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Obstáculos planteados por el orden internacional vigente. (versión en inglés y francés)

La Sociedad de la Información debe ser para todos, es imprescindible su orientación hacia el desarrollo justo, equitativo, sostenible y alcanzable. Y ello obliga a una conciencia mundial que determine la eliminación de la brecha digital y lograr el acceso realmente universal, inclusivo, no excluyente, a las modernas tecnologías de las infocomunicaciones.

Las libertades fundamentales y la diversidad cultural corren peligro hoy más que nunca debido a las injustas condiciones prevalecientes en el mundo. Se ha profundizado la brecha educativa, económica, informativa y cultural entre los países del Norte y el Sur.

El 15 por ciento de las naciones que tienen los ingresos más altos poseen el 55 por ciento de las líneas telefónicas fijas, el 65 por ciento de los usuarios de la telefonía móvil y el 74 por ciento de los usuarios de Internet, según estadísticas del año 2001 de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).

La paz y la seguridad en el planeta, así como el ideal de un mundo regido por el imperio de la ley y en el que los derechos humanos sean una realidad para todos, están siendo sometidos hoy a las mayores y más graves amenazas en la historia de la civilización.

A partir del estrecho vínculo entre la cultura, la política y la ideología, las estrategias de asimilación que imponen las potencias en el orden cultural, han venido acompañadas de proyectos hegemónicos en el orden político e ideológico.

Se intenta establecer un patrón único de organización política y de gobernabilidad, desconociendo las particularidades y realidades de cada país.

La monopolización de las redes globales de comunicación refuerza este proceso cada vez más. Y no solo se manifiesta en los monopolios casi absolutos de unas pocas transnacionales en la industria del software y las telecomunicaciones. De acuerdo con estudios especializados apenas 14 empresas absorben el 60% del tiempo que pasan los navegantes en INTERNET, lo que muestra la fusión acelerada de este sector en manos de unos pocos intereses.

La comercialización prima en la Red de redes sin apenas barreras que la detengan, y los gobiernos, instituciones y ciudadanos están sujetos a sus disímiles efectos, desde los delitos informáticos de todo tipo y el robo de nombres de dominios y marcas, hasta la pornografía, la propaganda racista y xenofóbica y el ‘spam’ o correo basura, cuyo volumen supera ya el de los mensajes de correo convencionales.

En nuestro mundo de hoy la exclusión, la explotación, la pobreza, la discriminación, las desigualdades, los abusos y crímenes de todo tipo, siguen formado parte de la vida cotidiana de cientos de millones de personas.

Para las grandes mayorías marginadas, los temas que convoca la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información no rebasan, lamentablemente, la categoría de simples espejismos irrealizables.

Se hace necesario el establecimiento de un orden económico internacional justo, democrático y equitativo, basado en la participación en condiciones de igualdad en la toma de decisiones, el interés común, la cooperación y la solidaridad entre los Estados, pueblos y naciones.

Para el establecimiento de una sociedad mundial de la información justa, equitativa y solidaria, es necesario superar las actuales diferencias que en materia de economía y desarrollo social predominan entre los países pobres y ricos, partiendo de los siguientes retos:

  • Establecer una arquitectura financiera internacional que responda a las necesidades de los países subdesarrollados y que permita la adquisición de tecnologías modernas en función del progreso económico y social.
  • Estimular la transferencia de tecnología y evitar el robo de personal calificado, ambas decisivas para el desarrollo y la formación del capital humano imprescindible.
  • Eliminar la deuda externa e instaurar políticas arancelarias justas que permitan a los países pobres el acceso a los diversos mercados.
  • Aumentar la Asistencia Oficial para el Desarrollo.

La declaración adoptada por los Jefes de Estado y de Gobierno en la Cumbre del Milenio subrayó el valor fundamental de la solidaridad para las relaciones internacionales en el siglo XXI, al afirmar que los problemas mundiales deben abordarse de manera tal que los costos y las cargas se distribuyan conforme a los principios fundamentales de la equidad y la justicia social.

