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Los escenarios críticos de José Martí.

CUBA, 19 de julio de 2011.- La crítica teatral en José Martí, de Luis Álvarez Álvarez, publicado recientemente por la editorial Letras Cubanas, es un libro oportuno y necesario, no solo por la peculiar temática centrada en el análisis, sino también por la perspectiva multilateral y contrastante desde la cual se presenta el surgimiento y desarrollo de las visiones teatrales de Martí, a partir de los diversos trabajos comprendidos en el cuerpo de sus incursiones en el ejercicio del criterio respecto al teatro.

Difícil resulta encontrar estudios que puedan delinear, entre muchas otras experiencias creativas de diverso carácter, el proceso que conduce al planteamiento de una perspectiva cultural, estética, social y particularmente humana, ante el teatro. La escritura de Luis Álvarez Álvarez en esta ocasión deja muestras de ese recorrido singular dentro de la anchurosa obra de José Martí, a partir de la formulación de los escenarios en los cuales el Apóstol fecunda su propio imaginario teatral.

No se trata exclusivamente de una viaje a través de las imágenes confrontadas por Martí como espectador o como lector de la literatura dramática, sino de los ámbitos múltiples y cambiantes que, de modos muy insospechados, modelaron un pensamiento, una sensibilidad y una constante preocupación por el proceso de creación en el teatro y por la gestación de nuevos lenguajes a partir del encuentro de motivos e inspiraciones correspondientes con los afanes modernizadores del pensamiento y la razón de ser de la cultura en Hispanoamérica. Tales escenarios  incluyen las acciones transformadoras en el plano social y político a las que Martí colocó como eje primordial de sus proyectos independentistas.

La relectura de su crítica teatral se nos sugiere como un espacio de necesarias y posibles confluencias de las ideas que soportan la creación, las urgencias de la formación de nuestros públicos y nuestros modelos teatrales en dialogante controversia con los referentes de nuestras tradiciones y las voces plurales que, tras los artilugios de los lenguajes y las poéticas, dejaban a la luz las zonas de resistencia, renovación y apertura que Martí pudo reconocer y exaltar en las confrontaciones perdurables entre los modelos clásicos, neoclásicos, románticos, realistas y los atisbos del teatro naturalista que marcó el clímax de la renovación escénica de fines del siglo XIX, fundamentalmente en Europa.

Sin que la crítica teatral haya sido el mayor terreno de aportaciones en la obra creadora y humana de Martí, aparece, sin embargo, gracias a la aguda y culta observación de Luis Álvarez Álvarez, como un campo en el cual podemos reconocer las estrategias y los procederes a través de los cuales el Apóstol construyó sus lecturas del mundo de la escena desde dentro. De ahí que el título mismo del libro indique la pertinencia de una observación particularizada sobre el ejercicio del criterio sobre el teatro, cuyos destinos no estuvieron condicionados únicamente por el contacto con los espectáculos de los cuales debía dar fe crítica en sus numerosos desempeños periodísticos, sino por el debate general de anchas proporciones culturales, éticas, estéticas, sociales y políticas en el cual Martí hacía participar el teatro y  sus personales consideraciones críticas.

Precisamente, a partir de tan sustancioso campo de saberes,   el rastreo de los  conceptos y visiones martianas respecto a las múltiples formulaciones del teatro no se circunscribe para nada a las revisiones de sus críticas teatrales aparecidas en los diarios, en las cuales se dejan ver manejos técnicos respecto al sentido artístico, cultural, social, ético del teatro en diferentes contextos culturales,  la evolución de la dramaturgia, el tratamiento de la acción, el diseño de personajes y situaciones; el valor incuestionable del diálogo y la concepción lingüística del discurso teatral; la intervención de las instituciones culturales y sociales en función del desarrollo del teatro, e incluso, cuestiones tan peculiares como el trabajo de los actores y las actrices dentro de las exigencias de los versátiles lenguajes de la escena. Pero estos elementos, más acotes cercanos a las especializadas nociones de la práctica de la crítica teatral contemporánea, Álvarez Álvarez nos los conecta orgánicamente con los estadios evolutivos del teatro al que Martí accede desde su condición de hombre insular que participa, mediante las opciones que el estudio o las vivencias directas le permiten,  dentro de los avatares que atraviesa el arte de la escena y sus escrituras durante el siglo XIX, en franca contienda con sus modelos precedentes.

Así, en medio de la travesía plural, cuestionadora y dinámica  que Luis Álvarez Álvarez realiza, y nos impulsa a hacer con él,  por los caminos del arte de la escena en estrecha e imprescindible convivencia creativa con la literatura, la filosofía, la estética, la religión, las aportaciones de la teoría literaria y del arte en general, las visiones sobre la historia de las artes visuales, la danza, la música, la ópera y las artes de culturas lejanas como las de la China o la India; construir el abordaje de la crítica teatral en José Martí se revierte en un contundente replanteamiento crítico sobre el surgimiento de nuestros idearios teatrales, de nuestras invenciones de la teatralidad mixturada y concretada en los escenarios, o para los escenarios hispanoamericanos a los cuales Martí siempre prefirió en el centro de sus miradas y utopí ;as.

