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Fidel Absuelto por la Historia

Mundo

Discurso de Caridad Diego Bello, Jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en el acto político cultural por el XX aniversario del encuentro del Comandante en Jefe Fidel Castro con líderes religiosos y los 25 años de la publicación del libro Fidel y la Religión. (Memorial José Martí, 30 de marzo de 2010, Año 52 de la Revolución).

Estimado General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

Compañeros Esteban Lazo Hernández, Ricardo Alarcón de Quesada y Abel Prieto Jiménez, miembros del Buró Político del Partido Comunista de Cuba.

Dirigentes del Partido y del Gobierno.

Representantes de instituciones religiosas y asociaciones fraternales.

Compañeras y compañeros:

Hermanas y hermanos:

Nos convocan en este lugar histórico, el Memorial José Martí, dos grandes acontecimientos: el XXV aniversario de la presentación del libro Fidel y la Religión y el XX de la reunión de líderes evangélicos y de la Comunidad Hebrea con el Comandante en Jefe.

 

Fidel y la Religión es el resultado de 23 horas de conversaciones con Fidel, quien con la inteligencia y honestidad que lo caracterizan, responde ante nuestro querido amigo Frei Betto, dominico brasileño y autor de esa memorable entrevista, quien a lo largo de todos estos años siempre nos ha acompañado, con su ir y venir por Cuba, compartiendo en diferentes eventos. Hoy el propio Betto nos ha honrado contando las experiencias vividas durante aquellos memorables días.

El hombre que dirigió una Revolución "de los humildes, por los humildes y para los humildes", responde con profundo contenido ético, perfilado en su formación en escuelas católicas y en la trascendencia del pensamiento de grandes hombres como Félix Varela y José Martí.

En su entrevista, el líder histórico de la Revolución nos habla del papel del ser humano, en defensa de los pobres, ya sea cristiano o comunista y la necesidad de su unidad, no como cuestión coyuntural, sino duradera y permanente, que nos acerca en alianza estratégica en América Latina, continente en ebullición a lo largo de estas décadas.

Sus pensamientos tienen como antecedentes los expuestos en su viaje a Chile en 1971 donde dijo "¼ hay un gran punto de comunidad entre los objetivos que preconiza el cristianismo y los objetivos que buscamos los comunistas; entre la prédica cristiana de la humildad, la austeridad, el espíritu de sacrificio, el amor al prójimo y todo lo que puede llamarse contenido de la vida y conducta de un revolucionario¼ "

Casi 6 años después en Jamaica, en 1977, ante representantes mayoritariamente de iglesias protestantes planteó "¼ en ningún momento la Revolución Cubana estaba inspirada en sentimientos antirreligiosos. Nosotros partíamos de la más profunda convicción de que no tenía que existir contradicción entre la revolución social y las ideas religiosas de la población. Incluso en nuestra lucha hubo una amplia participación de todo el pueblo y también participaron creyentes religiosos¼ "

Fidel, antidogmático por naturaleza, señala la necesidad y la posibilidad de que todos aquellos que luchan honestamente a favor de los hombres, se unan independientemente de sus ideas religiosas. Con su visión dialéctica, expresa: "En mi opinión, la religión, desde el punto de vista político, por sí misma no es un opio o un remedio milagroso. Puede ser un opio o un maravilloso remedio en la medida que se utilice o se aplique para defender a los opresores y explotadores, o a los oprimidos y explotados¼ ", y añade: "¼ en dependencia de la forma en que se aborden los problemas políticos, sociales o materiales del ser humano, que independientemente de teología o creencia, nace y tiene que vivir en este mundo".

