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El amor en los tiempos de Haití.

CUBA, 14 de diciembre de 2010.- Como la insuperable novela de Gabriel García Márquez El amor en los tiempos del cólera, ahora se vive en Haití una historia parecida.

Los protagonistas, un matrimonio de profesionales de la salud cubanos, cuya faena de enamorados toma cuerpo en pleno 2010.

En el hospital comunitario de referencia (HCR) de Thomazeu, convertido en una Unidad de Tratamiento de Cólera (UTC), muy cerca a Puerto Príncipe, la licenciada en enfermería Marlene Ferrer Ogues y su esposo, el doctor Rubén Aneiros Medina, salvan con devoción muchas vidas de las fauces terribles del cólera; y a la vez forjan su historia de amor en el día a día en medio de los avatares de una letal epidemia, que hace reflexionar también sobre la familia, la amistad, el amor en las diferentes etapas de la vida, la fidelidad, la convivencia conyugal, y por qué no, en la muerte.

El amor de Rubén y Marlene floreció en el hospital Arnaldo Milián Castro, de Santa Clara, Villa Clara. Llevan un feliz matrimonio en la vida y en la profesión de 16 años. Ambos cumplieron su primera misión médica en la República Bolivariana de Venezuela y ahora lo hacen en el sufrido Haití, flagelado por catástrofes naturales y sanitarias y una desesperanza que aprieta el corazón.

"Hemos tenido la oportunidad de estar juntos en estas dos misiones. Nuestra compenetración en el plano íntimo también ha sido un factor favorable en la atención a pacientes tan frágiles como los que padecen cólera en Haití. A veces de solo mirarnos sabemos qué queremos el uno del otro. Formamos un equipo maravilloso", expresa con satisfacción el doctor Rubén.

Se antojó Cupido de flecharlos cuando ella, audazmente, le pidió una botella en su bicicleta. "Nuestro amor se ha fortalecido más en estas adversas condiciones", sentencia ella.

Especialista en terapia intensiva y medicina general integral, el doctor Rubén también expresa que le ha impresionado sobremanera la pobreza extrema de este hermano pueblo caribeño, que padece muchas otras enfermedades infecciosas y transmisibles con altas tasas de VIH-SIDA, leptospirosis, paludismo, fiebre tifoidea o parasitismo. "Es un pueblo desvalido que necesita nuestra mano amiga", dice él.

Pude observar in situ el desvelo de Rubén y Marlene para salvarle la vida a un niño, Willerson Crispo, historia en la cual también tienen méritos propios las doctoras Sandra Barnett Carrión, especialista en medicina general integral, e Iliana Hernández Pérez, pediatra, quienes unidos en interconsulta lograron el objetivo. Ahora el infante está fuera de peligro.

El menor, que llegó más muerto que vivo a la UTC de Thomazeu, presentó un delicado cuadro clínico, pues además de la deshidratación, sufría una malaria cerebral, dos enfermedades infecciosas muy peligrosas, que acarrean un sin número de complicaciones en niños pequeños¼ sin embargo, otra vida le fue arrancada a la muerte. (Cubaminrex – Granma)

 

 

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