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Conferencia de prensa ofrecida por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, acerca de los sucesos de la Cumbre sobre Cambio Climático en Copenhague, en el MINREX, el 21 de diciembre de 2009, “Año del 50 aniversario del triunfo de la Revolución”.

 

Carina Soto.-  Buenos días.  Bienvenidos a la conferencia de prensa del Ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, compañero Bruno Rodríguez Parrilla, quien tratará sobre la cumbre de Copenhague.

Están también con nosotros el viceministro primero del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Fernando González, y otros miembros de la delegación cubana que participaron en el evento.

Ministro, aquí están presentes los representantes de los medios de la prensa nacional y 47 corresponsales de 35 medios de la prensa internacional acreditados en Cuba, de 14 países.  Tiene usted la palabra.

Bruno Rodríguez.-  Buenos días.

Les agradezco mucho este tiempo que van a compartir con nosotros. 

Nos parecía oportuno y necesario dar una información detallada sobre lo ocurrido en la Cumbre de Cambio Climático de Copenhague, la Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático, que acaba de concluir.

Como ustedes conocen, la delegación cubana fue presidida por el vicepresidente Esteban Lazo.  Aquí me acompañan el compañero Fernando González, viceministro primero del Ministerio de Tecnología y Medio Ambiente de Cuba (CITMA); el compañero Pedro Luis Pedroso, subdirector de Asuntos Multilaterales del Ministerio de Relaciones Exteriores; el compañero Jorge Luis Fernández Chamero, director del Ministerio de Ciencia y Tecnología; el compañero Luis Paz, también especialista, experto de ese ministerio; y no está con nosotros el compañero Orlando Rey, que fue uno de los negociadores cubanos en este proceso.

He visto en la mañana de hoy un cable de prensa, de AFP, que atribuye al Primer Ministro británico, Gordon Brown, la acusación de que un puñado de países había tomado como rehén las negociaciones sobre el clima en Copenhague.

Dijo:  “Nunca más deberíamos enfrentar el punto muerto que amenazó con hacer fracasar estas negociaciones, nunca más deberíamos dejar que solo un puñado de países tomen como rehén un acuerdo global hacia un futuro más verde.”

También hay declaraciones de ayer, del ministro del medio ambiente británico, Ed Miliband, con acusaciones mendaces sobre la actitud de la correlación, las distintas posiciones que asumieron las delegaciones de los Estados partes de esta convención; en la lectura de la prensa del domingo y de la propia televisión, incluidas posiciones editoriales, uno aprecia que hay una enorme confusión con lo ocurrido en Copenhague.  Por tanto, quisiera enfatizar en que en Copenhague no hubo acuerdo alguno de la Conferencia de las Partes, no se tomó ninguna decisión con relación a compromisos vinculantes o no vinculantes, de naturaleza política o de naturaleza de derecho internacional, en modo alguno; simplemente, en Copenhague no hubo acuerdo.  Copenhague, muy lamentablemente, terminó sin el menor acuerdo.

En Copenhague solo hubo una componenda ambigua y engañosa, a espaldas de la conferencia, impuesta por el presidente Obama a un grupo de países, que después se trató de imponer a los Estados partes de la convención.

En esta cumbre hubo un solo Obama, imperial, arrogante, que no escucha, que impone posiciones y que incluso amenaza a los países en desarrollo.

La Cumbre de Copenhague fue un fracaso y un engaño a la opinión pública mundial.  La causa de ello se hizo allí evidente:  quedó al desnudo la falta de voluntad política de los países desarrollados. 

En esta cumbre ni siquiera hubo fotos.  La foto habitual de los jefes de Estado, que a veces adornan cumbres sin mucho contenido, en este caso, muy tristemente, ni siquiera la hubo, sino imágenes de una represión violenta sobre manifestantes y hechos de exclusión de las Organizaciones No Gubernamentales.  La tan pregonada sociedad civil, que muchas veces se utiliza por los países desarrollados con motivaciones netamente políticas, fue excluida de la sala del evento, a partir del primer día.

Copenhague fue un paso atrás en la acción de la comunidad internacional para prevenir o mitigar los efectos del cambio climático, del calentamiento global.

Los patrones irracionales de producción y consumo, en los países capitalistas desarrollados, son la causa del cambio climático, y el orden internacional actual es un obstáculo estructural para avanzar en el camino de la cooperación internacional, de los compromisos de financiamiento y transferencia de tecnología de los países desarrollados a los países del Sur, precisamente en la adopción de estas estrategias.

Copenhague había concitado una enorme expectativa, asistieron más de 100 jefes de Estado.  En total se calculaban los participantes, según los anfitriones, en más de 46 000; es decir, era una mega conferencia que, sin embargo, ha terminado en el fracaso, de ustedes conocido, y que yo voy a argumentar con detalles hoy.

Como ustedes conocen, trato de ser muy conciso en los encuentros con la prensa, hoy tendré que utilizar más de su tiempo, porque quiero, incluso, presentar evidencia documental de lo que estoy diciendo.

Ya el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en Río de Janeiro, en 1992, había dicho:  “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer, por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida:  el hombre.  Las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente.  La solución no puede ser impedir el desarrollo a los que más lo necesitan.  Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta; menos lujos y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra.”

Este discurso emblemático de Fidel, que es, además, un prodigio de síntesis, podría haber sido el presentado por la delegación cubana, porque cada palabra conserva plena vigencia.

En su momento, aunque fue un discurso extraordinariamente aplaudido y bien acogido en esa conferencia, algunos podían pensar que se exageraba.  Los datos actuales indican que entonces ni siquiera se podía calcular, en toda su enorme dimensión, la gravedad del problema, y voy a fundamentar la inminencia del peligro, la gravedad del problema, que la Conferencia de Copenhague tenía que haber resuelto y que no pudo hacerlo.

La temperatura promedio ha crecido 0,8º centígrados desde 1980; las temperaturas en Alaska, el oeste canadiense y el este de Rusia han subido a un ritmo que duplica el promedio mundial de elevación de la temperatura.  Los efectos son visibles en las masas de hielo, de más de dos kilómetros de altura, de Groenlandia, los glaciales de Suramérica y la gigantesca capa de hielo de la Antártida.

Las últimas dos décadas del siglo XX fueron las más calurosas de los últimos 400 años, y posiblemente las más calurosas de varios milenios. 

En el transcurso del siglo XXI o poco más, el promedio de la temperatura mundial podría aumentar en 5º.  Poniéndolo en un contexto comprensible, eso sería el equivalente al cambio de temperatura que ocurrió en el planeta desde la última era glacial, cuando Europa y América del Norte se encontraban cubiertas por más de un kilómetro de hielo; es decir, este cambio de temperatura es equivalente a aquel que provocó un cataclismo, un cambio extraordinario en el planeta en su biodiversidad.

En el 2040 podría producirse el primer verano completamente libre de hielo en el ártico.  Científicos climáticos han documentado tendencias de más olas de calor, sequías más largas y más intensas, un nivel del mar más alto, situaciones de lluvias más frecuentes y huracanes más fuertes; pequeños Estados insulares corren el riesgo de desaparecer bajo las aguas, los bosques desaparecen y los desiertos se extienden.

Si la temperatura global aumentara entre 1,5º centígrados y 2,5º centígrados, un 30% de las especies desaparecerá y numerosas islas se hundirán en el mar.

Los países en desarrollo experimentarán un declive entre un 9% y un 21% de su productividad agrícola, en algunos países africanos con agricultura asociada a las lluvias se reduciría la productividad de los cultivos hasta en un 50% —es decir, se reduciría a la mitad la productividad de los cultivos para el 2020. 

Los precios medios de los alimentos aumentarían en proporción con los incrementos de temperatura hasta el 2050.

Doscientos sesenta y dos millones de personas fueron afectadas anualmente por desastres climáticos entre el 2000 y el 2004, el 98% de ellas vive en países subdesarrollados.  Se calcula que en el 2015 ese total de personas afectadas será de 375 millones de personas anuales.

El 76% de las emisiones acumuladas de gases de efecto invernadero se han originado en los países industrializados, y estas emisiones, entre el año 1990 y el 2003, después del Protocolo de Kyoto y el acuerdo de reducirlas, se incrementaron en 12,8%. 

Denuncio que las emisiones de carbono de los países desarrollados se incrementaron, desde el Protocolo de Kyoto hasta la fecha, en 12,8%.  De ese notable incremento, el 55% corresponde a incrementos de los Estados Unidos de América.  Las emisiones de Estados Unidos aumentaron un 20%.  Con tan solo el 4,6% de la población mundial, Estados Unidos concentra el 20% de las emisiones globales. 

Un estadounidense consume, como promedio, 25 barriles de petróleo anuales, un europeo 11,un ciudadano chino menos de dos y un latinoamericano o caribeño menos de uno.

Cerca de 1 000 millones de ciudadanos del primer mundo derrochan alrededor de la mitad de la energía del planeta; 2 000 millones de pobres carecen siquiera de electricidad. 

Treinta países, incluidos los de la Unión Europea, consumen el 80% del combustible que se produce. 