La historia ha querido que coincida este acontecimiento con otra celebración especial, el XX aniversario de la reunión de creyentes evangélicos y judíos con el conductor de la Revolución. El Reverendo Raúl Suárez, entonces Presidente del Consejo Ecuménico, fue promotor de aquel intercambio que permitió comenzar una nueva etapa en las relaciones entre nuestro Estado, las iglesias, las instituciones religiosas y los creyentes. Aquel encuentro permitió a líderes, muchos de los cuales están presentes en esta sala, conocer directamente del pensamiento de Fidel, de sus hondas reflexiones, de su voluntad política desde los inicios de la lucha en la Sierra Maestra, de eliminar cualquier resquicio de discriminación y exclusión por creencias religiosas y posibilitar la inserción de los creyentes en la construcción de una sociedad cada vez más justa.

El 2 de abril de 1990 permitió a los creyentes expresarle al pueblo, del que son parte indisoluble, el compromiso desde su fe con la Patria.

En una ocasión tan especial como ésta, no puedo dejar de mencionar a un testigo presencial de esa reunión, en quien nuestro Comandante en Jefe depositó su confianza y que durante 32 años de su fructífera y revolucionaria vida, dirigió la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos con honestidad, modestia e inteligencia, que le granjearon el respeto y la autoridad de todos los que lo conocieron, me refiero al doctor José Felipe Carneado, quien supo interpretar el pensamiento de Fidel y aplicarlo consecuentemente en la práctica.

A lo largo de estos años, se han derrumbado barreras y crecido la confianza mutua en las relaciones de instituciones gubernamentales y organizaciones sociales con las religiosas y las asociaciones fraternales. Hemos recorrido un gran camino, pero aún nos queda mucho por andar.

No pretendo, por razones de tiempo, abarcar lo realizado hasta aquí, por eso sólo me detendré en algunos aspectos que ilustran lo alcanzado y que nos reta a lo que debemos hacer en el futuro.

El Cuarto Congreso del Partido Comunista de Cuba, realizado en octubre de 1991, acordó eliminar de sus Estatutos cualquier interpretación que impidiera a un revolucionario de vanguardia, en virtud de sus creencias religiosas, ser avalado para su admisión en nuestra organización. Hoy es el Partido de la Nación cubana, que no excluye por su raza, color de la piel, sexo, ni tampoco por creencias religiosas.

Nuestra Constitución fue modificada en 1992 y en su articulado quedó refrendado que el Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad de creencias religiosas, las que gozan de igual consideración. Así mismo en nuestra Carta Magna se garantiza la libertad de cada ciudadano de cambiarlas o no tener ninguna y a profesar, dentro del respeto a la ley, el culto religioso de su preferencia.

Los creyentes cubanos han formado parte de la gran batalla que libra nuestro pueblo para denunciar el injusto y cruel bloqueo, que el imperio más poderoso de la historia mantiene por casi 50 años.

Sus voces se han levantado en tribunas y foros nacionales e internacionales para solicitar que sus contrapartes norteamericanas y del resto del mundo, aprueben resoluciones en asambleas de sus Iglesias o envíen cartas a los presidentes de Estados Unidos para condenar este genocidio.

Merece un momento especial, recordar el papel que los Consejos de Iglesias de Cuba y Nacional de las Iglesias de Cristo en los Estados Unidos desempeñaron para lograr que sus abuelas viajaran a visitarlo y finalmente que el pequeño Elián, secuestrado por la mafia de Miami, regresara al seno de su digna familia. Pronto se cumplirán 10 años del feliz regreso de Elián, que las iglesias cubanas celebraron en un culto de "Acción de gracias" al que asistieron sus familiares y nuestro querido Fidel.

Hoy también están presentes en el acompañamiento a nuestros Cinco Héroes, prisioneros en cárceles norteamericanas por preservar de acciones terroristas tanto a cubanos como a norteamericanos. Personalidades internacionales, líderes y representantes de denominaciones religiosas del planeta entero y de los propios Estados Unidos, se han reunido con sus familiares a instancias de nuestras organizaciones religiosas y en particular con las esposas de René y Gerardo, para que se autoricen las visas para visitarlos y denunciar la gran injusticia cometida con esos compatriotas inocentes.

