio Maceo y Che Guevara: dos grandes de la historia de Cuba

HONDURAS, 16 de junio de 2008. Una casualidad histórica reúne en un mismo día el natalicio del mayor general Antonio Maceo y el guerrillero comandante Che Guevara, a quienes genio y leyenda hicieron coincidir en muchas más cosas, en primer lugar la vocación latino americanista.

No era necesaria la hermosa coincidencia del natalicio de Maceo y Ché, un 14 de junio, para que la Historia los condujera juntos hacia los caminos de la inmortalidad.

Era Maceo el cubano más conocido en América Latina, en la segunda mitad del siglo XIX -de acuerdo con su biógrafo José Luciano Franco-, desde Perú al Caribe, México y las comunidades en Norteamérica de emigrados antillanos pues contaba con miles de admiradores de sus hazañas y fino trato.

Ernesto Che Guevara conquistó a las mayorías en la segunda mitad del siglo XX y su rostro sigue colmando plazas en brazos de personas de todas las generaciones en lo que va del presente milenio.

Ambos enfrentarían grandes retos en sus vidas, breves pero intensas, descollarían por sus hazañas militares y desarrollarían un pensamiento propio, capaz de trascender más allá de la obra personal.

Uno, el primogénito de los Maceo Grajales, Antonio de la Caridad, vino al mundo en una sociedad esclavista colonial el 14 de junio de 1845, en el hogar de los pardos libres Marcos y Mariana, en Santiago de Cuba.

Buen jinete y diestro en la esgrima del machete de defensa personal; inteligente, disciplinado y atacador, se incorpora a la primera guerra independentista el 12 de octubre de 1868, de simple soldado, con 23 años de edad. En mayo de 1877 muestra ya las estrellas de mayor general.

Es el hombre que desafía a España, al rechazar la paz sin independencia que ofrecía el Pacto del Zanjón, en la célebre Protesta de Baraguá el 15 de mayo de 1878. Fue Lugarteniente General del Ejército Libertador en la Guerra independentista de 1895. Su vida de guerrero se resume en más de 800 acciones durante la Guerra de los 10 años (Guerra de 1868) y 119 combates en la guerra de 1895, en poco más de año y medio.

Luego de un ir y venir cerca de Cuba (Jamaica, Nueva York, Haití, República Dominicana e Islas Turcas), con planes de regresar para reanudar la lucha independentista, en junio de 1881 Antonio Maceo se estableció en Honduras con el grado de general de división del ejército hondureño. Al año siguiente, en mayo, fue nombrado juez suplente del Tribunal Supremo de Guerra; y en el mes de julio, comandante militar en Omoa y Puerto Cortés.

El otro niño, Ernesto Guevara de la Serna, nació el mismo día pero del año 1928 en Rosario, Argentina, en la familia de un contratista de obras de igual nombre y de Celia, la amorosa madre.

Antes de terminar las últimas asignaturas de medicina, las inquietudes sociales llevan al joven atleta a emprender un viaje continental que cambiaría su vida. Parte en una moto, el 29 de diciembre de 1951, con el amigo Alberto Granados. Entraron en contacto con la naturaleza americana, los mineros chilenos, la antigua cultura incaica y los hospitales de leprosos. Regresa a casa para rendir exámenes y graduarse el 11 de abril de 1953, con una tesis sobre alergia.

En julio de ese año, lo despiden sus padres en Buenos Aires, cuando parte con el objetivo de reunirse en Caracas con Granados. Casi seis años después lo volvieron a ver, el 9 de enero de 1959, en el aeropuerto internacional José Martí de La Habana, convertido en el victorioso guerrillero Che Guevara. Sus caminos cambiaron de la medicina humana a la medicina social.

A mediados de 1957, a los 29 años de edad, recibió el primer ascenso a Comandante (máximo grado del Ejército Rebelde), dado por Fidel Castro y el mando de la segunda columna constituida.

Che Guevara no reposó en el hogar ya fomentado en Cuba, para ir primero a socorrer a otros pueblos, y en su intento de reconstruir el sueño de Bolívar, morir después por manos asesinas, en La Higuera, Bolivia, en octubre de 1967.

En encendido y fulgurante corcel anda el Titán en nuestra mente. Y con su espada de viento abate ejércitos enteros. Siempre es el primero en atravesar el océano de proyectiles españoles. Tal es su temeridad que hoy, cuando la acción roza con lo superdifícil y lo arriesgado, no inventamos una metáfora barnizada. Solo decimos en dialecto: “¡Para hacer eso hay que tener más coraje que Maceo!”.

El Guerrillero Heroico cabalga en un Rocinante del futuro. Lleva un sol de voluntades en la frente. Y disipa su asma crónica con el ajetreo. Y resulta un torbellino incansable; es machetero, obrero de mármol, diplomático, ministro y embajador de la verdad más dura.

Así van los dos, sin desmayarse. A veces se entrelazan las proezas y parecen uno solo. Llevan en este peregrinar, una coraza de amianto y de cascada. Y para andar veloces no precisan estaciones, ni necesitan decir que el mismo día de junio es su padre.

Van, envueltos en una aureola “inoxidable”, hacía lo infinito. Su viaje no tiene retroceso.

(Cubaminrex-Embacuba Honduras)


 

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