No exagero, 15 países desarrollados incrementaron sustancialmente sus emisiones entre 1990 y 2007.  En el año 2004 los per cápita de emisión de carbono fueron en la Unión Europea de 8,1 toneladas, porque aquí hay que tener en cuenta no solo los niveles de emisión actual, sino dos factores:  un factor es la acumulación histórica de emisiones, el Reino Unido está emitiendo carbono desde la Revolución Industrial; y, un segundo factor es que no se pueden evaluar solo las emisiones brutas, sino las emisiones per cápita.  Cada ciudadano europeo emite 8,1 toneladas de carbono; cada norteamericano emite 20,9 toneladas de carbono; un latinoamericano o caribeño, 4,9, y un africano 2,3.

El propio señor Gordon Brown, que estuvo todo el tiempo activo en la conferencia y cuya delegación desempeñó un papel nefasto en aquella sesión fatídica de la madrugada del día 19 de diciembre, advirtió que si no se alcanza en la Cumbre de Naciones Unidas en Copenhague un acuerdo, las consecuencias serán desastrosas. 

Otros científicos habían dicho que inundaciones, sequías y olas de calor letales serán algunas de las consecuencias catastróficas descritas, precisamente, por el señor Brown.

El cambio climático quedará fuera de control en los próximos cinco a 10 años si no se recortan drásticamente las emisiones de C02.  No habrá un Plan B, si fracasa Copenhague. 

El mismo Gordon Brown dijo:  “Si no se alcanza un acuerdo, sin dudas el daño de las emisiones descontroladas no podrá ser reparado por un acuerdo futuro.” Enumeró, como consecuencias, conflictos, emigración descontrolada y 1 800 millones de personas con escasez de agua.

Puede afirmarse con todo rigor, con todos los datos, con toda la evidencia, que los países desarrollados han incumplido flagrantemente los compromisos que adoptaron como parte del Protocolo de Kyoto:  aumentaron drásticamente sus emisiones; tratan de ocultar el hecho modificando la base de cálculo, que es el año 1990, universalmente aceptada, y sustituirla por el año 2005, para ocultar, precisamente, esos 15 años de incremento sostenido de emisiones.

En segundo lugar, incumplieron sus compromisos de financiamiento a países del Sur, a países subdesarrollados, para garantizar, precisamente, acciones de reducción de emisiones de carbono en esos países o mitigación, sin sacrificar el derecho al desarrollo de estos países.  No se puede pedir a los países del Sur que no se desarrollen para que no emitan carbono, y es imposible desarrollarse sin emitir carbono en las condiciones de la tecnología actual. 

Incumplieron sus compromisos de financiamiento para acciones de adaptación en esos países.  Cómo resolver con irrigación los problemas de sequía; es decir, cómo compensar los efectos que está teniendo el cambio climático.  Toda la evidencia permite demostrar un incumplimiento flagrante, grosero, de los compromisos adoptados en el Protocolo de Kyoto.

En el debate, en el Plenario de la Conferencia de los Estados parte, se produjeron los discursos importantísimos del compañero Chávez, que fue ampliamente reproducido en la prensa cubana, en que dijo —refiriéndose al texto que después apareció—:  “es un texto que viene de la nada, no aceptaremos ningún texto que no venga de los grupos de trabajo, que son los textos legítimos que se han estado negociando estos dos años”, y que permanecían reunidos sin dormir durante horas, en dos salas, funcionando sin pausa, con las delegaciones internacionales, de una manera transparente, correcta, oficial, ante la opinión pública. 

Siguió diciendo Chávez:  “El cambio climático es, sin duda, el problema ambiental más devastador de este siglo; reducir la emisión de gases contaminantes y lograr un convenio de cooperación a largo plazo, que eran los propósitos de estos dos grupos” —dice el Presidente—, “parece haber fracasado por ahora.  ¿La razón cuál es?  La actitud irresponsable y la falta de voluntad política de las naciones más poderosas del planeta.”

El presidente Evo Morales, desde la profunda razón y sabiduría de las culturas ancestrales indoamericanas, expresó:  “Cuando preguntamos, ¿qué pasa con los anfitriones?”              —es decir, con el gobierno danés que presidía esta conferencia—, “nos dicen que es Naciones Unidas.  Cuando preguntamos, ¿qué pasa con las Naciones Unidas?, dicen que es Dinamarca, y no sabemos quién desorganiza este evento internacional.”  Después ha quedado claro que no era Naciones Unidas quien desorganizaba este evento internacional, sino Estados Unidos.

“Estoy muy sorprendido” —sigue diciendo Evo—, “porque solamente tratan de los efectos y no de las causas del cambio climático.  Si nosotros no identificamos de dónde viene la destrucción del medio ambiente, seguramente nunca vamos a resolver este problema; es nuestra obligación defender el derecho de la Madre Tierra”, y propone, a continuación, un referendo mundial, con preguntas sencillas, al alcance de cualquier ciudadano del mundo, de Norteamérica, Europa, África, América Latina y Asia, pidiendo que se escuche la opinión, en un acto de democracia elemental, un asunto en que nos va la vida a todos los que habitamos este planeta, incluso no solo a los seres humanos, sino a todas las especies que habitamos este planeta.  Evo Morales con razón dice:  “Consúltese a los pueblos.”  Y he visto más recientemente que lanza la idea de convocar una cumbre mundial de los pueblos, en respuesta al fracaso de Copenhague.

El compañero Esteban Lazo, en su discurso, el mismo día 17 de diciembre, antes del formato cerrado o el secuestro de la conferencia para crear condiciones para un show propagandístico, había dicho:  “Debo también sumarme a su denuncia y protesta” —a la de Chávez y Evo— “por la falta de transparencia y la existencia de formato de negociaciones excluyentes y paralelos de documentos que hoy se dice que no existen.  Al parecer, se convoca para mañana una reunión con un listado de oradores limitado, escogidos de manera nada democrática.  Notamos con preocupación la exclusión de las Organizaciones No Gubernamentales de esta sala y denunciamos la evidente represión contra los manifestantes.”

Continúa diciendo Lazo:  “Según lo expresado en la Declaración Especial sobre Cambio Climático de la Cumbre del ALBA, recién finalizada en La Habana, el cambio climático se convierte en el más serio y urgente problema que enfrenta la humanidad.  Pero el egoísmo y el interés de los países desarrollados en preservar un orden económico injusto e inequitativo, impiden emprender el cambio que reclaman las generaciones presentes y futuras.”

[...]

“Los países desarrollados deben asumir la plena responsabilidad por el impacto que sus economías y estilos de vida, sustentados en patrones de producción y consumo derrochadores e insostenibles, le han infligido al equilibrio climático global.”

[...]

“Los Estados Unidos, que concentran cerca de la cuarta parte de las emisiones globales, no deben continuar manteniendo a la comunidad internacional como rehén de su política doméstica.”

Todo estaba claro, todo estaba advertido desde el mediodía y horas de la tarde del día 17 de diciembre, cuando entonces se produce el formato cerrado, convocado de una manera medio subrepticia, medio clandestina por el Primer Ministro de Dinamarca.  Aparecía en el programa de la reunión como una pequeña nota, que decía:  “Evento informal convocado por invitación del gobierno de Dinamarca.”

Ya había escándalo y expectativa con la llegada de Obama, que sería el gran componedor de último minuto, el solucionador de procesos que habían tomado varios años y que permanecería, además, pocas horas en la capital Copenhague.

Es así que de manera arbitraria, antidemocrática e injusta, se organiza un formato cerrado, en el que participan una veintena de jefes de Estado y del cual se excluyen a alrededor de ochenta u ochenta y tantos jefes de Estado restantes y a las demás delegaciones.

El compañero Pedroso, que me acompaña aquí, hizo gestiones personales ingentes, de carácter oficial, con el gobierno danés y con la secretaría de la Conferencia de las Partes de Cambio Climático, y le fue confirmada la voluntad de hacerlo así y la evidencia de que se comprendía el alcance de tan grosera violación de los procedimientos de Naciones Unidas.

Los presidentes Evo Morales y Chávez reclamaron su derecho a hacer uso de la palabra y se les trató de impedir hacerlo.  Se les concedió la palabra en el último momento, cuando prácticamente una parte considerable de las delegaciones se habían marchado, ante su insistencia, después que se les trató de disuadir explicándoles que era una invitación, que era un formato cerrado, de decirles directamente que ellos no estaban invitados a ese formato.  Hubiera sido un escándalo y una rebelión, que ni siquiera en esas condiciones se hubiera permitido hablar a dos jefes de Estado que insistían en hacerlo.

Se produjeron allí entonces los brillantes discursos de los compañeros Evo y Chávez, en lo que denunciaron esta maniobra, denunciaron el proceso que venía encima de sustitución de la negociación oficial y universal de las Partes, por la imposición de un papel cocinado en secreto y se opusieron a lo que estaba allí ocurriendo, responsabilizaron al gobierno danés con lo que allí estaba pasando.

Se produce entonces, horas después, la conferencia de prensa del presidente Obama.  Ya él había hablado en este formato reducido y lo había hecho con extrema arrogancia, con una arrogancia ofensiva, con una expresión en el rostro que indicaba plena conciencia de que mentía, de que engañaba a la opinión pública y de que imponía decisiones a ese evento.

