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Fidel Absuelto por la Historia

Mundo

Reflexiones Pastorales sobre la Significación Histórica del Encuentro de Fidel Castro con Líderes Ecuménicos, pronunciadas por el Reverendo Raúl Suárez Ramos, director del Centro Memorial Martin Luther King, en el acto por el XX aniversario de dicho encuentro y los 25 años del libro Fidel y la Religión. (Memorial José Martí, 30 de marzo de 2010, Año 52 de la Revolución)

Por primera vez en la historia de América Latina una Revolución triunfante a dos años de tomar el poder, declaró el carácter socialista de la misma; y esto significó ser el Primer Territorio Socialista de América. También, por primera vez en la historia de la Iglesia cubana, significó el desafío de comprender y vivir la fe en un proceso revolucionario. Ambas partes arrastraban una tradición de incomprensiones que llegaron a crear serías contradicciones. Los reflejos condicionados se hicieron presentes, no siempre ausentes de razones, por lo que parecían ser irreconciliables.

Sin embargo, es justo reconocer que desde el inicio mismo de este proceso, la voluntad política tomó la iniciativa en favorecer otra situación. En ocasión de la despedida de duelo de Osvaldo Sánchez Cabrera y otros dos compañeros del MINFAR Ernesto Che Guevara afirmó:"Esta es la historia, es la fe revolucionaria por la cual dieron sus vidas un hebreo, un católico y un compañero sin religión, esa es la religión de la Revolución". Esta anécdota fue usada en un discurso pronunciado por el Comandante de la Revolución, Raúl Castro, para enfatizar la importancia de la unidad.

En la promoción de crear otra situación, corresponde al compañero Fidel su principal conductor. Quien sabe si por la providencia misma, había cursado sus estudios desde los 5 años hasta los diecisiete como alumno en escuelas religiosas. Adquirió conocimientos sobre religión, y lo que es mucho más significativo, estudió la Biblia. Esta experiencia se reflejaba en los primeros años de la Revolución, cuando aparecía en diversos programas televisivos, atrayendo a los creyentes religiosos a las obra humanista de la Revolución con citas de los evangelios. Cuando percibió que sus reclamos evangélicos no eran bien recibidos, categóricamente afirmó:"Traicionar al pobre es traicionar a Cristo"

Un ejemplo muy significativo fue el 13 de marzo de 1962, ante la presencia de tres mil becados y de miles de jóvenes de las escuelas de becados preuniversitarios y de institutos tecnológicos y los representantes de la histórica Federación de Estudiantes Universitarios. En aquel entonces, su presidente era el actual presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, doctor Ricardo Alarcón de Quesada.

En su discurso, al hacer referencia a la "Primera Declaración de La Habana", se pregunta:

¿Qué decimos nosotros en él? Que en la lucha por la liberación nacional, en la lucha contra el imperialismo, deben unirse todos los elementos progresistas, todos los elementos patrióticos, y que en ese frente debe estar desde el católico sincero que no tenga que ver con el imperialismo, ni con el latifundismo, hasta el viejo militante marxista. Declaramos eso ante todo el mundo, y venimos —con una cobardía que no tiene nombre— a quitar del testamento de un compañero la invocación que hizo del nombre de Dios (¼ ) el invocar sus sentimientos religiosos —si esta frase fue expresión de ese sentimiento— no le quita a José Antonio Echeverría nada de su heroísmo, nada de su grandeza, nada de su espíritu generoso de aquella juventud, que por boca de uno de sus dirigentes escribió tan sereno y desinteresado testamento"

Esta labor de Fidel encontró en el movimiento ecuménico cubano, un verdadero ejemplo de hombres y mujeres que a causa de su fe y sobre una sólida base bíblica y teológica no sólo habían abrazado la Revolución, también, como pueblo, optaron por el socialismo. Y en este esfuerzo de unidad, se fueron creando paso a paso, sin volar etapas, encuentros de verdadera cubanía y patriotismo. Así se fue forjando un quehacer teológico que nuestro Sergio Arce Martínez ha denominado Teología en Revolución. También hay que señalar que el movimiento ecuménico jamás pudo ser ignorado, a pesar de la política agresiva y de aislamiento que intentaron hacer con nuestro país. La dirección política de la Revolución supo percibir y evaluar, como nuevos signos de los tiempos, la solidaridad de los consejos ecuménicos en todos sus niveles, el aire fresco y renovador del Concilio Vaticano II, las Iglesias históricas, las instituciones de inspiración cristiana, la Conferencia Cristiana por la Paz, el Movimiento de Cristianos por el Socialismo, la Teología Latinoamérica de la Liberación, las Comunidades Eclesiales de Base, desde luego el martirologio cristiano, sobresaliendo la figura del sacerdote, Camilo Torres Restrepo y el ejemplo del Padre, Guillermo Sardiñas. Estos son solo algunos ejemplos, pudiéramos señalar muchos más. Todo este proceso hoy lo miramos como los antecedentes necesarios que hicieron posibles nuevos acontecimientos que fortalecerían la voluntad política y ecuménica en las relaciones Iglesias y Revolución.

