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Inicia su ruta andariega Feria del Libro Cuba 2009

CUBA , 12 de febrero de 2009.- Con un preámbulo de miles de ejemplares vendidos, la Feria Internacional del Libro Cuba 2009 echará hoy sus anclas en el Parque Morro-Cabaña para empezar su andadura habanera.

Antigua fortaleza militar devenida plaza de la cultura, la Cabaña tiene a su favor vastos espacios al aire libre y el esplendor de un paisaje con un mar de azules profundos, ventana infinita por donde entra el rumor y el vaivén del Caribe.

Dedicada a Chile como invitado de honor, la escoltan dos figuras señeras de las letras y el pensamiento cubanos, la poeta Fina García Marruz (Premio Nacional de Literatura) y el historiador Jorge Ibarra (Premio Nacional de Ciencias Sociales), quienes comparten el homenaje con Casa de las Américas.

Fundada por Haydée Santamaría, heroína del asalto al cuartel Moncada y la lucha en la Sierra Maestra comandada por Fidel Castro, la Casa cumple sus primeros 50 años, los mismos de una Revolución sin la cual no hubiera sido posible.

El aroma de una y otra se expanden fundidos en una sola fragancia.

Con su caudal de más de seis millones de ejemplares, más de mil novedades y un sin número de reimpresiones para recorrer 16 ciudades de la isla, este año -como el pasado-, la feria tuvo un anticipo en 46 librerías habaneras, dispersas en toda el área citadina, incluidos los municipios distantes y la periferia.

Amantes de las expediciones anuales al otro lado de la bahía, aun cuando tendrán al alcance de la mano las valijas repletas que trae consigo la feria, en lugares tan céntricos como la subsede del Pabellón Cuba, una inmensa mayoría de habaneros prefiere seguir la ruta del Parque Morro-Cabaña.

El sitio es uno de los privilegiados en el recuerdo de los cubanos. Allí emplazó Ernesto Che Guevara su comandancia, en los tiempos iniciales del triunfo de 1959.

Hoy es un santuario de comunión con la historia, la lectura y el arte, una manera de prolongar la presencia espiritual del guerrillero argentino-cubano, ya en brazos de la leyenda. El Che fue siempre un lector consumado, en cuya mochila de combate nunca faltaron los libros.

Amante de las reflexiones profundas y de la belleza y transparencia de la palabra, entraba con la misma soltura de caballero andante en las materias más áridas y en el vértigo ardiente de la poesía.

Otro de los encantos del Morro-Cabaña, amén de sus praderas de césped a cielo abierto, lo son sus calles de esquinas cómplices, para sosiego y resguardo del sol o el viento; su capilla donde las oraciones las traen las voces de los libros, los diálogos entre los autores y el público.

Favorecida por la brisa marina y el fulgor en carne viva del trópico, el perfume de la letra impresa se torna, en sus predios, perturbador e incitante.

Los extranjeros que la visitan, los escritores y artistas venidos de otras zonas del mundo para enriquecerla con su presencia, afirman que la feria de la isla es distinta por la calidez de ese público masivo que fluye en una hilo humano interminable.

Es su séquito multitudinario, de una lealtad a toda prueba, que adquiere ejemplares y se da prisa para empezar a paladearlos sin demora.

La feria habanera tiene un hálito de romería, de peregrinaje familiar. Chile y Cuba unidas en un abrazo que borra de un soplo las distancias geográficas, bajo el universo de la letra impresa, tan amplio y diverso como la materia prima misma de la que nace. (Cubaminrex-Granma)

 

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