Hay que conceder a Obama que, sin embargo, su postura es distinta totalmente de la de Bush.  El presidente Obama, por lo menos, reconoce la existencia del cambio climático, la existencia del problema, su gravedad y la evidencia científica; que Bush ni siquiera aceptaba, decía que eran coincidencias, ciclos largos del clima, etcétera.

El presidente Obama dijo allí —voy a traducir directamente del inglés—:  “Después de meses de conversación y dos semanas de negociaciones, yo creo que están claras ahora las piezas de un acuerdo.  Las mayores economías tenemos que hacer avanzar acciones nacionales decisivas”, y entonces confirma el anuncio, que ya habían hecho días antes, de que Estados Unidos cortará sus emisiones en un 17% para el 2020.

¿Qué quiere decir cortar las emisiones en un 17% para el 2020?  Quiere decir que está calculando contra las emisiones de Estados Unidos del año 2005 y que está ocultando que es uno de los más grandes emisores, que es uno de los más grandes acumuladores de emisiones en la historia, que es récord mundial y olímpico de emisiones per cápita actuales, y, sobre todo, está engañando a la opinión pública, porque si dijera honestamente, ateniéndose a las bases de cálculo universalmente aceptadas, tendría que decir que, con relación al año 1990, lo que Estados Unidos está proponiendo es reducir un 3% aproximadamente de sus emisiones globales de carbono.

Sigue diciendo Obama:  “Tenemos que tener un mecanismo para revisar si los países estamos cumpliendo nuestros compromisos.”  Injerencia, intervención en los asuntos internos de los Estados.  Fue algo que se trató de imponer a los países en desarrollo, se trató de imponer a las llamadas economías emergentes, a China, a Brasil, a Sudáfrica, a la India, se trató de imponer de una manera violenta, y fue de los elementos que trabaron esto; un intento de cambiar el régimen actual de comunicaciones nacionales, de informes que hacen los Estados, a un mecanismo de intervención.

Obama, incluso, llegó a decir enb algún momento:  “Bueno, nosotros, en definitiva, tenemos satélites que permiten monitorear, etcétera; pero queremos un mecanismo más estricto de evaluación, de certificación” —como aquellas listas:  la lista del terrorismo, las otras listas de certificación—, “de quiénes cumplen y quiénes no cumplen.”

Anuncio generoso de Obama:  Participarán en la concesión de un fondo de 10 000 millones de dólares hasta el 2012, y entonces declara, además, que “Estados Unidos se involucrará en un esfuerzo global para movilizar 100 000 millones de dólares para el 2020, solo y solo si esto es parte de un acuerdo más amplio como el que yo he descrito”, dice Obama.

Qué quiere decir esto, en pocas palabras, ¿que el gobierno de Estados Unidos va a poner 100 000 millones de dólares?  No.  ¿Que alguien en este planeta va a poner 100 000 millones de dólares?  No, no quiere decir eso.  ¿Qué los desarrollados cumplirían su obligación histórica y legal de hacerlo?  No, no quiere decir eso.  Quiere decir que van a participar de un esfuerzo global, en el que Estados Unidos, los países europeos y otros desarrollados pondrán una cantidad de dinero; las economías llamadas emergentes otra cantidad de dinero, y los países más pobres de África y los más pequeños Estados insulares, amenazados con desaparecer, tendrán que poner también cantidades de dinero.  Y más adelante lo voy a demostrar con evidencia documental que presentaré.

El señor Obama entonces utiliza una frase destinada a engañarlos a ustedes, y, por intermedio de ustedes, a toda la opinión pública internacional.  Dice:  “Es clara la fórmula; tenemos que atenernos al principio de respuestas comunes, pero diferenciadas y capacidades respectivas.”

A todo el mundo le sonará familiar esa frase, porque hay una frase muy familiar, que es el corazón de la Convención de Cambio Climático y del Protocolo de Kyoto, que es el concepto de responsabilidades comunes, pero diferenciadas:  Responsabilidades.  Quiere decir que los acumuladores históricos y los países desarrollados, que son los responsables de esta catástrofe, tienen responsabilidades distintas a las de los pequeños Estados insulares o a la de los países del Sur, sobre todo los países menos desarrollados, responsabilidades. 

Responsabilidades quiere decir financiamiento;  responsabilidades quiere decir transferencia de tecnología en condiciones aceptables, y entonces Obama hace un juego de palabras, y en vez de hablar de responsabilidades comunes, pero diferenciadas; habla de respuestas comunes, pero diferenciadas.

Tendría que tener yo muchísima evidencia, de la cual no hay ni un ápice, de que Obama se confunde o de que no usa conscientemente una frase que está en la mente, que está en los códigos de la prensa y que está en los códigos de la opinión pública para confundir a la gente.  Habla también de contribuir a ese propósito según las capacidades respectivas, quiere decir que todo el mundo tendrá que poner dinero en ese fondo que proclama, y después dice que hay un acuerdo y miente, porque en Copenhague, ni había en ese momento, ni hay en este minuto, acuerdo —reconoce que no es perfecto, dice que no es perfecto—, y lo considera un paso sustancial adelante, hacia el futuro.

Termina su discurso desde un podio como este, y sale inmediatamente por una puerta disimulada, en una pared como esta, blanca, y abandona el Plenario sin dignarse a escuchar a nadie, ni había escuchado a nadie antes de producirse su intervención.

Ahora, ese evento falso, esa farsa del pequeño grupo de países, en el cual hay países por los que Cuba siente profundo respeto y que tienen una merecida ejecutoria en los temas del cambio climático y, en general, en la política exterior, que es un formato impuesto por Estados Unidos y por Dinamarca —se trata también de confundir a la opinión pública mundial, y presentar ese evento como si fuera la Conferencia de las Partes de Cambio Climático; es decir, se roba el contenido del evento a un formato falseado y se hace todo lo posible para que la gente piense que ese formato falseado es la Conferencia de las Partes— se hace en la sala principal. 

Es una vergüenza suspender la Conferencia de las Partes, los oradores han tenido que trabajar la madrugada anterior.  Hubo discursos que se produjeron a las 4:00 de la mañana, el compañero Chamero estaba allí sentado a las 3:00, a las 4:00 de la mañana, precisamente para posibilitar este formato. 

Se hace en la sala principal.  La mitad de la sala principal estuvo ocupada el primer día, el 17, por representantes de organizaciones no gubernamentales, la sociedad civil, movimientos populares, etcétera; ese día no había uno.  La mitad de la sala permaneció vacía, se impidió acceder a los representantes de las organizaciones no gubernamentales.

En segundo lugar se mantuvieron allí las banderas que presidían la Conferencia de las Partes; se mantuvieron los escaños de los Estados.  A Cuba nadie le preguntó si quería tener un escaño en esa farsa.  Cuando llegamos allí estaba el escaño, tenía el nombre del país:  Cuba.  Se mantuvieron en la presidencia del evento los títulos de los funcionarios de la Secretaría, que no tenían nada que hacer en ese invento, en ese formato inventado.  El secretario ejecutivo de la conferencia, el vicesecretario ejecutivo tenían escaños allí, el secretario general de las Naciones Unidas, y se mantuvo el logotipo del evento.  No es posible convencer a ninguna persona cuerda y medianamente informada de que ese diseño no perseguía el objetivo de confundir a la opinión pública mundial.

Entonces se produce la conferencia de prensa de Obama a las 10:30 de la noche del día 18 de diciembre, una conferencia a la cual se da acceso limitado a la prensa internacional, y que se hace en una sala pequeña, mientras se engaña a una cantidad importante de periodistas que permanecen esperando en la sala oficial de las conferencias de prensa del evento de Cambio Climático.

¿Qué dice el Presidente de Estados Unidos?  Dice:  “Hemos producido un sustancioso y sin precedente acuerdo aquí en Copenhague.  Por primera vez en la historia las mayores economías hemos venido juntas a aceptar responsabilidades”, etcétera.

¿Qué quiere decir eso de que “las mayores economías hemos venido juntas a aceptar nuestras responsabilidades”?  Quiere decir que están descargando importante peso de la carga que significa el financiamiento para la mitigación y la adaptación de los países, sobre todo del Sur, al cambio climático, sobre China, Brasil, India y Sudáfrica; porque hay que decir que en Copenhague se produjo un asalto, un atraco contra China, Brasil, India, Sudáfrica, y contra todos los países llamados eufemísticamente en desarrollo.

Sigue diciendo el presidente Obama:  “Nosotros permanecemos comprometidos con una legislación integral que creará millones de empleos nuevos en América, dará nuevo poder a la industria, mejorará nuestra seguridad nacional reduciendo nuestra dependencia del petróleo extranjero”, etcétera.

Ya dije los datos; pero, además, la ley esa no ha pasado.  La ley esa pasó en la Cámara, no ha llegado al Senado, se discute en el Senado, cuesta 800 000 millones de dólares.  Todo el mundo sabe que a finales   del año que viene hay elecciones congresionales en Estados Unidos y ya se empieza a especular cómo les irá a los demócratas en esas futuras elecciones.