Aspiramos a una Sociedad Mundial de la Información justa, equitativa y solidaria en la que se reconozca el derecho a la diversidad política, económica, cultural y social de cada uno de los países y regiones, en estricta conformidad con los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas.

Obstacles placed by the current international order

The Information Society should be for everyone, it should be directed toward just, equitable, attainable, sustainable development. This calls for a world conscience determined to eliminate the digital gap and to achieve really universal, inclusive (rather than exclusive) access to modern telecommunications technologies.

The basic human rights and the cultural diversity are endangered as never before. Educational, economic, informational and cultural gaps between northern and southern countries have grown deeper. The 15 % of the nations receiving the highest incomes have 55 % of the wire telephone lines, 65 % of users of cellular telephony, and 74 % of Internet users, according to statistics of 2001 of the International Telecommunications Union (ITU).

Peace and security in the world, and the ideal of a world ruled by the empire of the law in which all human rights are a reality for everyone are today facing the greatest, most serious threats known by the history of civilization.

On account of the close ties existing between culture, politics and ideology, the strategies of assimilation in the cultural order imposed by world powers have come accompanied by similar hegemonic projects in the political and ideological orders.

They intend to establish a unique pattern of political organization and of governance that ignores the particularities and realities of each country.

The monopolization of the global communications networks reinforces this process more and more. This manifests itself not only by the almost absolute monopolization of the software and telecommunications industries by a few transnational organizations. According to specialized studies, as few as 14 enterprises account for 60 % of the time spent by the users in Internet surfing, as an example of the quick fusion process that is taking place in this sector in favor of a few interests.

Marketing is prevailing in the network of networks, almost without barriers existing to check them. Governments, institutions and citizens are subjected to their dissimilar effects, ranging from informatics violations of all types through robbery of names of domains and trademarks to pornography, racist and xenophobic propaganda and “spam” or “garbage mail”, whose volume now surpasses that of conventional E-mail.

Today’s world is witnessing how social exclusion, human exploitation, poverty, discrimination, inequality, outrage and crimes of all types are still forming part of everyday life of hundreds of millions of people.

As for the large majorities excluded, the topics included in the agenda of the World Summit on the Information Society will regrettably not surpass the category of mere unattainable mirages.

It is imperative to establish a just, democratic, equitable economic international order based on equal participation in decision-making, common interests, cooperation and solidarity among states, peoples and nations.

Establishing a world information society that is just, equitable and solidary calls for overcoming the differences currently prevailing in the matters of economy and social development between rich and poor countries, beginning with the following challenges:

  • To establish an international financial architecture that responds to the necessities of the underdeveloped countries and allows them acquiring modern technologies that are adequate to their economic and social progress.
  • To stimulate technology transfer to the underdeveloped countries and to avoid the recruitment of highly qualified specialists, two conditions decisive for development and training of the human capital required.
  • To cancel the foreign debt and to implement just customs policies that allow the poor countries accessing the diverse markets.
  • To increase the Official Aid to Development.

The declaration adopted by the heads of state and government in the Millennium Summit stressed the fundamental value of solidarity for international relations in the 21stcentury by asserting the world problems should be approached in a way such that the expenses and loads are distributed according to the basic principles of equity and social justice.

We aspire to a just, equitable, solidary World Information Society that recognizes the right to political, economic, cultural and social diversity in every country and region, in strict conformity with the principles and purposes of the United Nations Charter.

Les obstacles posés par l’ordre international en vigueur

La société de l’information doit se faire pour le bien de tous ; elle doit être forcément axée sur le développement juste, équitable, durable et viable. Ceci implique une prise de conscience de la communauté internationale en vue d’éliminer l’écart numérique et d’assurer un accès vraiment universel, sans exclusion, aux techniques modernes de l’information et des communications.

Compte tenu des conditions injustes en place dans le monde, jamais les libertés fondamentales et la diversité culturelle n’ont couru un tel danger. De fait, l’écart entre les pays du Nord et ceux du Sud n’a cessé de se creuser dans les domaines de l’éducation, de l’économie, de l’information et de la culture.