Rebasan las páginas de este libro las encomiendas directas sobre las interrogantes estilísticas o las variaciones del gusto, o tal vez las preferencias de una u otra manera de hacer la crítica, para concentrar los esfuerzos en el alcance de la mayoría de las señales teatrales que Martí dejó en sus escrituras críticas o de otros géneros. De tal suerte que los contextos culturales que Luis Álvarez Álvarez nos restituye ante los ojos de hoy, vienen crecidos desde el cruce de textualidades y procedimientos registrados por Martí, pero también fabulados, reinventados, recompuestos por el investigador que intenta y logra instalar al hombre prolijo que fue Martí en medio de la gestación no solo de su personal ideario teatral, sino de los rumbos más fértiles del teatro que desde entonces hasta hoy germinan en los escenarios iberoamericanos, en incesante confrontación acuden con los teatros más atrayentes de Europa, Asia y Norteamérica, por citar los de mayor dinámica y presencia.  

De igual forma que en el ensayo el autor refiere no pocas polémicas respecto a géneros y estilos creadores en el teatro y en el ejercicio de la crítica, al levantar las visiones martianas desde las crónicas periodísticas, las cartas, los relatos, los discursos u otros espacios; me resulta muy complicado y hasta inútil ubicar el perfil definitivo del texto inmenso que tenemos entre las manos.
Una gran crónica, una construcción novelada para un discurso que no renuncia ni un instante al rigor y la pasión por el detalle y la profundidad del análisis de los textos y los contextos martianos, sería quizás la seña de recomendación más urgente  de la que me auxiliaría para recomendar la lectura detenida de este libro. Una lectura oportuna para ver los caminos y las intervenciones de diferentes universos teatrales, literarios, artísticos, y culturales en un sentido más amplio, en la integración de los modelos que nos han guiado históricamente; todo ello a través de la marcha solitaria y convocante de un hombre de la talla humana de José Martí.

Junto a Martí, llegan las voces de sus contemporáneos y de sus maestros, de los visionarios de entonces dialogando con las nuevas configuraciones de los escenarios actuales de  nuestros proyectos teatrales, culturales y sociales. En las constantes equivalencias que el ensayo nos indica, se halla, precisamente, el impacto más fecundante de su lectura, lejana de todo precepto aleccionador o ejemplarizante respecto a la obra martiana como un monolito redescubierto y mantenido al amparo de las contaminaciones, perturbaciones y, por qué no decirlo, las aportaciones del presente.

La crítica teatral en José Martí, deja abierto el sendero para el encuentro de diversas sensibilidades en torno al teatro y la cultura, como basamento para otras empresas sociales y personales de empeños más abarcadores. Hay en estas páginas apasionadas y comprometidas el sutil encanto de la sugerencia y el látigo discreto,  pero certero,  revelador de la ignorancia, la desmemoria o la indiferencia ante la obra martiana. Y no solo ante ella, sino ante los modos de historiar, conectar, relacionar, aprehender y leer  la historia teatral que nos acoge y a la que tantas aportaciones hemos hecho y seguimos haciendo desde nuestros escenarios teatrales y culturales.

Cierto pudor por las lecturas apuradas, o por la inconsciente  distancia frente al manejo retórico del legado extenso e intenso de Martí, me ha hecho sentir este ejemplo edificador del ejercicio del magisterio que Luis Álvarez Álvarez ha entregado para iluminarnos en esta Isla, cada vez más universal y grande como las ideas y los impulsos emancipadores del Apóstol de Cuba.

A la inspiración y guía de Martí, tras sus apuntes y revisiones, tras los deslumbramientos y los ajustes que exigen los nuevos tiempos, siguen las marcas indelebles del discípulo martiano que es el Maestro Luis Álvarez Álvarez. De ese diálogo cultural y humano perdurable por su esencialidad y sincero sentido ético, se desprenden valiosos estímulos para tomar a Martí y a sus contemporáneos como compañeros participantes en las disímiles búsquedas que el teatro y su crítica realizan hoy, emparentados con los mismos fines revolucionarios que en los tiempos de Martí hacían pensar en un presente y un futuro más plenos para el hombre. Esas confluencias y equivalencias recogidas por las escrituras de Luis Álvarez Álvarez, desde la más exquisita y abarcadora convivencia cultural e histórica con los tiempos del Apóstol y los nuestros, fundamentan el carácter necesario y oportuno de La crítica teatral en José Martí.

(Cubaminrex- Cubarte)

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