Sigue diciendo Obama:  “Las acciones que hemos venido a tomar a Copenhague significan un objetivo ambicioso de reducción de nuestras emisiones”, y vuelve a mentir.  Ya di los datos, ya dije lo que significa:  un 3%, aproximadamente, de reducción es lo que está diciendo Obama.  Simplemente jugando con los números, alterando las bases de cálculo, muestra un crecimiento que así y todo es ínfimo, porque todo el mundo sabe, y es universalmente aceptado por la comunidad científica, que si las emisiones no se reducen en no menos de un 45%, para el año 2020 se producirán incrementos de temperatura y efectos gravísimos que he mencionado antes.

Dice:  “Hemos acordado unirnos en un esfuerzo internacional para proveer financiamiento para ayudar a los países en desarrollo.”  Es decir, miente todo el tiempo; con palabras demagógicas, con profundo cinismo, engaña todo el tiempo a la opinión pública.

Dice:  “Hay tres componentes:  transparencia, mitigación y financiamiento.”  ¿Transparencia qué cosa es?  El intento que mencioné antes de obligar a las mayores economías, de humillar a países como China, con mecanismos injerencistas, intervencionistas, para evaluarlos, para certificar su conducta internacional, cuando el primer delincuente internacional en materia de emisiones de carbono y cambio climático es, supuestamente, el fiscal, el juez en que se pretende erigir el gobierno norteamericano.

Dice:  “Hemos trabajado todo el día para establecer un nuevo consenso alrededor de estos tres puntos.”  ¿Qué quiere decir un nuevo consenso?  Es nuevo con relación a la Convención de Cambio Climático, es nuevo con relación al Protocolo de Kyoto, significa la liquidación del consenso anterior de sus bases.

Dice:  “Me estoy yendo antes del voto final, pero yo siento confianza de que nos estamos moviendo en dirección a un acuerdo significativo.  Yo creo que hemos alcanzado en Copenhague no el final, pero sí un comienzo, el comienzo de una nueva era de acción internacional.”

Es verdad, es una nueva era la que se pretende construir, que no se logró hacer pasar en Copenhague, que significa olvidar el concepto de responsabilidades comunes, pero diferenciadas, y echar sobre los países en desarrollo, especialmente las economías emergentes, el peso de la carga.

Con cinismo dice:  “Kyoto obligaba legalmente a los Estados; pero todo el mundo sabe que nos quedamos cortos en el cumplimiento de los compromisos, a pesar de eso.”  Es decir, con profundo cinismo dice que aquel era vinculante, no lo cumplimos, se acabó el acuerdo vinculante, la nueva era; no se preocupen porque de todas maneras estábamos obligados a cumplir aquel;  pero todo el mundo sabe que nadie lo cumplió.  Es una repetición de las posiciones más oscuras, más retrógradas en este, que marcan un retroceso en la posición internacional de este tema.

Estados Unidos antes, con Bush, no era parte del Protocolo de Kyoto, y Obama no ha cambiado esencialmente la posición de Estados Unidos con relación a un acuerdo internacional vinculante, es decir, legalmente obligatorio; pero por lo menos entonces había un régimen internacional, del que Estados Unidos no era parte, pero había un régimen internacional.  Ahora lo que se ha tratado, en Copenhague, es de ir al asalto contra ese régimen y subvertirlo.

Dice Obama:  “En términos de futuras obligaciones, la cosa más importante es construir alguna confianza entre los países en desarrollo y los países desarrollados,” una postura totalmente demagógica, ambigua.

Alguien le pregunta, le dice:  “Pero, bueno, si usted se va quién va a firmar el acuerdo, quién va a adoptar el acuerdo importantísimo, su gran triunfo, el acuerdo de Copenhague.”  Dice:  “Bueno, yo tengo que irme, hay otros funcionarios que están mandatados para firmarlo, llegado ese punto ellos terminarán totalmente el trabajo.”  Y se marcha evadiendo preguntas de los periodistas, hay que decir que preguntas bastante poco informadas, a partir de la lógica que prevalece aquí, que es la del engaño, la de la confusión, destinada precisamente a engañar a la opinión pública internacional.

Podemos pasar a presentar los documentos, las versiones de documentos.

Les voy a mostrar, primero, cómo el documento este fue cocinado, fue elaborado con días de antelación, de manera clandestina; y, segundo, les voy a demostrar que en Copenhague no hubo el menor acuerdo. 

Esta es una de las versiones del documento, el compromiso de Copenhague; tiene algunos párrafos preambulares, y aquí dice:  “La Conferencia de las Partes decide” —es decir, la palabra clave que se usa en este documento es decide— “adoptar este acuerdo político, que se convierte en operacional inmediatamente.”   “La Conferencia de las Partes decide”, que es la palabra clave de este documento.

Continuamos mostrando los documentos. 

En este documento, se pueden fijar en los números de los párrafos; párrafo cinco, por ejemplo, aquí verán uno de los grandes aportes de estos nuevos documentos.

¿Kyoto cómo era?  Kyoto tenía un formulario, una tabla que decía:  “Los países del Anexo 1 se comprometen a hacer las siguientes reducciones.  Con relación al año 1990, esta lista de países se compromete a hacer las siguientes reducciones:  tal país, 82%; tal país tanto por ciento.”  Bueno, en este documento es este el formulario que dice que esta es la relación de objetivos cuantificados de reducción de emisiones por parte de los países, que no se sabe cuáles son; pero lo que sí se sabe es que los que van a ir aquí no son los desarrollados.  Van a estar los desarrollados, pero va a estar China, va a estar Brasil, va a estar India, va a estar Sudáfrica y vamos a estar todos nosotros con un compromiso, supuestamente, de reducción de emisiones.

Ahora, en Kyoto la Conferencia de las Partes fijó ese compromiso.  Aquí, ¿quién iba a fijar el compromiso si hubiera pasado el acuerdo de Copenhague?  Libremente, cada gobierno.  El gobierno norteamericano se iba a fijar su propio compromiso, el del Reino Unido lo mismo, el gobierno de Dinamarca se hubiera fijado también, se fijaría su propio compromiso.

Esta es otra tabla.  En este caso es para informar sobre medidas de mitigación adoptadas por otros países, es decir, no solo los desarrollados.

En letra muy pequeña y no lo voy a mostrar en letra mayor porque no es necesario —está el listado de los países que participaron en la redacción de ese documento, según esta versión que yo tengo aquí en la mano.  Circularon, al menos, cuatro versiones clandestinas, esta es una de ellas.  Aquí aparece la lista de los países que supuestamente iban a firmar.  Habría que preguntarles a esos gobiernos si es cierto que estuvieron, si no es cierto; es decir, nos abstenemos de emitir juicios en este sentido.

(Proyectan texto.)

Esta es otra versión del documento en la que no me voy a demorar; pero ustedes ven que aquí ya han tenido que sustituir la palabra decide por una frase muy confusa, dice:  Los Jefes de Estado, de Gobierno, ministros y otros jefes de delegación presentes en la Conferencia de Cambio Climático, persiguiendo los objetivos tales y tales, y guiados, etcétera, tomando nota de tal cosa —dice—, han acordado este acuerdo de Copenhague que es operacional inmediatamente.”  Es decir dice: have agreed on this Copenhagen Accord wich is operational immediately.  Ya no se atreven a usar la palabra “la Conferencia de las partes decide”; pero intentan el primer engaño:  “La Conferencia de las partes ha acordado...”

Ven que es el mismo texto.  Si ustedes cotejan los documentos, verán que es imposible una casualidad tal que permita, con menos de un 5% de cambios de palabra, pensar que fueron textos hechos por distintos autores, etcétera, son textos que fueron evolucionando en la cocina esta clandestina.

Les voy a mostrar ahora en letra mayor, para que sea más fácil para ustedes, algunos de los párrafos clave de los documentos.

Uno de los textos es el compromiso de Copenhague, y este tiene un nombre técnico, es decir, no es un texto de documento, y este es el Acuerdo de Copenhague que el presidente Obama vendió en la conferencia de prensa como un acuerdo universal y que el Primer Ministro de Dinamarca trató de imponer, por malos modos, a la Conferencia de las Partes.

Ahora, este es uno de los párrafos, fíjense en esta parte     —no ha habido tiempo de traducir—, enuncia aquí la meta de lograr una reducción global anual de las emisiones para el 2050 del 50%, comparado con el año 1990.

En este otro párrafo ya ven que esa frase desapareció, ni siquiera esa frase que es una broma macabra; porque se sabe que si no se reducen las emisiones para el 2020 en un 45% se producirán efectos catastróficos, y este documento proponía para el 2050 reducciones del 50%.  Se sabe que si para el 2050 no ha habido reducciones del orden del 80% al 90% los efectos serían igualmente catastróficos; pero ni siquiera ese intento de engañar a la opinión pública.  Porque eso se podría decir más directamente, que significa la condena aproximadamente de un tercio de las especies y la condena a los pequeños estados insulares.  Desaparece de este texto.