La solidaridad ha estado presente en las brigadas de intercambio con hermanos nicaragüenses cuando triunfó la Revolución Sandinista y más próximo en el tiempo con los venezolanos, lo que les ha permitido exponer a unos y otros, las experiencias acumuladas en su compromiso con el pueblo que trabaja por construir una sociedad cada vez más justa.

Solidarias han sido las Jornadas Camilo Torres, dedicadas al cura guerrillero, asesinado en su natal Colombia, los cultos en memoria de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador, a quien hace apenas unos días dedicamos una sentida conmemoración, efectuada en la Catedral Episcopal en el XXX aniversario de su alevoso asesinato, consumado por defender la verdad y acompañar a su pobre y sufrido pueblo.

Esa solidaridad ha estado presente también entre los creyentes cubanos y de otros pueblos, en la ayuda brindada a los damnificados por catástrofes naturales. Así fue después del paso por nuestra Isla de los huracanes del año 2008.

Contenedores de muchas partes del mundo gestionados y donados por representantes de diferentes religiones, se unieron a toda la ayuda humanitaria recibida. Pero también se puso de manifiesto la solidaridad, cuando organizaciones religiosas cubanas renunciaron al financiamiento exterior destinado a algunos de sus proyectos, que fue enviado por sus contrapartes al pueblo hermano de Haití, que sufrió los efectos del devastador terremoto del 12 de enero pasado.

Los cubanos también han recibido el respaldo de sus hermanos norteamericanos, a través de 20 Caravanas de Amistad Estados Unidos-Cuba, organizadas por los Pastores por la Paz, que cargados de amistad y afecto, desafían el bloqueo. Aún está en nuestras mentes el recuerdo de los días en que el mundo clamó por la devolución de aquel "ómnibus amarillo", hasta que llegó a Cuba.

También la solidaridad hacia otras nobles causas y en defensa de nuestra verdad, ha sido la labor realizada por el Capítulo Ecuménico en Defensa de la Humanidad, que difunde declaraciones contra la infamia y la mentira.

Miles de representantes y líderes de las más diversas religiones nos han visitado y compartido junto a los creyentes cubanos. Recordamos particularmente, la visita del Papa Juan Pablo II en 1998 y la que realizó el Secretario del Estado Vaticano conmemorando su décimo aniversario, la beatificación del Padre Olallo en Camagüey, a la que asistió Raúl y las que han realizado con sistematicidad Cardenales y Superiores Generales o provinciales de órdenes femeninas y masculinas de la Iglesia Católica.

Secretarios Generales y Presidentes regionales de los Consejos de Iglesias Mundial y Latinoamericano, de la Conferencia Cristiana del Caribe, también nos han honrado con su presencia a lo largo de estos años.

Los Patriarcas de las Iglesias Ortodoxas Griega y Rusa, participaron junto a Fidel y Raúl en la consagración de sus respectivas catedrales. También han visitado Cuba representantes de las Alianzas Mundiales Reformada y Bautista; directivos internacionales o en otros países de las iglesias Episcopal, Adventista del Séptimo Día, de Cristo, Metodista, Ejército de Salvación, Bando Evangélico Gedeón, Asambleas de Dios y de los Testigos de Jehová, entre muchos otros.

La pequeña Comunidad Hebrea que en nuestro país nunca ha sufrido actitudes antisemitas, compartió con el Gran Rabino de Israel, y más recientemente en ocasión del centenario de su fundación, fue visitada por rabinos y miembros de comunidades judías de diferentes partes del mundo.

El Congreso Orichas 2003 unió a practicantes y estudiosos de las religiones de origen africano, en el que se recordó la visita que efectuó con anterioridad el Ooni de Ilé Ifé de Nigeria.

El fundador de la Soka Gakkai Internacional, que recibió la "Orden Félix Varela", los monjes que de distintos países asistieron a los festejos por el 55 aniversario de la Asociación de Auto Realización Yoga, los participantes en los congresos internacionales espíritas, conforman el amplio y diverso intercambio que mantienen las organizaciones religiosas cubanas con sus contrapartes en el exterior, en suelo patrio.

