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27 de julio de 1956: Un viaje y una boda.

CUBA, 21 de julio de 2011.- "No sólo estuvo en nuestra boda, sino que fue uno de los testigos": Nadie mejor que Marta Jiménez para confirmar un dato, que de tan poco difundido creí errado, y que ubica a José Antonio Echeverría en la mañana del 27 de julio de 1956, en una notaría por entonces en M, casi esquina a 23, en El Vedado, para asistir al feliz enlace de su entrañable amigo, Fructuoso Rodríguez.

Sin excepción, libros y artículos consignan que ese día, el Presidente de
la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de Cuba partió de viaje hacia Chile, donde debía sesionar el II Congreso Latinoamericano de Estudiantes, y ofrecen detalles de la malograda cita, que por problemas económicos que impidieron a la mayoría de las delegaciones participar, terminó convirtiéndose en una reunión preparatoria, de la cual el joven cubano fue proclamado presidente. Duele pensar que, cuando al año siguiente el Congreso pudo al fin celebrarse en la ciudad de La Plata, Argentina, ya habían muerto asesinados lo mismo José Antonio que Fructuoso, su sucesor al frente de la FEU y el Directorio Revolucionario, y que el foro estudiantil por el cual tanto trabajaron, como tribuna de denuncia de las dictaduras en el continente y de combate por la unidad, la solidaridad y el progreso, devino póstumo homenaje a su memoria.
   Sí, unos de manera sucinta, otros prolijamente, libros y artículos hablan
de la salida hacia Chile y del periplo entonces iniciado y que mantuvo a
Echeverría fuera de Cuba hasta finales de octubre de aquel año crucial para la organización de las fuerzas revolucionarias y los preparativos de la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista.

Subrayan, en especial, sus dos encuentros con Fidel en la patria de
Benito Juárez, el primero en las postrimerías de agosto, luego de recorrer
varios países de América Central y del Sur y que tuvo como desenlace la
firma de la Carta de México, y otro más amplio a inicios de octubre,
concluida ya la VI Conferencia Internacional de Estudiantes, que en Ceilán (Sri Lanka) reunió a unos 250 delegados de 60 países.
   Desenmascarar a la tiranía batistiana, conquistar la simpatía y el apoyo
de la juventud mundial para la causa de la Revolución Cubana, organizar esa otra "guerra necesaria" y acordar la táctica y la estrategia para la lucha armada e, incluso, aquel mandato de la reunión preparatoria en México de gestionar en Ceilán ayuda para la realización del II Congreso
Latinoamericano de Estudiantes: cada objetivo fue cumplido con creces y los historiadores tienen razón al guardar memoria e insistir en la importancia de tan largo peregrinar.
 Pero, cuidado, que la exaltación más que merecida del líder, del héroe y
de sus obras, no acabe devorando al hombre. El repaso al 27 de julio de 1956 estaría incompleto si no recordamos también aquella mañana e imaginamos lo sucedido en la notaría: el calor, los nervios, las bromas a Fructuoso, porque la novia, que se está vistiendo en casa de un tío de José Antonio, "tarda demasiado y tal vez se haya arrepentido". Y después de la ceremonia, los besos, abrazos y parabienes a los recién casados y más risas, "porque ya no hay remedio".
Eran jóvenes, hermanos, más que amigos, y que a unas horas de emprender Echeverría un viaje que tanto trigo debía rendir, hallaran tiempo para juntarse al llamado del amor y los sueños de felicidad, hace más nítido el retrato de una generación que por la paz y por la vida fue a la guerra.
 ¿Testigo de Fructuoso en su casamiento? Sí, en ese José Antonio tangible, cercano y humano también debemos pensar. (Cubaminrex- AIN)

 

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