Y aparece aquí, entonces, en este otro, la meta de restringir el incremento de la temperatura en 2º Celsius, cuando yo les expliqué lo que ocurriría si la temperatura pasaba de un incremento de 1,5º Celsius, y aquí, en vez de hablar de reducciones concretas, se habla, primero, de un nivel de aumento de temperatura gravísimo, inadmisible para la vida, para la biodiversidad, y, en segundo lugar, se habla de 2º centígrados, en vez de 1,5º centígrados. 

Aquí tienen otro párrafo, en las tres versiones de documentos —he usado solo tres versiones, porque no hay espacio aquí suficiente.  En esta primera, fíjense que dice:  “Las partes toman nota de los compromisos individuales de las partes que son países desarrollados de proveer nuevos y adicionales recursos por una cantidad de 30 000 millones de dólares para el período 2010-2012, como aparece en el anexo”, en un apéndice del documento.  Y ese mismo párrafo se repite en esta versión.

Ahora, en la versión siguiente, en este documento, fíjense cómo se produce un cambio en el lenguaje, empieza aquí (Señala), dice:  “El compromiso colectivo de los países desarrollados es proveer nuevos y adicionales recursos por aproximadamente 30 000 millones de dólares para el período 2010-2012, con un destino balanceado entre adaptación y mitigación.”  Y reconoce después que se va a priorizar los fondos de adaptación para los países en desarrollo más vulnerables. 

Es decir, notan el cambio en el lenguaje, cómo se va “aguando” el compromiso.  Ya no son compromisos individuales, ya son colectivos; ya no son por 30 000, sino por una cantidad aproximada.  Ya se decide los destinos de esos dineros.

Ahora, aquí hay una frase muy importante, ustedes ven ahí un corchete (Señala), ese corchete quiere decir que sobre esa frase ni siquiera en el pequeño grupo de países con los que Estados Unidos se dignó consultar, y a los que trató de imponer y, en efecto, terminó imponiendo algunos conceptos, estaban de acuerdo, aceptaban.

Dice:  “En el contexto de acciones significativas de mitigación y transparencia sobre la implementación, se acuerda entonces una meta de movilización conjunta de 100 000 millones de dólares para el año 2020, para enfrentar las necesidades de los países en desarrollo, con relación al cambio climático.”  Es decir, aquí no dice que los países desarrollados van a proveer 100 000 millones de dólares, lo cual es poco, porque todo el mundo sabe también que las cifras para tomar acciones iniciales que contengan el cambio climático, y que se requieren con extrema urgencia, tienen que estar en el orden de los 300 000 millones de dólares anuales.

Ahora, aquí no dice que los desarrollados van a poner de su bolsillo, de las arcas desbordadas, boyantes de esos gobiernos 100 000 millones.  Dice que “los países desarrollados van a hacer parte de un esfuerzo conjunto de movilización”.  ¿Qué cosa es un esfuerzo de movilización?  Quiere decir pedir dinero, buscar dinero, etcétera.  ¿Qué quiere decir que es conjunto?  ¿Conjunto con quiénes?  Conjunto con Cuba, conjunto con las economías llamadas emergentes, conjunto con los países en los cuales hay niveles de hambre, de pobreza, condiciones miserables de vida, niveles de muerte por enfermedades prevenibles y curables, o por desnutrición mayores que las que se  produjeron en cualquiera de las guerras mundiales; es decir, “un esfuerzo conjunto de movilización”.  Aquí viene el lenguaje cínico, la demagogia y el intento de engañar a la opinión pública.

Ahora, ¿de dónde va a salir el dinero?  Ni siquiera tienen el pudor de no decir de dónde va a salir el dinero y dejar que la gente se lo pregunte; tienen la frase aquí, dicen:  “Estos fondos vendrán de una amplia variedad de fuentes.”  “Amplia variedad de fuentes”, ¿esa frase qué quiere decir?  Quiere decir:  no sueñen con que vendrán de los presupuestos de los gobiernos de los países desarrollados.  Y después con profundo cinismo siguen describiendo, ¿cuáles son las fuentes?  Bueno, “públicas y privadas” —como si el mercado fuera a resolver esto—, “bilaterales y multilaterales”.  Aquí en “multilaterales” qué quiere decir, que no son recursos nuevos y adicionales.  Quiere decir que podrán moverse por la vía de las instituciones de Bretton Woods, que podrán moverse por la vía de las Naciones Unidas, que son los recursos que hoy están comprometidos y que no se aportan por los países desarrollados; porque todo el mundo sabe que los países desarrollados no cumplen la meta del 0,7% del Producto Interno Bruto en ayuda oficial al desarrollo, que expolian a nuestras economías extrayendo, por la vía del dumping, el intercambio desigual de la deuda, del interés de la deuda, muchísimo más dinero, entre seis y diez veces el dinero que aportan por ayuda oficial al desarrollo.

Y entonces, el colmo del cinismo es esta frase:  “incluso, fuentes alternativas de financiamiento”, que nadie ha logrado explicar qué cosa es eso.  Lo que no es público ni privado, bilateral ni multilateral, ni viejo ni nuevo; es decir, ¿qué cosa eso?  ¿A la sociedad civil le van a pedir dinero, millonarios van a hacer donaciones generosas, el mercado se va a mover para proteger la naturaleza, etcétera? 

Y ustedes ven que esto todavía se deteriora más en el párrafo del supuesto compromiso de Copenhague, donde ya ni siquiera dice con precisión esas mismas palabras, sino, incluso modifica ligeramente el lenguaje.

Aquí tienen un párrafo de una de las versiones del documento que se refiere a los grupos de trabajo que han estado negociando con relación a este tema, que son los únicos oficiales existentes en la Conferencia de las Partes, que es el Grupo de Trabajo Especial sobre Acción Cooperativa a Largo Plazo y el grupo sobre la continuación del Protocolo de Kyoto, en que hace alusión a los anexos, etcétera, que supuestamente debían venir llenos, debían venir con compromisos cuantificables.

Aquí hay un párrafo muy curioso del documento que precede, ¿no?, de uno de los primeros intentos antes de la llegada de Obama, incluso, que se estuvo cocinando durante semanas, evidentemente.  Al Primer Ministro danés varias delegaciones, sobre todo Venezuela le preguntó directamente más de una vez si existía algún documento, si él tenía la intención de presentar algún documento, igual que a la Ministra de Medio Ambiente danesa, y dijeron con profundo cinismo los dos:  “No, no podríamos hacerlo, la presidencia no está calificada para eso, seríamos incapaces.”  Bueno, pues sí había documento. 

Ahora, fíjense este documento qué es lo que propone.  Este documento propone acordar reducciones de la emisión de gases de efecto invernadero, por un X por ciento para el 2020, comparado con el año 1990, y un Y por ciento comparado con el año 2005, y compromete después una reducción del 80% para el 2050 comparado con el año 1990.  Bueno, hay una X, que no se sabe qué quiere decir, una persona decente en vez de la X habría puesto no menos del 45%, y, sin embargo, ustedes ven que es decente la formulación con relación al año base de 1990 y la formulación con relación al 80% para el 2050. 

Ahora, qué pasa aquí en el mismo párrafo.  No puede ser casualidad que los dos párrafos empiecen diciendo —miren el lenguaje— exactamente las mismas palabras:  implementar el compromiso de las partes del Anexo 1, los desarrollados, individuales o colectivamente, etcétera, etcétera.  Ven que es exactamente el mismo lenguaje en las versiones, lo que ha ocurrido un milagro, se ha perdido la X, la Y, el compromiso del año 2020, y el compromiso del año 2050 ha bajado de 80% a 50%.  Es decir, ha habido un forcejeo que hay que reconocer a los países en desarrollo, a las economías emergentes, que estuvieron lidiando en un cuarto más pequeño que este, cerrado, con la delegación norteamericana, y en determinado momento directo con el emperador.  Esto es, como ustedes ven, lo que ha ocurrido en estos documentos. 

Llega entonces la noche fatídica, la noche de los cuchillos largos.  Obama da la conferencia de prensa a las 10:30, aproximadamente.  Se había convocado el plenario a las 10:00 de la noche, por la presidencia danesa.  Estábamos todos allí, esperando a que comenzara el plenario.  Se dijo después:  “Vamos a demorar unos minutos.  Circularemos un texto en los próximos minutos.”  Parece que Obama llegó tarde y decidieron aguantar el tiempo del plenario.  La reunión estuvo esperando, las delegaciones oficiales:  ministros, cancilleres, las delegaciones técnicas que llevaban alrededor de 48 horas, prácticamente sin dormir y desde el día 7 de diciembre durmiendo unas tres horas, cuatro horas diarias; se mantienen allí en la sala sin explicación ninguna, hasta las 3:00 de la mañana.  A las 3:00 de la mañana llega el Primer Ministro de Dinamarca, que es el Presidente de la Conferencia, y dice, como si no hubiera pasado nada, como si fueran las 10:00 de la mañana, dice:  “Se reanuda la sesión de la Conferencia de las Partes.  Se ha trabajado en la elaboración de un documento que me honro en presentar ante ustedes.  Voy a conceder una hora a las distinguidas delegaciones para que hagan consultas regionales, y dentro de una hora adoptaremos el documento.”  Y ahí se produce el escándalo, porque el Primer Ministro danés cierra la sesión, y es cuando se oye el claqueteo de un grupo de delegaciones golpeando con la pancarta que tiene el nombre del país, que es con la que se corta la mano la compañera Claudia Salerno, de Venezuela, y muestra después la mano lastimada. 

