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Médicos cubanos dan vida en Belladere.

 

HAITÍ, 4 de enero de 2011.- José Francisco Paniagua es un haitiano de origen dominicano. Vive en el poblado de Croix-Fer, de la comuna rural de Belladere, departamento Centro, en la frontera con República Dominicana.

 

Relata que la peor madrugada de sus 27 años de existencia aconteció cuando el cólera intentó arrancarle la vida a tres de sus seis hijos.

 

"Los vómitos y las diarreas no paraban. Estaba desesperado y no sabía qué hacer", recuerda aún aterrado y con las manos en la cabeza.

 

"No tenía un cuarto (dinero) en mi bolsillo, porque soy muy pobre y a veces ni tengo para alimentar a mi familia", expresa mezclando palabras en español y en creole.

 

José Francisco se enteró de que médicos cubanos habían abierto hacía unas semanas un centro de tratamiento del cólera de 50 camas en Belladere, a tres kilómetros de su bohío de piso de tierra, y para allá arrancó caminando, primero con Francia, una niña de tres años, y Shinalde, un varón de siete, después con otro de los varones, Laurie de cinco años.

 

Las manos amigas y diligentes venidas desde Cuba actuaron rápido, canalizando venas y rehidratando tres menudos cuerpecitos para rescatarlos de una muerte segura, provocada por una terrible epidemia que ha segado la vida ya a más de 3 300 de sus compatriotas en apenas tres meses.

 

"Yo pensé que mis tres hijos iban a morir, estaban malísimos; pero los médicos cubanos son todos buenos, trabajan día y noche y tienen mucha, mucha paciencia y corazón.

 

"Usted sabe, la situación en Haití es mala, pero ellos nos prestan servicios; y a pesar de que no somos familia de sangre, vienen aquí y pasan trabajo junto con nosotros".

 

Y es un hecho significativo que en este centro de tratamiento del cólera establecido en tiendas de campañas y en condiciones muy duras, sus cuatro médicos, Roxana Paredes (Las Tunas), Luis Rodríguez (Camagüey), Wilfredo Ortega (Villa Clara), Dania Cisneros Marrero (Las Tunas) y los licenciados en Enfermería Manuel González (Santiago de Cuba), Daisy M. Carvajal, María Caridad Leyva, Ana Míriam Riera y Gisela Alonso (Camagüey) han resuelto a como dé lugar plantarle cara a la muerte para devolver a sus pacientes enfermos de cólera a la vida.

 

¿Cuántos niños como Francia, Shinalde y Laurie han visto trunca sus cortas vidas por este desgraciado padecimiento u otras enfermedades prevenibles con una simple vacuna, por no haber cumplido la comunidad internacional su compromiso de ayuda sin condicionamientos económicos y políticos a Haití?

 

En este país el cólera tiene el rostro de la pobreza, de la cual es responsable el capitalismo mundial, que ha condenado a esta noble tierra a una de las miserias más infrahumanas que ojos humanos puedan soportar.

 

Es un aldabonazo a la conciencia universal que en Haití, en pleno siglo XXI, los ciudadanos rebasen a duras penas las cinco décadas de vida como promedio, o que su tasa de mortalidad infantil sea de 62 muertos por cada 1 000 nacidos vivos, de acuerdo con el Informe Estado de la Población Mundial 2010, la más alta de América y el Caribe y una de las peores a nivel global. Su cuadro de salud en algunos casos presenta índices inferiores a los de algunos países del África Subsahariana.

 

El hambre que se vive en Haití, la escasez de agua y las pésimas condiciones higiénico-sanitarias de su población podrían provocar en los próximos meses una más rápida propagación de la epidemia de cólera y otras secuelas, como un mayor aumento de su elevada tasa de mortalidad infantil, por ejemplo.

 

Y en medio de tanto trabajo, que casi abruma y agota, ha sido signo de alegría y orgullo entre los más de 1 300 miembros de la Brigada Médica Cubana, la buena noticia de que nuestra Cuba ha logrado cerrar el 2010 con la más baja tasa de mortalidad infantil de su historia, 4,5 muertos por 1 000 nacidos vivos, con Villa Clara encabezando la lista con 2,5, y otras siete provincias y el municipio especial de Isla de la Juventud con tasas por debajo de 5,0.

 

También satisface y alienta el hecho de que nuestros brigadistas sanitarios continúen disminuyendo, en el inicio de este 2011, la letalidad de la epidemia de cólera en las unidades bajo su responsabilidad en Haití, con diez días sin tener un fallecido por cólera (la tasa en este sentido se fija en solo 0,52 %), cuando a nivel nacional este indicador continúa su espiral con una letalidad de 2,24%. Ya son 51 279 las vidas haitianas salvadas de la terrible enfermedad por los galenos y enfermeras de la Patria de José Martí. (Cubaminrex – Granma)

 

 

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