CubaMinrex. Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba

  English   RSS Cubaminrex  

Prisioneros del Imperio

Prisioneros del Imperio
  • Antonio Guerrero Rodríguez
  • Fernando González Llort
  • Gerardo Hernández Nordelo
  • Ramón Labañino Salazar
  • René González Sehwerert

La primera violación

Dr. Rodolfo Dávalos
Juventud Rebelde

6 de junio de 2004

En los recursos de apelación presentados por los abogados de la defensa de los Cinco Héroes cubanos prisioneros políticos en Estados Unidos, ante el Onceno Circuito de Apelaciones en Atlanta, se señalan veinticuatro causales o motivos de apelación. Cada una de ellas es representativa de una violación cometida a lo largo del proceso, cada una de ellas es suficiente para invalidar el juicio o hacer que se anulen o modifiquen las injustas sentencias dictadas por la Corte Federal de Miami.

No son estas las únicas violaciones cometidas, son solo aquellas que con gran relevancia jurídica los abogados han considerado suficientes para argumentar sus recursos. Quien esto escribe, por ejemplo, ha señalado ya 32 en esta misma columna.

Sin embargo, al revisar hace unos días detalles de la detención de los Cinco, recordé un famoso precedente judicial (Arizona vs. Miranda, 1963) y tomé conciencia de que la primera violación en el caso de los Cinco Héroes se había cometido desde el momento mismo de la detención, cuando fueron violadas las llamadas “advertencias Miranda”. Veamos:

El 3 de marzo de 1963, una joven fue violada en el desierto de Phoenix, Arizona; no había testigos, pero en la denuncia la victima describió los rasgos del atacante. Una semana después el mexicano Ernesto Miranda fue detenido; tenía un buen historial de fechorías y coincidía con la descripción.

La víctima no lo identificó en rueda de sospechosos junto a otros tres mexicanos, pero luego afirmó que era el más parecido. Los agentes de la policía (Carrol Cooley y Wilfred Young) le llevaron inmediatamente al cuarto de interrogatorios, le comunicaron que había sido identificado y en menos de dos horas le arrancaron la confesión firmada, como evidencia suficiente para el juicio.

A Miranda le fue asignado un abogado de oficio (Alvin Moore), quien estudió la evidencia y se dio cuenta de la forma en que había sido obtenida la declaración. En su alegato inicial en el juicio planteó al jurado: “Ustedes tienen un caso triste, pero no tienen los hechos y las evidencias requeridas...”

Después, durante el interrogatorio preguntó al agente Cooley: “Agente, no vi en la declaración donde diga que el acusado tenía derecho de ser asesorado por un abogado antes de ser interrogado”. El agente respondió: “No señor, no lo dice”. Entonces el abogado se lanzó a fondo, cuando insistió: “Agente, ¿no es práctica de Uds. advertir a las personas que arrestan que tienen derecho a un abogado antes de hacer declaración alguna?”, “No, señor”, respondió el agente.

El abogado no necesitaba más, impugnó la declaración y con ella, la única evidencia del proceso. Pero el jurado le declaró culpable y la Corte de Phoenix le sancionó; de todas formas se trataba de un “mexicano”, y la víctima era “americana”...

Moore no se dejó vencer por el veredicto y desató una batalla legal que llegó hasta la Corte Suprema tres años después. Su presidente, Earl Warren, decidió la votación (cinco contra cuatro), y la sentencia fue anulada, estableciendo un precedente singular que dejó plasmada, en lo adelante, la guía inequívoca para cualquier detención o interrogatorio: “Antes de cualquier cuestionamiento, la persona debe ser advertida que tiene derecho de permanecer callada, que cualquier declaración que haga puede ser usada en su contra como evidencia, y que tiene el derecho de ser asistida por un abogado contratado o de oficio antes de prestar declaración”.

Así surgieron las “advertencias Miranda”, como uno de los importantes derechos que a todo acusado garantiza la quinta enmienda de la Constitución norteamericana, integrando el concepto del “debido proceso legal”, y que deben ser cumplidas, al pie de la letra, con todo detenido, bajo pena de posible nulidad de las actuaciones.

El caso Miranda nada tiene que ver con el de los Cinco Héroes: aquel era culpable, estos son inocentes. Nada tiene que ver con la naturaleza del delito imputado (aquel era un delito infamante, estos son supuestos delitos “traídos por los pelos” para armar un caso político). Nada tiene que ver con la estatura moral de los acusados (aquel era un delincuente, estos son héroes); ni con el móvil que motivara los hechos (a uno, vejar a una mujer; a los otros, defender la patria y a su pueblo).

Pero el derecho de toda persona al ser detenida en Estados Unidos, consagrado en el precedente judicial sentado por la Corte Suprema en el caso, obligaba a los agentes del FBI actuantes el 12 de septiembre de 1998, a aplicarlo, y, en consecuencia, estaban obligados a:

• Informar a los detenidos que tenían derecho a no decir nada, y sin embargo, fueron extorsionados y amenazados incluso con represalias a sus esposas si no confesaban.

• Informar a los detenidos que tenían derecho a contar con la presencia de abogados defensores antes de cualquier interrogatorio. Sin embargo, fueron interrogados, entre artimañas y trampas, a solas y por separado, durante seis horas en el cuartel general del FBI, en Miami, antes de ser enviados al “hueco” durante 17 meses, en represalia por no confesar.

¿Será que las “advertencias Miranda” quedaron entonces solo para las películas, o para los casos en que la publicidad puede sacarlas a flote? ¿O es acaso que se trata de Cuba? La cadena de violaciones que se cometerían después dejó clara la intención del Gobierno de Estados Unidos contra los cinco patriotas.

Aunque administrar justicia es algo muy serio, responsable y delicado, una violación puede pasar, tal vez, inadvertida, a los ojos de la ley y de los jueces, si nadie la pone de manifiesto, pero tantas violaciones, ilegalidades, arbitrariedades y abusos, conocidos y probados, solo pueden recibir de la Corte de Apelaciones una digna respuesta: justicia.

<< Atrás

Copyright © Ministerio de Relaciones Exteriores

Escribir al WebmasterEscribir al Webmaster