Y solo mediante un escándalo en el plenario el Presidente vuelve acomodarse en su asiento y concede la palabra.  Y entonces se produce el nombre del representante de Tuvalu, para sorpresa de todos, porque ahí se esperaba que fueran países especialmente radicales, etcétera.  Pero no, es Tuvalu, con la profunda razón de que es una isla que va desaparecer, como muchas otras de ellas.  Se llama Ian Fry este delegado, que es un experto, una persona seria, decente, y plantea, con lágrimas en los ojos, profundamente emocionado, que Tuvalu no va a aceptar el documento, lo cual es un acto de valentía suprema, porque eso lo dice Cuba que es independiente a Estados Unidos, que resiste y vence el bloqueo norteamericano, que no depende de la Unión Europea, que puede decir lo que piensa, que lo que dice en privado lo repite en público, que lo que dice en el discurso lo hace en los hechos, que no depende de las instituciones de Bretton Woods, que no depende de créditos del Fondo Monetario, etcétera; pero, bueno, Tuvalu, que es una economía pequeña, en estas condiciones, es un acto de verdadero coraje, lo que hace este delegado.  Y usa una frase tremenda, dice:  “Como en el pensamiento bíblico, aquí nos han ofrecido 30 monedas de plata para que aceptemos un acuerdo que no asegura la sobrevivencia de nuestros Estados insulares.”

Después habla Claudia Salerno, que hace una defensa apasionada, desde la gran autoridad —que fue ella la que preguntó varias veces al Presidente si había documentos y él le dijo que no, y a la Ministra del Medio Ambiente—, la enorme autoridad, el coraje y el disgusto de haberse metido casi dos semanas negociando, habiendo sido engañados allí; porque lo que ha ocurrido allí, ni más ni menos, es que, mientras estos grupos han estado negociando, ha habido un pequeño grupo en otro lugar negociando por su cuenta, sabiendo que esa negociación, la oficial, simplemente se iba a abandonar en el último minuto, iba a ser sustituida, un engaño. 

Bueno, yo tengo alguna experiencia de Naciones Unidas, otros compañeros podrían hablar con más propiedad, pero yo puedo decir que en los últimos 30 años en Naciones Unidas solo una vez en la llamada Cumbre del Milenio pasó algo así en una negociación separada; pero jamás en un evento de esta magnitud, jamás con negociaciones en formatos oficiales de las partes. 

Y la delegada venezolana impugna con mucho valor el origen espurio del documento que se está tratando de imponer y el método antidemocrático de decir:  Tienen una hora, consulten entre ustedes, si quieren, y lo toman o lo dejan. 

Interviene después Bolivia, es el ministro boliviano de Medio Ambiente, Pedroso, que hace un discurso enérgico, fuerte también en este tema.

Intervengo yo entonces.  Ustedes han visto en la prensa algunos elementos del discurso, centrado en algunos factores de estos procesales, los que ya se han dicho.  Digo:  “El documento que usted varias veces afirmó que no existía, señor Presidente, aparece ahora.  Hemos visto versiones que circulan de manera subrepticia y que se discuten en pequeños conciliábulos secretos” —se las he mostrado aquí a ustedes. 

En esa misma sesión propuse entregárselas a la prensa internacional, a las organizaciones no gubernamentales, para que cada cual se haga su juicio.  Y más que centrarme en los aspectos procesales, más que suficientes para no aceptar ese documento espurio, me centro en el contenido del documento; porque todavía si fuera espurio, pero decente en su contenido, bueno, podría provocar alguna duda.  Alguien en determinado momento ofreció pedir perdón a la comunidad internacional y a los países a nombre del sistema de Naciones Unidas, los países desarrollados, etcétera, a cambio de que se aceptara el documento.  Y, bueno, a lo mejor eso hubiera podido ser una salida honrosa, es decir, una autocrítica verdadera, el reconocimiento de esta atrocidad desde el punto de vista procesal; pero el problema es que el documento no se podía aceptar, no solo porque era espurio, sino porque su contenido es suicida. 

Yo abordo el concepto de los 2º Celsius, del incremento de los 2º, me centro en eso, en que el documento no tiene compromiso alguno de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.  Menciono las frases que se han omitido, porque tengo conmigo las versiones anteriores; menciono el tema de la reducción del 45% para el 2020 y del 80% o 90% para el 2050, y menciono que todo planteamiento acerca de la continuidad de las negociaciones, porque el párrafo 13 de este supuesto Acuerdo de Copenhague dice que “continuarán negociaciones para adoptar uno o varios instrumentos vinculantes”, pero no dice que esas negociaciones tienen que ser continuidad, tienen que ser un segundo período del Compromiso Vinculante del Protocolo de Kyoto.  Entonces, ¿esa frase qué quiere decir?  Quiere decir que Kyoto murió en el momento en que se apruebe este documento.  Por eso digo que este documento es el acta de defunción de Kyoto, que nosotros no podemos aceptar, y que lo que el Presidente ha mencionado como un grupo representativo de líderes, no es más que una verdadera atrocidad de violación del principio de igualdad soberana de los Estados:  cada país es igual a otro, cada delegación tiene un voto, la palabra de una delegación tiene igual peso que la de otra, es en lo que se basa el sistema de las Naciones Unidas, en lo que se basan las relaciones internacionales en el mundo multilateral actual.

Se producen entonces intervenciones de un grupo de países respaldando esta posición y grandes aplausos en la sala, lo cual a nosotros nos sorprende, ¡grandes aplausos en la sala!

Después de esto se produce entonces una propuesta constructiva de las delegaciones del ALBA, que presenta Nicaragua con apoyo de las delegaciones que mencioné antes y de Sudán, que es el Presidente del Grupo de los 77.  No a nombre del Grupo de los 77, porque no hay tiempo de reunir a más de 100 países, sino Sudán en capacidad nacional, pero sin olvidar que es el Presidente del Grupo de los 77.  Y se dice:  Bueno, busquemos una forma honorable, que es coger lo que ustedes le llaman el Acuerdo de Copenhague y, en vez de pretender adoptarlo aquí en esta conferencia, circularlo como un documento informativo, es decir, para información de todos, que esa es la posición de un grupo de países.  Y cuando ese acuerdo lo presenta, obligado por las circunstancias, el Presidente, intervienen algunas delegaciones europeas, traicionan su palabra y se vuelve otra vez a las consultas, etcétera.

Hay que decir que quien hizo el papel de verdugo en esta sesión fatídica fue la delegación del Reino Unido, uno de sus ministros, un ministro de su Gabinete, que llegó allí corriendo, despavorido, sin corbata, se había ido ya a dormir, todos pensaban que el mundo tendría un espinazo más flexible, sería más dócil ante el dictado del emperador, y llegó allí corriendo, pidió la palabra, le dieron la palabra y su micrófono no funcionaba.  Lo intentó varias veces, y, obviamente, es lo que hace todo el mundo, busca otro micrófono para hablar, con el detalle de que el micrófono que escogió fue el de la delegación de Estados Unidos de América, y se produjo una risa masiva en la sala cuando en las pantallas se vio, sentados juntitos, al señor Pershing, que es el representante de Estados Unidos en estos temas, un ambientalista reciclado, arrepentido, que ha traicionado sus orígenes en el movimiento ambientalista, juntitos Pershing y un ministro británico haciendo el papel de verdugo.

La vez siguiente el ministro británico se sentó en un escaño de un país africano:  la hipocresía y el cinismo de esta época.  Se dio cuenta de que era fea la imagen de compartir el escaño de Estados Unidos cuando estaba haciendo su trabajo.

Ocurre un suceso divertido, que es que piden la palabra simultáneamente Estados Unidos y Nicaragua, y el Presidente danés —el Presidente de la sesión, quiero decir, el Primer Ministro—, obviamente, le dio la palabra a Estados Unidos.  Nicaragua protesta.  Estados Unidos dice:  “Bueno, puedo hacer uso de la palabra más tarde.”  Le dan la palabra a Nicaragua, le dan la palabra a Estados Unidos, y el delegado de Estados Unidos dice:  “No, no tengo nada que decir.”  Y Estados Unidos no habla en esta sesión, ni cabildea.

Toda la prensa europea ha dicho que la Unión Europea fue humillada en esta conferencia por Estados Unidos y que Obama negoció con algunos países importantes y que le impuso un acuerdo a la Unión Europea.  Bueno, algunos países de la Unión Europea fueron los que asumieron la vergonzosa responsabilidad de defender el ucase imperial.