Sur notre planète, 15 p. 100 des nations aux revenus les plus élevés possèdent 55 p. 100 des lignes téléphoniques fixes, concentrent 65 p. 100 des usagers de portables et 74 p. 100 des internautes, selon les statistiques de l’Union internationale des télécommunications pour2001.

La paix et la sécurité de la planète, et l’idéal d’un monde régi par la loi et où tous les êtres humains et tous les peuples pourront vraiment jouir des droits de l’homme, sont soumis aux pires menaces qu’ait connues la civilisation humaine.

Compte tenu des liens étroits existant entre la culture, d’une part, la politique et l’idéologie, de l’autre, les stratégies d’assimilation que les puissances dominantes imposent sur le plan culturel se sont accompagnées de projets hégémoniques similaires sur le terrain politique et idéologique.

On tente d’établir un modèle d’organisation politique et gouvernementale unique, tout en ignorant les particularités et les réalités de chaque pays.

La monopolisation des réseaux de communication mondiaux renforce toujours plus ce phénomène. Ceci se manifeste non seulement dans le monopole quasi absolu par quelques transnationales de l’industrie du logiciel et des télécommunications. Selon des études spécialisées, à peine quatorze sociétés absorbent 60 p. 100 du temps des internautes, ce qui prouve la fusion accélérée de ce secteur aux mains de quelques intérêts seulement.

La commercialisation règne sur le réseau des réseaux, sans presque aucun barrière en mesure de la freiner, tandis que les gouvernements, les institutions et les citoyens sont soumis à leurs retombées disparates, depuis les délits informatiques de toutes sortes et le vol des noms de domaines et de marques, jusqu’à la pornographie, la propagande raciste et xénophobe, et les courriers poubelles (spam) dont le volume dépasse d’ores et déjà celui des messages de courrier classiques.

L’exclusion, l’exploitation, la pauvreté, la discrimination, les inégalités les plus cruelles, les abus et les crimes de toute sorte restent le pain quotidien de centaines de millions de personnes dans les différentes régions du monde.

Pour les grandes majorités marginalisées, l’ordre du jour du Sommet mondial sur la société de l’informatisation reste, hélas, un mirage.

Il faut instaurer un ordre économique international juste, démocratique et équitable, fondé sur la participation sur un pied d’égalité à la prise de décision, sur l’intérêt commun et sur la coopération de tous les Etats, de tous les peuples et de toutes les nations.

Pour pouvoir instaurer une société mondiale de l’information juste, équitable et solidaire, il faut supprimer les écarts actuels qui séparent les pays pauvres des pays riches enmatière d’économie et de développement social, en partant des concepts ci-après :

·Instaurer une architecture financière internationale qui réponde aux besoins des pays sous-développés et leur permette d’acquérir les techniques de pointe au service du progrès économique et social.

·Stimuler le transfert des techniques et éviter le vol des personnels qualifiés, les uns et les autres étant cruciaux pour le développement et la formation des ressources humaines indispensables.

·Eliminer la dette extérieure et instaurer des politiques tarifaires justes qui permettent aux pays pauvres d’accéder aux différents marchés.

·Accroître l’Aide publique au développement (APD).

La déclaration adoptée par les chefs d’Etat ou de gouvernement au Sommet du Millénaire avait souligné la valeur fondamentale de la solidarité dans les relations internationales au XXIe siècle et affirmé que les problèmes mondiaux doivent être abordés de manière à ce que les coûts et les charges soient distribués d’une manière juste, en accord avec les principes fondamentaux de l’équité et de la justice sociale.

Nous aspirons à une société mondiale de l’information juste, équitable et solidaire où sera reconnu le droit à la diversité politique, économique, culturelle et sociale de chaque pays et région, en conformité avec les principes et objectifs de la Charte des Nations Unies.

 


 

Transcripción del Foro
 



CUBA: TECNOLOGÍA
DE LA INFORMACIÓN
Y LAS COMUNICACIONES
PARA TODOS (Informe de Cuba a la primera fase
de la Cumbre)

 

 
Obstáculos planteados
por el orden internacional
vigente.



 
 
 
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Sitio oficial de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información

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