Celebraciones evangélicas, realizadas por primera vez en Cuba, organizadas por el Consejo de Iglesias, reunieron a creyentes de casi todas las denominaciones evangélicas y protestantes, y realizaron actividades socialmente útiles en varios territorios del país, sumando líderes y creyentes. Próximamente se cumplirán 35 años de la creación de la Brigada Frank País, que convoca anualmente a cerca de 100 jóvenes creyentes y no creyentes a labores productivas.

Jornadas de reflexión socio-teológicas, como la que tuvo lugar el pasado año en ocasión de la celebración del II Congreso Evangélico Hispanoamericano, repercutieron internacionalmente por la participación de importantes líderes ecuménicos y teólogos de diversos lugares del mundo.

Decenas de hermanos, fundamentalmente de nuestra América Latina y del Caribe, nos visitaron recientemente para compartir con los masones cubanos los 150 años de la fundación de la Gran Logia Masónica de Cuba, asociación a la que pertenecieron grandes próceres de nuestra independencia.

Catedrales, templos, capillas, casas parroquiales y pastorales, sedes nacionales y territoriales, seminarios y también campamentos, han recibido el beneficio de su reparación, ampliación o reconstrucción parcial o total. Cientos de ancianas y ancianos reciben esmerada atención en 14 hogares y casas de abuelos dirigidos y administrados por diferentes instituciones religiosas y asociaciones fraternales, que en su mayoría reciben un presupuesto estatal.

La entrada de literatura religiosa al país ha sido sistemática. Han quedado atrás los días en que llegaba algún amigo con una caja de textos bíblicos, para regalar a los creyentes cubanos. Millones de ejemplares de Biblias, de Nuevos Testamentos, del Corán, de literatura para los espiritistas y otros libros para las bibliotecas de los seminarios o de carácter especializado, contribuyen en la formación del personal consagrado y para uso de los creyentes. La Torah preside el servicio religioso de nuestras sinagogas.

Se ha reconocido o extendido la presencia de decenas de instituciones religiosas y nuevos lugares de predicación que funcionan cumpliendo los requisitos establecidos, en todo el territorio nacional.

Procesiones y peregrinaciones en Semana Santa, o por el día de la Virgen de la Caridad, de Santa Bárbara y de San Lázaro; conciertos por Pentecostés y Navidad, alocuciones radiales en celebraciones especiales que emiten los obispos católicos y un programa auspiciado por el Consejo de Iglesias de Cuba, son hoy una realidad.

Las iglesias y otras organizaciones religiosas cubanas reciben también donaciones para sus actividades litúrgicas y para proyectos de carácter social o intraeclesial.

Los reclusos, que de forma individual reciben atención religiosa en los centros penitenciarios, hoy además participan en misas y cultos.

Nos queda mucho por hacer, debemos continuar trabajando en la unidad de los creyentes al lado de su pueblo y continuar fortaleciendo el compromiso con nuestra Patria.

Exponente por excelencia de ese empeño ha sido el Movimiento Ecuménico Cubano, enfrentando desde sus doctrinas y sus liturgias, el intento de organizaciones sectarias y ministerios independientes, distantes de la idiosincrasia del creyente cubano, que han querido establecerse en el país.

Tenemos el deber de continuar trabajando por el respeto a la legalidad, que permita que los creyentes cubanos sean parte de los esfuerzos que libramos contra la vagancia, el vago, las actividades corruptas o propiciadoras de indisciplinas sociales, la corrupción y las indisciplinas sociales.

De conjunto debemos profundizar en lo que hacemos, para que todos los cubanos seamos cada vez mejores, más honestos, honrados, trabajadores, capaces de salir adelante a partir de nuestros propios esfuerzos, comprometidos con los que nos han visto nacer, comprometidos con las generaciones que nos sucederán; en alianza estratégica, como nos ha pedido Fidel, que quiere decir aliados definitivos, "Por la Patria, con todos y para el bien de todos".

Muchas gracias.

(Cubaminrex-Granma)

 

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