El 28 de junio de 1984 Fidel nos dio una agradable y significativa sorpresa a representantes de más treinta y cinco denominaciones religiosas de Cuba, incluyendo a la Iglesia Católica. Y en un gesto inaudito en aquel entonces, se solidarizó con el movimiento ecuménico y participó con nosotros y nosotras y en la celebración en homenaje al doctor Martín Luther King Jr. en la Iglesia Metodista de K y 25 en el Vedado. Escuchaba con la atención que lo caracteriza, nuestros himnos con ritmos de honda cubanía y la proclamación de la Palabra por el pastor bautista Reverendo Jesse Jackson de la Convención Bautista Negra Progresiva. Aquella generación de cristianos y cristianas jamás olvidaremos nuestras lágrimas al ver en una de nuestras queridas iglesias evangélicas, al líder de la Revolución, y con ellas, nuestros gritos de Fidel, Fidel. Y esta experiencia nos demostró una vez más que el pueblo que se reúne en la Iglesia y en la Plaza de la Revolución, es el mismo y un solo pueblo: el pueblo de Cuba.

Al concluir la celebración, se acercó a un nutrido grupo de hermanos de diferentes denominaciones y dignatarios de la Iglesia Católica, y los felicitó por el espíritu ecuménico que se hizo evidente en la liturgia de aquella actividad.

En ese mismo año, en el mes de noviembre, se reunió con catorce líderes del Movimiento Ecuménico por espacio de tres horas y cuarenta y cinco minutos. En ese día nos enteramos de la próxima aparición del libro Fidel y la Religión, y compartió con nosotros y nosotras lecturas escogidas por él donde se reflejaba su firme voluntad política de fortalecer la convicción de que no somos cubanos y cubanas que se encuentran ocasionalmente en el camino, sino aliados estratégicos porque compartimos la motivación de trabajar por el bien y la felicidad de nuestro pueblo y unir esfuerzos para lograr una sociedad cada vez más justa y humana. Esta fue nuestra primera reunión, y a partir de ella, se hicieron frecuentes los encuentros con personalidades y delegaciones invitadas por el Movimiento Ecuménico y las Iglesias.

Al principio del año siguiente, 1985, se comenzó a distribuir por todo el país el libro Fidel y la Religión. Un millón de ejemplares, prácticamente, en dos o tres horas desapareció de las librerías. Jamás en la historia del movimiento revolucionario internacional había ocurrido cosa semejante. Solo un genuino representante histórico de la Revolución, ofreciendo, como el dijera, "un ramo de olivo" le comunicaba no solo al fraile dominico, sino a nuestras iglesias y a todo el pueblo:

"El nombre de Jesucristo fue uno de los nombres más familiares, prácticamente desde que tuve uso de razón (¼ ) realmente por mi propia cuenta no llegué a desarrollar una concepción religiosa, pero por mi propia cuenta llegué a desarrollar una convicción política y revolucionaria. Nunca percibí una contradicción en este terreno político y revolucionario, entre las ideas que yo sustentaba y la idea de aquel símbolo, de aquella figura extraordinaria que tan familiar había sido para mi desde que tuve uso de razón, y más bien proyecté mi atención hacia los aspectos revolucionarios de la doctrina cristiana y del pensamiento de Cristo".

Por toda esta expresión de la voluntad política al más alto nivel de la Revolución, fue posible la reunión, del 2 de Abril de 1990 con 66 hermanas y hermanos de nuestras iglesias y la Comunidad Hebrea; como bien escribiera en la portada del periódico Granma la periodista Martha Rojas, fue un "Encuentro de hermanos". El tiempo no nos permite entrar en detalles del Encuentro; del Libro lo ha hecho uno de sus protagonistas, el dominico Frei Betto. Pero si quiero decir, lo que en aquellos días gloriosos afirmé: "Si la relación Iglesias- Revolución hasta este momento caminaban con la primera, de ahora en adelante, hemos puesto la directa".

Los acontecimientos que siguieron, nos dieron la razón. Veamos:

Dos o tres días después, en Matanzas, el Movimiento Ecuménico de la ciudad se reunía con la dirección política y gubernamental de la provincia para darle continuidad a las reflexiones en torno a las relaciones Iglesia y Revolución. Y esta experiencia se extendió a todas las provincias del país. La clausura de estas actividades fue el encuentro en la Capital con cuatrocientos cincuenta presentes.

