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Discursos e Intervenciones

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Discurso del Ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez Parrilla en la inauguración de la III Reunión Ministerial Cuba-CARICOM, 17 de septiembre de 2010.

 

Honorable Roosevelt Skerrit, Primer Ministro de la Mancomunidad de Dominica:

Excmo. Sr. Calin Granderson, Secretario General Adjunto de CARICOM:

Distinguidos Ministros de Relaciones Exteriores y Jefes de Delegaciones de las hermanas naciones caribeñas:

Cuba se honra en recibirlos.  Aguardamos la oportunidad que nos brinda este mecanismo permanente de consultas para intercambiar sobre los desafíos que, como caribeños, enfrentamos en un mundo de creciente complejidad.

Es ésta una ocasión propicia para pasar revista al desarrollo de los vínculos que compartimos entre nuestras quince naciones, en el marco de la firme aspiración compartida de continuar fortaleciendo el diálogo político inaugurado en la histórica cumbre de diciembre de 2002, sobre bases de respeto y solidaridad.

A nuestros hermanos del Caribe agradecemos siempre su temprana decisión de establecer relaciones diplomáticas con Cuba, cuando nuestro país sufría en esta región el aislamiento y la agresión.  Este valiente gesto, protagonizado en diciembre de 1972 por Barbados, Guyana, Jamaica y Trinidad Tobago, dio inicio a los vínculos ejemplares que hoy disfrutamos con las naciones que integran CARICOM.

A todos nos amenaza la crisis económica global y la persistencia de un orden internacional desfavorable a los intereses de los países en desarrollo, en particular los más pequeños y vulnerables.  Todos vivimos bajo el creciente peligro de los cambios provocados por la actividad humana sobre el medio ambiente, que resultan cada vez más insostenibles.  El Caribe, en su conjunto, sufre con particular crudeza el impacto del calentamiento global, y sus poblaciones están especialmente expuestas a las consecuencias del cambio climático.

La posición individual de cada uno de nosotros puede ser ignorada en el empeño de que la comunidad internacional actúe con determinación para enfrentar estos fenómenos.  Pero nuestra acción conjunta y resuelta tiene que ser tomada en cuenta.

Es preciso que reiteremos, sin lugar a confusión, la firme aspiración a llegar a acuerdos concretos y vinculantes en la próxima Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, a celebrarse en Cancún, México; a que se establezcan para los países desarrollados, principales responsables del problema, metas más ambiciosas de reducción de las emisiones.

Habremos de reclamar que se respeten allí los procedimientos de la Convención, y las reglas y prácticas de las Naciones Unidas; y denunciar las tentativas de destruir la actual arquitectura intergubernamental para el enfrentamiento al cambio climático, edificada sobre la Convención Marco y su Protocolo de Kyoto.

Es necesario, además, reiterar unidos nuestra aspiración de alcanzar un orden internacional más justo y equitativo, fundado en el respeto al Derecho Internacional y a los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Nos asiste el derecho a reclamar que las reglas del comercio internacional tomen en cuenta las condiciones particularmente vulnerables de los países pequeños y dejen de estar inclinadas a favor de los intereses de las potencias más industrializadas.

Hoy vivimos bajo un peligro adicional.  La perspectiva de que se produzca en el Medio Oriente una acción militar irresponsable, plantea un desafío de enorme magnitud, con implicaciones para toda esa  neurálgica región del planeta, para la economía mundial y para todas las naciones, en especial para aquellas dependientes de la importación de recursos energéticos, alimentos y otros productos.  Ningún pueblo o país quedaría inmune a esa insensatez, por muy distante que geográficamente se encuentre.

En América Latina y el Caribe, estamos experimentando un impulso nuevo y esperanzador a favor de la mayor integración, que abarque a sus 33 naciones y que tome en cuenta las peculiaridades nacionales y subregionales de sus pueblos. 

Estamos convencidos de que sólo una integración basada en la solidaridad, la cooperación y la voluntad de alcanzar niveles superiores de desarrollo, puede revertirse en un mayor bienestar para los pueblos latinoamericanos y caribeños, en un camino que preserve su soberanía y su identidad.  Debe ser una integración que otorgue el trato especial y diferenciado que merecen las economías más pequeñas, en un espacio que permita coordinar la multiplicidad de esfuerzos de concertación y cooperación desplegados durante las últimas décadas.

Por ello, apoyamos resueltamente la decisión de crear la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, espacio regional en el que los países del Caribe, como miembros de pleno derecho, tenemos la oportunidad y el deber de convocar el apoyo de esta vasta y rica región a favor de los intereses de nuestros pueblos.

Estos y otros temas del ámbito regional e internacional forman parte de nuestra agenda y aspiramos a deliberar en torno a ellos en las próximas horas. También deseamos dedicar espacio para continuar explorando las formas y vías de expandir los vínculos entre nuestras naciones, de seguir acercando a nuestros pueblos. 

Es preciso que dediquemos una atención especial a la situación de la hermana República de Haití, a nuestro compromiso de cooperar con su reconstrucción y a nuestro reclamo conjunto a la comunidad internacional para que apoye resueltamente el desarrollo sostenible de esa nación del Caribe, bajo la orientación y el liderazgo de su gobierno, y el pleno respeto a su soberanía.

Al reiterar la voluntad de seguir profundizando las relaciones de respeto, amistad y cooperación que disfrutamos con nuestros hermanos de la Comunidad del Caribe, deseo enfatizar el profundo agradecimiento de los cubanos por el apoyo resuelto de las naciones caribeñas al justo reclamo de que se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba hace ya más de cinco décadas.

“En el fiel de América están las Antillas” expresó José Martí, el más universal de los cubanos y vehemente defensor de todos los pueblos de América.  Al reunirnos hoy, rendimos tributo a su memoria y a la de todos los caribeños que han contribuido a la hermandad que une a nuestros pueblos. 

El Presidente Raúl Castro, quien presta especial atención a este espacio de diálogo y cooperación, les traslada un saludo fraternal, junto al mayor deseo de que, con nuestras deliberaciones, contribuyamos a consolidar las relaciones de amistad entre caribeños y respondamos con lealtad a las aspiraciones de paz, desarrollo y bienestar de nuestros pueblos.

Excelencias, les doy la bienvenida y hago votos por el éxito de este encuentro.

Muchas gracias.

(Cubaminrex)


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