Se enreda la situación y aparecen otras propuestas procesales.  El Secretario General de Naciones Unidas hace un esfuerzo extremo, modesto, constructivo, me pide conversar, conversamos, y tenemos una reunión con un grupo de países del ALBA y donde están también Sudán y Egipto.  Hace una apelación emocionada, y yo le expreso flexibilidad y espíritu constructivo, le digo:  “Estamos dispuestos a proseguir las negociaciones, estamos dispuestos a interrumpir las sesiones y continuarlas dentro de un tiempo; estamos dispuestos a discutir algunas formulaciones mínimas, las esenciales, solo del documento, y a olvidar el procedimiento espurio, traicionero que se ha usado aquí, y nosotros lo apoyaremos si usted hace ese esfuerzo, y ocurra lo que ocurra en esta conferencia no lo responsabilizamos a usted ni a las Naciones Unidas y continuaremos apoyando en el esfuerzo a la organización y a su Secretario General en relación con el enfrentamiento a los efectos del cambio climático. 

De esa reunión sale más o menos un acuerdo, que cuando el Primer Ministro danés lo va a adoptar, se interpone otra vez la delegación británica, con otras delegaciones europeas, y lo frustra, y se produce entonces una contrarreforma allí, una oleada, sobre todo delegaciones europeas y de aliados desarrollados, tratando de presentar que hay una muy exigua minoría y una enorme, universal mayoría a favor del documento, tesis que repite ahora el distinguido Primer Ministro Gordon Brown.

Entonces el Primer Ministro danés trata de imponer una solución vergonzosa, que dice:  “Bueno, yo entiendo que aquí casi nadie está en contra, lo que vamos a hacer es acordar el documento y que las excepciones que no están a favor, aparezcan sus nombres a pie de página”, y como si estuviera en una subasta o en el Parlamento británico, dice:  “Bueno, a ver, ¿qué países están en contra?”  Ahí algunos países levantan la pancarta, creo que soy yo el que pide un punto de orden y tardo menos en leer lo que dije que en contarlo.  Dije:  “Vemos que usted confunde los procedimientos.  Entiendo que ha quedado totalmente claro que en esta sala no hay consenso para adoptar este documento.  He escuchado con paciencia y serenidad algunas intervenciones francamente hipócritas.  Lamento profundamente que una delegación europea haya ofrecido aquí dinero para adoptar este documento.”  La delegación británica

—y digo su nombre ya que el ministro Brown ataca a un grupo de países— dijo allí directamente:  “Si ustedes no adoptan este documento, no podrán usar los 30 000 millones de dólares que estamos dispuestos a ofrecer inmediatamente”, lo dijo así, directamente, algo que yo, francamente, nunca había oído en los medios multilaterales.  Eso se hace y se dice, lamentablemente, pero generalmente se hace de una forma más elegante.

“Me pareció un acto de chantaje vergonzoso.  Lo peor de todo es que sabemos que el dinero no vendrá ni con documento ni sin documento.  Y le solito a usted, señor Presidente —estaba a unos 15 metros de mí el Presidente, estábamos muy cerca—, que se atenga a los procedimientos, se abstenga de listar la posición de países, porque aquí no existen votaciones nominales, y, por favor, no insista en un camino que no tiene solución. 

“Me parece entender que aquí hay una clara mayoría que no acepta otra formulación de este documento que no sea en la categoría de ‘miscelánea’, ‘informativo’, etcétera.”

Se produce otro intervalo para consultas, se producen intervenciones otra vez de la compañera Claudia, de los bolivianos, los nicaragüenses, los sudaneses, Tuvalu ha intervenido en otro momento, otros países en desarrollo también.

Hay que comprender que muchos países en desarrollo, sobre todo las pequeñas islas, que respetamos profundamente y que resistieron, se opusieron, defendieron su verdad, siendo economías pequeñas, muy vulnerables, estaban en un dilema atroz:  si aprobaban el documento, sabían que era cerrar el camino al futuro; pero si no aprobaban el documento, sabían que no verían un centavo de los fondos que les son imprescindibles para sobrevivir.

Apareció entonces la fórmula de tomar notas del documento (Muestran documento).  El único documento aprobado en la Cumbre de Copenhague es este papel.  Este papel dice:  “La Conferencia de las Partes toma nota del Acuerdo de Copenhague 2009.”  Es decir, “toma nota”, y miren lo demás que se acuerda, en blanco, vacío.

¿Qué quiere decir “tomar nota”?  Tomar nota quiere decir, en Derecho Internacional, reconocer conocimiento, darse por enterado de que algo existe, no tiene ningún efecto jurídico desde el punto de vista de Derecho Internacional, no significa anuencia, no significa acuerdo, no significa apoyo, no significa reconocimiento, no significa acogida, no significa bienvenida, que son las palabras que se utilizan usualmente en inglés para referirse a un documento.

Vamos a la diapositiva siguiente: 

Verán aquí que donde se habla del tema aparece una pequeña nota que dice:  “Los países han acordado el Acuerdo de Copenhague”, y aquí aparece un pequeño paréntesis que dice:  “Listado de las partes.”  ¿Qué quiere decir eso?  Quiere decir que en el documento este de Copenhague va a quedar para la historia el nombre de los 27 países que participaron en el proceso de adopción de este documento.

¿Qué es lo que decidió la Cumbre de Copenhague?  Simplemente enterarse de que estos 27 países dijeron tal cosa, escribieron tal papel.  Y hay que decir que ese papel fue el resultado de la defensa de los intereses de los países en desarrollo por las economías emergentes:  China, Brasil, India, Sudáfrica; por los países menos adelantados, representados allí por un país africano; por las pequeñas islas, representadas por un país caribeño; por el Grupo de los 77, de alguna manera representado allí por Sudán, que hicieron un gran esfuerzo por vencer la resistencia y no pudieron frente a la presión norteamericana.

Son las 10:00 de la mañana, el Primer Ministro danés se ha ido horas antes, ha abandonado eso.  Antes habían ofrecido renunciar a la presidencia de la conferencia en favor de la siguiente, que es México, y es Bahamas, un pequeño país insular, quien toma la conducción de la sesión, y rápidamente presenta esta fórmula, sin tiempo para que nadie diga nada.  Lee la fórmula, y la fórmula que lee dice:  “La Conferencia de las Partes decide tomar nota”, da un golpe de mallete. Hay que volver a protestar para decir:  “No, la palabra “decisión” no se puede usar, porque se sabe que la palabra “decisión” está dirigida a engañar a la opinión pública”, y entonces se quita la palabra “decisión”, otra escaramuza, y finalmente se da a las 10:30 de la mañana el golpe de mallete que pone fin al espurio proceso del llamado Acuerdo de Copenhague, y la conferencia se empieza a ocupar de otros temas.

Yo me marcho ya, viajo para acá acompañando al compañero vicepresidente Lazo, se quedan los demás compañeros, y a las 12:00 del día, bajo la presidencia de una pequeña isla del Pacífico, se reabre —una cosa insólita— por tercera vez lo acordado, y entonces se pretende incorporar a la decisión de la Conferencia de las Partes, una fórmula que permita tomar adhesión, hacer adhesión al documento.  Porque, evidentemente, los que estaban en esta lista, sobre todo sus grandes autores, los norteamericanos básicamente, se dan cuenta de que es precaria la posición de ellos de decir:  el Acuerdo de Copenhague nada más está adoptado por veintipico de países, y entonces pretenden cambiar el pasado, cambiar la historia y abrir el Acuerdo de Copenhague a adhesión, para venir tres días después y decir:  “Ciento ochenta y dos países firmaron el Acuerdo de Copenhague.”  Una gran batalla procesal, que encabezan los compañeros nuestros que quedaron allí, y finalmente se aborta esa discusión aproximadamente a las 12:00 del día; es decir, dura de 10:30, aproximadamente, hasta las 12:00 del día.

Así terminó una farsa antidemocrática, excluyente, arbitraria, caracterizada por la prohibición de acceso a las organizaciones no gubernamentales y por una brutal represión contra más de 100 000 manifestantes, con más de 1 000 detenidos.  La prensa europea no ha publicado cuántos heridos se produjeron allí, no he visto editoriales sobre la represión brutal, no he visto cables de las agencias que tanto se ocupan de estos temas cuando ocurre en algún país del Sur; pero han quedado para la historia el testimonio de 46 000 jóvenes europeos fundamentalmente, siendo golpeados con cachiporras, por “extraterrestres”, vestidos con escafandras antimotines, de una manera brutal en una capital de la culta Europa. 

Perdónenme que haya sido tan largo, más largo de lo que había previsto.  Puedo responder preguntas exclusivamente sobre este tema.

Moderadora.-  Los corresponsales interesados en preguntar, por favor... 

Miguel Hernández (Sol de México).-  Usted mencionaba que México será la próxima sede.  ¿Qué opinión usted tiene sobre esta perspectiva del foro de México, después de estas experiencias ahora en Copenhague, y si hay algún interés por parte del Secretario General de las Naciones Unidas, o alguna invitación que Cuba le haya hecho, para que visite nuestro país, para, entre otros aspectos, seguir profundizando sobre este tema?

Bruno Rodríguez.-  Ha sido acordado previamente por la Conferencia de las Partes, que la 16 Conferencia se produzca en México a finales del año 2010.

México, su delegación técnica, que fue con la que nos relacionamos en este proceso, hizo un compromiso constructivo hasta último momento, tratando de reencarrilar este proceso imposible de salvar.