El IV Congreso del Partido Comunista de Cuba discutió el asunto sobre la inclusión de religiosos revolucionarios en el Partido. La idea fue recibida mayoritariamente favorable. El último orador fue Fidel, aclarando que no era necesario hablar más, porque los que le habían precedido en el uso de la palabra lo habían hecho con un pensamiento bien fundamentado. Finalmente, los Estatutos del Partido fueron modificados: la promesa de Fidel en la reunión del 2 de Abril se había cumplido: "Los creyentes revolucionarios tienen un doble mérito; a pesar de esta discriminación política, apoyan y defienden a la Revolución. Nosotros liquidaremos eso, y nos proponemos liquidarlo lo más pronto posible. Ese es el sentimiento prevaleciente en la dirección del Partido, sin ninguna discrepancia por parte de nadie (¼ ) esta discriminación política conduce a todas las demás discriminaciones".

A la decisión del IV Congreso siguió la decisión de la Asamblea Nacional del Poder Popular en el año 1992, al aprobar reformas a la Constitución.

La Constitución de 1976 trataba el tema religioso de la siguiente forma:

El artículo 54 de la Constitución de 1976 decía:

El Estado Socialista, que basa su actividad y educa al pueblo en la concepción científico materialista del universo, reconoce y garantiza la libertad de conciencia, el derecho de cada uno a profesar cualquier creencia religiosa y a practicar dentro del respeto a la ley, el culto de su preferencia. La ley regula las actividades de las instituciones religiosas.

Es ilegal y punible oponer la fe o la creencia religiosa a la Revolución, a la educación o al cumplimiento de los deberes de trabajar, defender la Patria con las armas, reverenciar sus símbolos y los demás deberes establecidos por la Constitución.

La Reforma del 1992 lo trata de esta forma.

Artículo 8 El Estado reconoce, respeta y garantiza la libertad religiosa. En la Republica de Cuba las instituciones religiosas están separadas del Estado.

Las distintas creencias y religiones gozan de igual consideración.

Artículo 59 El Estado que reconoce, respeta y garantiza la libertad de conciencia y de religión, reconoce, respeta y garantiza a la vez la libertad de cada ciudadano de cambiar de creencias religiosas o no tener ninguna y a profesar dentro del respeto a la ley, el culto religioso de su preferencia.

La ley regula las relaciones del Estado con las instituciones religiosas.

El artículo 42, también fue modificado, y quedó de la siguiente manera: La discriminación por motivo de raza, color de la piel, origen nacional, creencias religiosas y cualquiera lesiva a la dignidad humana está proscrita y es sancionada por la ley.

Los cambios fueron sustanciales. El Estado recuperó el carácter laico, y se enfatizó por lo tanto la separación de la Iglesia y el Estado. De esta manera, las relaciones Religiones, creencias religiosas e Iglesias-Revolución no sólo estaban basadas en una explícita voluntad política, desde este momento, se dio un salto profundamente sustancial, jurídico y constitucional. El camino quedó plenamente abierto, para que cada cubano y cubana se sintiera en entera libertad de hacer sus opciones de fe religiosa o no, y de unirse a la institución de su preferencia o no. El crecimiento de todas las expresiones religiosas de nuestro país, es un fruto de esta nueva situación: aún más, son muchas las Iglesias e instituciones religiosas, que al ritmo de estos nuevos tiempos, tienen y perfeccionan cada vez más un espacio en nuestra sociedad civil para servir a nuestro pueblo. Centros Ecuménicos aparecieron a lo largo y ancho de nuestro país, con diferentes programas que fortalecen y enriquecen la calidad integral de la vida ciudadana.

Debo terminar, pero antes, permítanme decir algo más: En este día, como aquel del 2 de abril de 1990 reafirmo mis palabras a Fidel: "Somos un grupo muy heterogéneo, coincidimos en la solidaridad con nuestro pueblo, en el amor por la patria cubana y en el reconocimiento de lo que ha significado la Revolución Cubana para nuestra gente. La situación actual no nos es ajena".

Hoy, a veinte años de aquel glorioso Encuentro, salvando la distancia en el tiempo con sus similitudes y diferencias, con un enemigo mucho más agresivo, con más hegemonía en la esfera mundial y con una maquinaria mediática a disposición de sus intereses mezquinos; conscientes del sentido del momento histórico que vivimos, y la imperiosa necesidad de cambiar todo lo que debe ser cambiado, quiero decirle a nuestro presidente Raúl, las palabras que dijera en aquella ocasión al compañero Fidel:"Comandante creemos que hay que hacer cambios en todas las esferas de la vida nacional, pero deseamos que esos cambios se hagan en el espíritu de la Revolución y dirigidos por la Revolución:" A usted le agrego, lo que en mis palabras estaba implícito: Presidente, con nosotros y con nosotras usted, la Revolución Cubana y su Proyecto Socialista, pueden contar". Amén, Así Sea.

(Cubaminrex-Granma)

 

 

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