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Havanastation, una y muchas Cuba.

CUBA, 16 de agosto de 2011.-  Una Cuba y muchas Cubas es Havanastation, el más reciente estreno de la industria cinematográfica en la Isla, un mapa audiovisual que permite un recorrido por complicadas zonas de una nación heterogénea por naturaleza, compleja en su esencia.
Y es que, como reza la canción de Israel Rojas, convertida además en el
tema de presentación del filme, la Isla es una y varias a la vez, una nación
en constante proceso de evolución y metamorfosis.
De ahí que esta cinta, la cual en poco menos de un mes de estrenada ha
sido vista por más de 300 mil cubanos en los cines de todo el país, sea un
suceso no solo en el terreno artístico, sino en otros,  por mostrar las
diferencias sociales.
A partir de la historia sencilla de dos niños nacidos y criados en
entornos totalmente divergentes, se crea la trama, la cual poco a poco nos
adentra en cuestiones sensibles para los que hoy habitan esta Isla, como es
la convivencia en medio de la crisis económica que Cuba también padece, así
como la pérdida de valores y el rescate de la amistad.
Y ese último aspecto es para este periodista  el más fuerte del filme, por
el cual merece ser recordado, porque teniendo siempre en cuenta su
destinatario principal: los niños y jóvenes, la cinta se convierte es una
estación para pensar el país que somos y el que queremos.
La cinta, con una fuerte carga simbólica, nos recuerda clásicos como
Memorias del Subdesarrollo, Lucía o La Muerte de un burócrata, encargadas
todas de mostrar los conflictos de la época, el sentir de los que día a día
hacen la nación.
En esta especie de geografía nacional desde la visualidad, la ópera prima
de Ian Padrón, por suerte, no se lanza a la aventura de ser un tratado de
sociología, como muchos pretenden siempre que sea el séptimo arte.
    De ahí que, a través de parlamentos cortos, de escenas cargadas de
movimiento y plasticidad, con la maestría fotográfica del maestro Alejandro
Pérez se tracen las líneas de un discurso, previsible, sí, en ocasiones un
poco forzados, también, pero válido porque no importa si es real o no,
convence y es veraz.
No hay planos casuales, todo está muy bien pensado, justo el niño rico, o
de mejor posición, se pierde un Primero de Mayo, con toda la significación
de esa fecha, justo es la Plaza de la Revolución el elemento visual que
marca una Habana de la otra, un país dentro de otro.
Porque también nos muestra esa otra parte de una realidad muchas veces
oculta, para muchos ignoradas, que es la marginalidad, la incertidumbre del
día a día, el vivir pensando en el hoy porque el mañana ya llegará.
  La película, que tiene en los protagónicos a Mayito (Ernesto Escalona) y
Carlos (Andy Fornaris), se lanza de lleno a la aventura de hacer un retrato
de un barrio pobre y convulso, donde la búsqueda del pan nuestro de cada día
parece ser lo más importante, y donde todos están dispuestos a ayudar a
todos.
   Esto quizás resulte poco creíble, pero la necesidad une y en los momentos
de crisis emerge la amistad, tesis de una cinta donde también se nos
recuerda que en el universo de los infantes amigo es el que sabe invitarte a
jugar bajo la lluvia, el que vende su paloma preferida para ayudarte, al que
no le tiembla la mano y te presta su papalote.
Havanastation inicia ahora su recorrido por los festivales
internacionales de cine, de seguro alcanzará otros premios los cuales se
unirán al de Mejor Película del Festival de Traverse City, pero algo queda
muy claro, es una película tan cubana como el ron y el tabaco, como la rumba
y el guaguancó.
Tan necesaria como auténtica, valiosa como retrato, digna como producto
audiovisual, vital para no perder la esperanza y la fe, para internarnos en
una y muchas Cubas. (Cubaminrex- AIN)

 

 

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