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Prisioneros del Imperio

Prisioneros del Imperio
  • Antonio Guerrero Rodríguez
  • Fernando González Llort
  • Gerardo Hernández Nordelo
  • Ramón Labañino Salazar
  • René González Sehwerert

POR FAVOR, NO HAGAN SILENCIO

Carta abierta de los Periodistas Cubanos a sus colegas de todo el mundo
Ver un crimen en calma es cometerlo, nos enseñó el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, hace más de un siglo.

Los periodistas cubanos exhortamos a los colegas de todo el mundo a que no se hagan cómplices de una injusticia.

En Miami, ciudad-albergue de terroristas, laboratorio de la muerte, desde hace tres años hay cinco cubanos presos. Desde ayer, y en forma escalonada, la jueza encargada del caso irá dictando sentencias que pudieran incluir la cadena perpetua al menos para tres de ellos. Ninguno de los cinco es culpable. Los fiscales no pudieron probar la culpabilidad, los abogados probaron la inocencia.

La mayoría de ustedes tal vez ni han sido informados. Salvo el caso natural de la prensa de Miami, para el resto de los medios impresos y electrónicos hasta ahora no ha sido noticia que cinco cubanos estén injustamente en la cárcel.

El 11 de septiembre el salvajismo destruyó las Torres Gemelas de Nueva York. El hecho, con razón, conmocionó al mundo. Los medios de prensa durante semanas no hablaron de otro tema.

En ninguna ciudad cubana los terroristas pueden destruir rascacielos, porque no existen. En cambio, pueden cometer otras acciones de horror. Los terroristas que desde hace más de 40 años actúan desde Estados Unidos, han matado a jóvenes maestros, a indefensos pescadores, a mujeres, a obreros, a campesinos. O han hecho estallar un avión civil en pleno vuelo. O han explotado bombas en hoteles para matar turistas extranjeros. Son miles los asesinados, miles los huérfanos provocados por el terrorismo. A todo esto hay que añadir la guerra biológica, el intento de asesinar a dirigentes cubanos, el sabotaje a oficinas cubanas en el exterior, el asesinato de diplomáticos en los propios Estados Unidos.

Por eso los cinco prisioneros del imperio, tampoco han sido noticia para los grandes medios.

El Buró Federal de Investigaciones y las autoridades de Estados Unidos conocen perfectamente los planes y acciones de los grupos terroristas que actúan en Miami. Pero siempre han mantenido la indiferencia o la complicidad. La tolerancia frente a los terroristas de Miami ha sido el comportamiento de las autoridades de Estados Unidos. Un terrorista de origen cubano puede hacer estallar un avión en pleno vuelo, matar a 73 personas, y luego gozar de libertad en territorio estadounidense.

Todo eso explica que cinco patriotas cubanos tuvieran que cumplir el honesto, limpio y sagrado deber de proteger a su país, de proponerse evitar la muerte, de impedir el terror.

Ellos nunca pretendieron dañar al pueblo norteamericano, ni su integridad; ni intentaron poner en peligro la seguridad de Estados Unidos. Ni siquiera conocer sus secretos militares.

Estos cinco hombres vigilaban a terroristas despiadados, enemigos de lo humano, capaces de quemar, al estilo fascista, una obra de arte.

Por oponerse al terror contra su país, ahora pueden ser condenados a cadena perpetua, a no disfrutar más de su familia, a no ver crecer a sus hijos, a no volver a pisar jamás la tierra que los vio nacer.

Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, René González y Fernando González, son hombres que aman la vida, ciudadanos ejemplares, de alto espíritu, sentido del humor, sensibles a la poesía, dignos, amantes de su familia y elevado patriotismo. Son hombres cultos, exponentes del alto nivel cultural alcanzado por el pueblo cubano. Hombres de pensamiento y convicciones.

Ellos no merecen ir a la cárcel. No lo merecen desde el punto de vista legal, porque su inocencia quedó demostrada en el juicio que se siguió contra ellos, ni desde el punto de vista moral y humano, porque defienden una causa justa y noble.

Quienes honestamente dicen oponerse hoy al terrorismo, debieran, lejos de condenarlos, rendirles homenaje a estos cinco patriotas.

Los periodistas cubanos, que sentimos como una ofensa a la dignidad lo que se hace contra nuestros hermanos en Miami, exhortamos a nuestros colegas de todas las naciones a que investiguen por su cuenta la verdad y la expongan ante el mundo.

La palabra no es para encubrir la verdad, sino para decirla, advirtió José Martí. Nosotros los invitamos a que escriban, hablen, filmen, hagan artículos y reportajes. Encuentren, por favor, respuesta a esta pregunta: ¿Es posible oponerse al terrorismo en el mundo y a la vez llevar a la cárcel a cinco personas que combaten a los terroristas? La honestidad de cada colega hará las conclusiones.

Por nuestra parte, estamos dispuestos a ofrecerles toda la información que tenemos sobre este caso.

Por favor, colegas del mundo, no hagan silencio: callar es matar. La ética, la dignidad y el prestigio de la profesión de periodistas, hay que defenderlo con la verdad. Informen a sus lectores, televidentes y radioyentes: en Miami, madriguera de terroristas, se condena a luchadores antiterroristas.

La Habana, 11 de diciembre del 2001

III Festival Nacional de la Prensa Escrita

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