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Los graves obstáculos planteados por el orden internacional vigente a la construcción de una sociedad mundial de la información justa, equitativa y solidaria.

Cuba considera que la falta de voluntad política de un número importante de países desarrollados y su decisión de proteger los injustos fundamentos del orden económico internacional vigente, son factores determinantes en la falta de progreso de una Sociedad Mundial de la Información Justa, Equitativa y Solidaria.

La cooperación internacional para el desarrollo es un derecho inherente a los pueblos del Sur. Es un imperativo ético para la comunidad internacional detener e invertir la tendencia a la marginación de cientos de millones de personas excluidas del disfrute de los beneficios de la globalización y la interdependencia.

Se hace necesario el establecimiento de un orden económico internacional justo, democrático y equitativo, basado en la participación real de todos los pueblos en la adopción de decisiones en temas que deciden su bienestar y futuro, en el interés común y la cooperación de todos los Estados y en el derecho a la solidaridad, en virtud del cual todos los pueblos y naciones pueden aspirar a la ayuda internacional en sus esfuerzos por ejercer su derecho al desarrollo, por erradicar la pobreza, el analfabetismo y el hambre, así como enla prevención y mitigación de las consecuencias de situaciones de emergencia, tales como los desastres naturales.

Entre los obstáculos que deberán ser superados para el establecimiento de una Sociedad Mundial de la Informaciónjusta, equitativa y solidaria, Cuba considera necesario mencionar los siguientes:

  • Descapitalización de las economías de los países del Sur, como consecuencia de la carga de la deuda externa y de su servicio.
  • Agudización de las condiciones del intercambio desigual en el comercio de productos entre los países del Norte y el Sur. Los precios de los productos básicos han alcanzado niveles mínimos. Los países en desarrollo importadores netos de combustible, han enfrentado en los últimos tiempos como agravante a su difícil situación, una escalada brutal en el precio del petróleo.
  • Desigual distribución de los beneficios resultantes del proceso de mundialización e interdependencia económica, los cuales no han alcanzado a todos los países, comunidades e individuos.
  • Acción depredadora de las grandes empresas transnacionales, las que monopolizan los principales mercados internacionales de productos, materias primas, tecnologías y servicios, imponiendo precios exorbitantes.
  • Decrecimiento sostenido en la Asistencia Oficial para el Desarrollo y la ampliación de los condicionamientos impuestos por los países donantes a cualquier fondo de asistencia para el desarrollo. Con ello se afecta la capacidad de los Gobiernos del Sur de ubicar los recursos disponibles en las prioridades de sus programas de desarrollo.
  • Imposición de barreras no arancelarias al comercio por parte de los países industrializados, obstaculizando el acceso al mercado de los productos no tradicionales de exportación de los países en desarrollo.
  • Control monopólico de las patentes por parte de los países del Norte y sus corporaciones transnacionales, e imposición de numerosas trabas a la transferencia de tecnologías.
  • Las privatizaciones a ultranza y la reducción de las estructuras y entidades de la administración del Estado, han transferido al sector privado el control de una parte determinante de la información, tanto a nivel nacional como internacional. La expansión del sistema de protección del secreto comercial e industrial, ha alcanzado niveles insostenibles. Se ha llegado incluso a privatizar, mediante el sistema de patentes impuesto, recursos del patrimonio común de la humanidad tales como la biodiversidad genética.
  • Aplicación contra los países del Sur de políticas de estímulo al “robo de cerebros” que desarticulan, o al menos obstaculizan sus programas de formación y desarrollo del capital humano.
  • Arquitectura financiera internacional injusta y que no logra dar respuesta a las necesidades de los países subdesarrollados. La liberalización financiera, incluyendo los flujos de capital especulativo y volátil, han generado gran inestabilidad en los recursos financieros internacionales, con resultados especialmente desastrosos para los países en desarrollo.
  • Incremento en los ritmos de propagación de pandemias como el SIDA.
  • Homogeneización ideológica y cultural que se intenta imponer a través el control monopólico que ejercitan las transnacionales de la información, las comunicaciones, del cine, la televisión y la industria del entretenimiento, las cuales son en su mayoría estadounidenses.

La declaración adoptada por los Jefes de Estado y de Gobierno en la Cumbre del Milenio subrayó el valor fundamental de la solidaridad para las relaciones internacionales en el siglo XXI, al afirmarse que los problemas mundiales deben abordarse de manera tal que los costos y las cargas se distribuyan con justicia, conforme a los principios fundamentales de la equidad y la justicia social.

El establecimiento de un Nuevo Orden Mundial de la Información y las Comunicaciones no es una aspiración que habría quedado en los libros de la historia de la Guerra Fría, como algunos malintencionadamente quieren hacer creer; es una necesidad impostergable para que los países en desarrollo y amplios sectores sociales en los propios países industrializados puedan enfrentar con éxito los planes de dominación política y cultural diseñados en los principales centros de poder del capital transnacional.

La humanidad enfrenta momentos dramáticos y en extremo peligrosos, cuando el fascismo resurge con la pretensión de ejercer su brutal dominio sobre el planeta.

El Gobierno del presidente Bush en los Estados Unidos desconoce abiertamente los principios de convivencia entre las naciones, así como los principios y propósitos de la Carta de San Francisco, que creó la esperanza en un orden justo, equilibrado y pacífico en el sistema de la Organización de Naciones Unidas.

Se viene imponiendo un criterio intervencionista que viola todas las obligaciones emanadas de los tratados y otras fuentes del derecho internacional, y pretende arrasar con principios fundamentales como la igualdad soberana de todos los Estados, y el respeto a la libre determinación de los pueblos. Se trata, como se ha dicho con razón, de la sustitución fatídica del imperio de la ley por la ley del Imperio.

La maquinaria propagandística de la superpotencia repite acusaciones de forma deliberada, sin exhibir jamás ninguna prueba; presenta a sus fuerzas invasoras como "liberadoras"; reclama el carácter "democrático" de la administración colonial que impone; utiliza de forma repugnante la llamada "ayuda humanitaria". Se propone dejar sin rostro, sin cultura o moral a las víctimas, mostrando una imagen aséptica de la masacre que lleva a cabo, de modo que la sangre, la muerte de miles de civiles, las propias bajas de los atacantes y la resistencia a la invasión no sean visibles ni juzgables por el pueblo norteamericano y la opinión pública mundial.

La manipulación informativa se nutre de aberraciones teóricas como la del supuesto choque de civilizaciones y el esquema de civilización contra barbarie, máscaras del racismo que han acompañado desde sus inicios a las guerras de conquista y colonización.

Los trágicos y repudiables sucesos del 11 de septiembre de 2001 han sido convertidos en pretexto para implantar una política preconcebida de dominación y saqueo universales. La presunta lucha contra el terrorismo ha facilitado un despliegue nunca antes visto en armas y recursos, un espléndido negocio que fue siempre el sueño del complejo militar industrial estadounidense.

Asistimos, al siniestro propósito de imponer una tiranía mundial neofascista que garantice a la superpotencia imperial el control de los mercados, materias primas, fuentes energéticas, industrias y los servicios esenciales de todo el planeta.

 

 

 

 

 


 
 

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