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El manejo de los trámites para el otorgamiento de visado como instrumento del gobierno de los Estados Unidos de América,  en la conducción de sus relaciones con la República de Cuba

El control de la entrada de ciudadanos cubanos al territorio norteamericano ha sido históricamente uno de los instrumentos del gobierno de los Estados Unidos de América para conducir sus relaciones con la República de Cuba, utilizándolo siempre en estrecha correspondencia con los objetivos de política exterior en el marco de las relaciones bilaterales en contextos históricos determinados. Esta situación se evidencia al hacer una retrospectiva sobre el tratamiento de este aspecto de los vínculos migratorios entre Cuba y los Estados Unidos a lo largo de los años y no sólo a partir de enero de 1959.

Como punto de partida para desarrollar el tema,  nos remitiremos al año 1950, habiendo ubicado una evidencia documental de esta forma de operar en el ámbito bilateral. Hasta el mes de julio de ese año, los ciudadanos cubanos no necesitaban realizar trámites de visados para entrar temporalmente a los Estados Unidos y permanecer allí por un máximo de 29 días, de acuerdo al procedimiento recíproco establecido por intercambio de notas diplomáticas en agosto y septiembre de 1945, lo cual tuvo la intención de simplificar los trámites migratorios y facilitar la entrada de un gran número de ciudadanos cubanos que lo solicitaban.

De acuerdo con la comunicación cursada por la Embajada de los Estados Unidos en La Habana,  dicha facilidad migratoria quedaba eliminada, restableciéndose la obligación de solicitar un visado según el motivo del viaje al país, con el mismo rigor con que se solicitaban las visas ante la Embajada en La Habana o el Consulado en Santiago de Cuba para la categoría no inmigrante, por un término mayor  a  29 días.

Las razones que expuso el gobierno norteamericano para anunciar la aplicación de ésta medida fue la violación de la Ley Inmigratoria norteamericana de 1918, vigente en ese momento, por parte de muchos ciudadanos cubanos que no abandonaban el país al término de los 29 días, sin que tampoco realizaran ningún trámite para la extensión de su estancia ante las autoridades de inmigración norteamericanas, lo cual, desde el punto de vista legal los ubicaba en una situación de irregularidad migratoria. Al mismo tiempo, el gobierno norteamericano de forma discreta señaló que también se consideraba la posibilidad que el gobierno cubano aplicara la reciprocidad como reacción lógica de un país soberano, como es la norma internacional en estos casos. Sin embargo, se tuvo en cuenta que este elemento afectaba en no poca medida las relaciones por definición asimétricas entre un país pequeño, de limitada autodeterminación y dependiente económicamente de un potencia política, militar y económica.

Por su parte, el Departamento de Estado norteamericano informó que habían recibido las quejas de las autoridades de  Inmigración por las violaciones cometidas por los ciudadanos cubanos, en abuso del privilegio de exención de visado por personas que trataron de establecerse de forma permanente en los Estados Unidos después de los 29 días establecidos, incluidas las que de acuerdo a las regulaciones migratorias norteamericanas estaban consideradas inadmisibles o indeseables y entre las que se podrían encontrar los agentes comunistas; de haberse  aplicado el procedimiento migratorio de solicitud de visa, pudieron haberse considerado en la categoría de excluidos que les impedía su entrada a los Estados Unidos. En 1950, según fuentes públicas consultadas, la cifra de ciudadanos cubanos que viajaron al país ascendía a 60,000 y de éstos 50,000 por el procedimiento de exención de visado.

En el caso de la aplicación de la reciprocidad por parte del gobierno cubano se cuestionó por ambas partes, al tenerse en cuenta la afectación económica que representaba para Cuba, no por la recaudación consular por concepto de visado, sino por el monto considerable de la cifra de ingresos en divisas que aportaban los turistas norteamericanos por gastos de hospedaje, alimentos y otros servicios que se les prestaban durante se estancia en nuestro país.

En el contexto de la década del 50, además debió considerarse por la parte cubana  mantener el sistema de exención de visado por otros razonamientos como:

El precedente de la recientemente finalizada Segunda Guerra mundial, durante la cual por necesidades bélicas según argumentó el gobierno de los Estados Unidos, se estableció el requisito de las visas, oportunidad en la cual no se aplicó la reciprocidad por parte del gobierno de la República de Cuba en atención a sus intereses turísticos, y que la medida no hubiese respondido a la necesidad real de una nación que tuvo una fuerte participación en un conflicto bélico internacional desde 1942 hasta 1945.

Los intereses de los sectores comerciales nacionales, especialmente los hoteleros que estaban estrechamente vinculados  a la mafia norteamericana que controlaba, entre otros, el negocio de los casinos de juegos en los grandes hoteles de Las Vegas, en Estados Unidos y comenzaba a tener su presencia en Cuba, se verían seriamente perjudicados por la disminución del turismo norteamericano.

En la situación política  internacional que prevalecía en 1950, al parecer el gobierno de los Estados Unidos consideró demandar el apoyo de la mayor cantidad de países que se declaran sus aliados, para mantener una vigilancia y control sobre las actividades de los extranjeros en su territorio. Por este motivo, cualquier país y en particular los económicamente dependientes, tenía que valorar toda acción que pudiera afectar los intereses norteamericanos, como fue el caso de Cuba en relación con el tema migratorio, que pudo haberse interpretado como un gesto hostil en el marco de un vínculo entre países que se consideraban aliados.

Paradójicamente, el 29 de agosto de 1950, se anunciaba la firma de un nuevo convenio sobre pasaportes entre los Estados Unidos de América y Chile, por el cual se eliminaba el requisito de visa para turistas, a la vez que las visas de tránsito y las de residencia temporal en uno u otro país serían emitidas de forma gratuita.

Inmediatamente después del triunfo de la Revolución cubana la política inmigratoria del gobierno de los Estados Unidos hacia Cuba cambia radicalmente y se convierte en una de las principales armas para el desarrollo de acciones hostiles contra el Gobierno Revolucionario,  al cual trata de derrocar por todos los medios a su alcance. Entre estas sobresale la Ley de Ajuste Cubano de 1966, que en claro contraste con la medida aplicada en el año 1950, privilegia y alienta la entrada ilegal de ciudadanos cubanos a territorio norteamericano, otorgándoles el privilegio de residencia y opción de optar por la ciudadanía en un lapso de tiempo muy inferior al establecido para otros inmigrantes latinoamericanos y caribeños, que hacen del tratamiento hacia la emigración de origen cubano el más grande  paréntesis en todo el sistema de inmigración y ciudadanía de los Estados Unidos.

(Cubaminrex/Dirección Gestión Documental)

Nota diplomática del 29 de agosto de 1950, del Ministerio de Estado de la República de Cuba a la Embajada de los Estados Unidos de América en La Habana

 

 

 

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