Yo creo que el destino de este proceso de negociación es incierto, dada la situación de secuestro que ha impuesto básicamente Estados Unidos.  Confío en los Estados miembros de la conferencia de las partes, en la disposición de su Secretaría ejecutiva, en particular su secretario ejecutivo, señor Ivo de Boer.  Confío en la gestión del Secretario General de las Naciones Unidas, y estoy convencido de que Copenhague ha sido un paso atrás, pero que habría sido muchísimo más grave convalidar ese paso atrás con un acuerdo de la Conferencia de las Partes, que el hecho de que ha quedado al desnudo ante la historia, ante la opinión pública mundial, ante la opinión pública de cada uno de sus propios países, en particular con los movimientos ambientalistas, la posición de los gobiernos de los países desarrollados que abortaron el resultado de esta conferencia.

Cuba seguirá cooperando con el Secretario General en todos sus esfuerzos.  El Secretario General cuenta con una invitación permanente para visitar a nuestro país, será bienvenido, y de hecho fue invitado el pasado mes de julio a visitar nuestro país en cualquier momento.

Willy Gueiser (AP).-  Tengo dos preguntas, por favor.

Quería saber.  El señor presiente Raúl Castro dijo varios días antes de terminar la Cumbre de Copenhague, que iba a ser un fracaso, que no iba a haber acuerdo.  Entonces a mí me gustaría saber si realmente había, de parte del gobierno cubano, voluntad para alcanzar un acuerdo importante.

Mi segunda pregunta es sobre lo que refirió el presidente Castro ayer sobre el caso del norteamericano que está detenido.  Me gustaría saber dónde fue detenido, si pasó acá en La Habana, qué cargos está enfrentando específicamente.

También, de parte de la SINA siguen diciendo que ya están pidiendo permiso para ir a visitarlo bajo sus derechos consulares y que no han tenido ninguna respuesta por parte del gobierno cubano.  Así que me gustaría, por favor, saber si va a haber permiso en ese caso.

Bruno Rodríguez.-  Cuba ha demostrado históricamente y tiene una ejecutoria ejemplar de contribución con la causa de la prevención del cambio climático y la mitigación de sus efectos.  De hecho Cuba puede exhibir resultados sobresalientes con un rediseño de su sistema de generación y distribución energética, con la búsqueda de fuentes y líneas de trasmisión de energía más eficaces, con la distribución de decenas de millones de efectos electrodomésticos ahorradores de electricidad, con un programa ambicioso de sustitución de bombillos ineficientes energéticamente por bombillos ahorradores; dispone, además, de capacidades adicionales de generación no contaminantes.  Con estas medidas ha prevenido, ha logrado no producir la emisión de cientos de millones de toneladas de C02 solo en los últimos tres años.  Es un programa exitoso que Cuba ha puesto, incluso, a disposición de otros países en desarrollo, que funciona con efectividad en algunos países como Venezuela, algunos países latinoamericanos, caribeños, a partir de que es un diseño cubano poco costoso, al alcance de países en desarrollo, y, al mismo tiempo, extremadamente efectivo, según nuestros resultados.

Cuba pudo resolver graves escaseces y amenazas de apagones hace varios años, precisamente con este programa ambicioso que está en marcha, cuyos resultados finales se expresarán en todo su potencial en los años venideros, y es un importantísimo ejemplo de mitigación que demuestra cuánto no podría hacerse con pocos recursos que deberían aportar los países desarrollados.

En segundo lugar, Cuba tiene un reconocido prestigio en los procesos multilaterales relacionados con el cambio climático y, en particular, en la Conferencia de las Partes, por su permanente posición constructiva y flexible.

Durante su presidencia del Movimiento de Países No Alineados, durante el desarrollo de la Cumbre Sur del Grupo de los 77, que se efectuó en Cuba en el año 2000, y en general, Cuba se ha distinguido, especialmente, por sacrificar intereses y posiciones nacionales en aras de intereses colectivos de los países del Sur; sus niveles de cooperación internacional son reconocidos ya en el área del medio ambiente, y no solo los ya emblemáticos como en los campos de la salud y la educación.

Pero era un secreto a voces que los países desarrollados impedirían un acuerdo en la Cumbre de Copenhague, porque todos los datos —y había datos suficientes— indicaban una completa falta de voluntad política para asumir, primero, un acuerdo vinculante.  Es el primer fracaso de Copenhague:  no sustituye al Protocolo de Kyoto, que es vinculante, por un acuerdo vinculante.

Además, queda claro, en las posiciones demagógicas, engañosas que algunos líderes internacionales, sobre todo de países europeos y de otros países desarrollados, que “en esta conferencia los montes iban a parir un ratón”, como ha dicho alguna prensa, aun en el caso de un final feliz, un happy end, en el que todo el mundo estuviera de acuerdo con un papel que no dijera nada.

En tercer lugar, sabemos que las mismas causas que determinan que los países desarrollados no hayan cumplido los compromisos de financiamiento de Kyoto, permiten asegurar desde ya que no van a cumplir los compromisos de financiamiento que adquieran en el período ulterior de supuestas negociaciones.  Veremos cómo cumplen estos magros 30 000 millones de dólares, que cuando uno dice 30 000 millones de dólares está diciendo 10 000 millones de dólares anuales, y estamos hablando de países que han gastado 12 millones de millones de dólares salvando bancos.  Los manifestantes, con razón, decían:  “Si el clima fuera un banco, lo habrían salvado ya.”  Era una de sus consignas más repetidas.

Nadie podría creer, ni los más ingenuos, que el mercado va a resolver este problema, y sería muy difícil creer que realmente haya importantes avances en mitigación y adaptación y, sobre todo, en reducción de emisiones de carbono por los grandes emisores de carbono históricamente, y los que mayores per cápita de emisiones de carbono tienen hoy, que son los países desarrollados, en medio de las condiciones ciegas del mercado.

El clima es incompatible con los patrones de producción y consumo del capitalismo desarrollado, es una realidad.  Se intentará tapar el Sol con un dedo, pero es una realidad.

Moderadora.-  Andrea, ¿mantienes tú interés en preguntar? (Le dice que no.)

Shasta Darlington, de CNN.

Shasta Darlington (CNN).-  Voy a repetir la pregunta de mi colega sobre la detención del estadounidense, que el presidente Raúl Castro mencionó ayer, si hay más detalles sobre el delito que hubiera hecho, si los oficiales estadounidenses van a tener acceso consular y a quién estaba entregando este equipo satelital de comunicaciones.

Gracias, Ministro.

Bruno Rodríguez.-  Yo les he rogado concentrarnos en el tema de esta conferencia de prensa, que es realmente un tema grave; no solo grave, porque nos va la vida a todos los que habitamos el planeta, en particular, los primeros en morir —de hecho ya están muriendo— son los millones de habitantes de países del Tercer Mundo.  Es un tema realmente dramático.

En segundo lugar, es un tema urgente.

Por eso, les pediría concentrarnos en este tema, y estoy dispuestos en los próximos días a responder cualquier preguntar sobre cualquier otro tema.

Arleen Rodríguez.-  Sí, me parece que realmente lo más importante es lo que ustedes estaban tratando de discutir en Copenhague.

El ALBA como agrupación de países y el Grupo de los 77, más allá de Sudán, ¿han acordado acciones posteriores en vísperas de lo que puede ser México o fue, digamos, un momento coyuntural frente al desafío que representaba al de los más poderosos allí en Copenhague?

Bruno Rodríguez.-  En la Cumbre de los Países del ALBA, de La Habana, se adoptó una declaración concertada sobre el Cambio Climático y la Conferencia de Copenhague, a la cual ustedes pueden acceder, y recoge las posiciones del ALBA con relación a este tema, que son muy avanzadas, y recoge también la advertencia del fracaso en la Conferencia de las Partes de Copenhague.

Puedo decir que varios países del ALBA tuvieron una participación destacada en esta noche fatídica y larga, en la cual, por supuesto, no hubo tiempo de concertar posiciones, etcétera, sino de participar básicamente en capacidad nacional; pero puedo decir que junto a otros países representativos de los países en desarrollo afrontaron este intento de imponer a los países del Sur un documento totalmente lejano de las expectativas, destinado a engañar a la opinión pública, carente de cualquier compromiso, que aboliría el Protocolo de Kyoto en la práctica y que, al mismo tiempo, contiene formulaciones que comprometen la vida en el planeta, la supervivencia del planeta.

Puedo decir que, en este proceso, algunos países del ALBA, como los que he mencionado aquí, tuvieron un verdadero liderazgo, que fue reconocido allí y sirvieron de voceros para algunos países que se expresaron, o, incluso, para otros países que no se expresaron; porque es conocido la consecuencia que tiene, en términos de las relaciones internacionales injustas, discriminatorias, muchas veces avasalladoras de los países del Norte, el asumir posiciones de rebeldía como las que, afortunadamente, prevalecieron en esta conferencia cumbre, que permitieron abortar lo que habría sido un verdadero engaño a la opinión pública mundial.

Moderadora.-  Ministro, muchas gracias, y muchas gracias a todos por su presencia.

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